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Vivo, pero en crisis

Donald Trump salió vivo del segundo debate con Hillary Clinton, a cuatro semanas de las presidenciales. Fue al ataque, mordió el cuello político del oponente y hubo quienes aplaudieron su desempeño. Pero poco logró en la recomposición de un partido republicano que arde en llamas –y en cólera– en torno a su gura.

El magnate atraviesa su peor crisis de popularidad y valoración ante la opinión pública en el momento menos conveniente: a solo tres semanas de las elecciones del martes 8 de noviembre. Influyentes miembros de la tolda del elefante incluso pidieron su retiro de la campaña tras filtrarse el audio de una entrevista de hace 11 años en el cual, durante una conversación tras bastidores con el presentador de televisión Billy Bush, se jactó de besar y tocar a las mujeres que deseara: “Puedes hacerles lo que quieras (a las mujeres) cuando eres una estrella. Puedes agarrarlas por la vag…, puedes hacer cualquier cosa”.

El efecto fue devastador. Un alud que desplumó sus números –que igual no resultaban tan prometedores–. Clinton tomó ventaja de dos dígitos en encuestas nacionales y sus ya contados aliados comenzaron a retirarse del campo de batalla. Es una crisis que tiende a condenarlo en noviembre. O quizá antes.

Retiro en masa

Sus groseras frases disolvieron las - las republicanas, ya mermadas incluso desde su precandidatura en las internas. Gobernadores, senadores, excandidatos presidenciales y exfuncionarios de alto rango llamaron a no votar por él y hasta contemplaron la idea de sustituirle como aspirante a la Casa Blanca. Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes (cámara baja del Congreso), se declaró “enfermo” tras escuchar a Trump y dio por sentado el lunes que Clinton ganará los comicios. El abanderado perdió el respaldo de los gobernadores republicanos de Dakota del Sur y Nevada, regiones donde las encuestas le dan una ventaja significativa frente a la ex secretaria de Estado.

Gary Herbert, máximo funcionario público de Utah, lo sentenció: “Si bien no puedo votar por Hillary Clinton, tampoco lo haré por Trump”. John McCain, rival republicano de Barack Obama en las elecciones de 2008, declaró que le resulta imposible apoyar la candidatura, mientras que Condoleezza Rice, secretaria de Estado en los tiempos de George W. Bush, fue más tajante: “Basta, Donald Trump no debería ser presidente. Él se debería retirar”. La lista de desertores se incrementa con el paso de los días. Trump se declaró traicionado. Jura que no renunciará, pero alguna frase de esta semana sonó a excusa ante una derrota anunciada: “Es difícil hacerlo bien cuando Paul Ryan y otros ofrecen cero apoyo”.

Crisis a la venezolana

Siguieron el ejemplo los senadores Lisa Murkowski y Dan Sullivan (Alaska); Shelley Moore Capito (Virginia Occidental); Cory Gardner (Colorado); y John Boozman (Arkansas), quien escribió en Twitter: “Si alguna vez oyera a alguien hablar de esta manera sobre mis hijas y nietas, esa persona tendría que comprarse dientes nuevos”.

Ted Cruz (Texas), Marco Rubio (Florida) y Rand Paul (Kentucky), todos excontrincantes de Trump en las primarias, también pidieron su cabeza para salvar la carcomida campaña republicana. Las únicas dos guras significativas del partido que han dado un paso al frente para defenderle y clamar perdón a la opinión pública han sido Pence, su delfín político, y su esposa, Melania.

Semejante crisis ocurriría en Venezuela si, por ejemplo, Henrique Capriles Radonski intentase ganar una presidencial pese a que miembros de Primero Justicia y otras toldas amigas declinaran darle su espaldarazo.

También sería espejo en el caso de que Nicolás Maduro procurase la reelección cuando, a tan solo 20 días del sufragio, Cabello, Istúriz, Francisco Ameliach, Jorge García Carneiro, Henry Rangel Silva y otras guras nacionales del PSUV desistieran de apoyarle.trump

Reglas sin uso

El magnate, nacido en Nueva York hace 70 años, afirmó que no se retirará. “Tengo un apoyo enorme”, ha insistido. Pero su sustitución es posible, según las normas internas Al menos tres gobernadores y 40 senadores declinaron su respaldo a favor del candidato del partido del elefante. del partido republicano.

La llamada “Regla 9” del Comité Nacional Republicano (RNC) contempla esa opción por tres motivos: muerte, declinación y “otras circunstancias”. Si Trump decide bajarse del bus electoral, el Comité podría ejercer sus facultades de volver a convocar a los 2.472 delegados a la convención del partido para votar por un nuevo candidato.

La opción parece poco probable, a veintitantos días de la votación. La junta directiva del partido, compuesta por 160 integrantes de todos los estados, podría escoger por voto nominal a un nuevo aspirante. Pence sería el elegido. Menor claridad hay en los procedimientos de tener que sustituirle por “otras circunstancias”. Se trata de una disposición vaga que pudiera contemplar escenarios de salud donde el candidato esté incapacitado para retirarse, como un coma o un derrame cerebral.

La Regla 9, sin embargo, jamás en la historia se ha empleado y Trump, resistente a dimitir, podría emplear la vía legal para objetar sus disposiciones. Sería, no obstante, otro escándalo que desbarataría las ya carcomidas fundaciones de un partido que no gana la Casa Blanca desde hace 12 años.

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