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Venezolanos en Chile apelan a los recuerdos a la hora de comprar cervezas

Las marcas venezolanas tienen un precio casi siempre superior en comparación con las chilenas y otras extranjeras de altísima calidad. La nostalgia de sus sabores es el gancho de las criollas. Cristal, Escudo, Becker, Heineken y Corona, las más vendidas

“No es cuestión de precios o calidad. Es la nostalgia”, se lee en una de las reacciones a este polémico tuit de @christopher_:

«Aquí hay venezolanos que pagan hasta cuatro euros por una Polar en un restaurant mientras que la Budweiser, mil veces mejor, te cuesta dos euros. Hijos, dejen tanta nostalgia y nacionalismo y disfruten de las cosas buenas de la vida. Que birras mejores que la Polar hay cientas».

En Chile, el contingente de venezolanos cerveceros pareciera ligar el sabor a la nostalgia, tal como lo expresa la usuaria @karandnov sin que eso cuestione la calidad de las marcas criollas. Y no sólo se trata de Polar. Similar afición tiene la Regional o la Zulia cuando sumamos a los migrantes zulianos, refiere la página web Crónicas de Chile. 

Desde Tenerife, España, Carmen Mesa, @adictisima, le respondió con mucha más vehemencia:

“Y si me da la gana de pagar los cuatro euros por una Polar, ¿Cuál es tu problema? Salvo que tú lo estés pagando, es derecho de cada quien decidir en qué se gasta el dinero. Yo los pagaría, simplemente por acordarme de buenos momentos”.

La botella de Cerveza Zulia de 220 mililitros se consigue en algunos comercios en 750 pesos, y el paquete de 12 botellas de un tercio de Polar en 16.000 pesos. En restaurantes, cada unidad la venden en 2.500 pesos.

Más allá del tenor del debate, en los temas de discusión y conversa, nunca falta la comparación de precios y sabores, incluso de la cantidad. En el imaginario colectivo el trío de marcas (Polar, Regional y Zulia) siempre está en algún altar al momento del disfrute y sus sabores se vinculan con lo afectivo del pasado, con los “buenos tiempos” en Venezuela.

 

 

Pero contextualicemos

El mercado chileno realmente es un oasis si tomamos en cuenta que la venta de cervezas se acerca a los mil millones de litros luego que cerrara el año pasado en 965 millones vendidos, según cifras de Euromonitor Internacional. El resultado representa un alza de 6,6 por ciento respecto a las ventas en volumen de 2017 y a un 35 por ciento respecto a lo que se vendió en 2013.

Cada vez se compra más. Esto, de acuerdo con datos publicados en La Tercera, se tradujo en ventas por 3.805 millones de dólares, lo que representa un alza de 92,8 por ciento respecto a los comercializado en 2013.

“La torta más grande se la come la marca Cristal de CCU, con una participación en volumen, con un 27 por ciento al cierre del año pasado. Le sigue Escudo, de la misma compañía, con un 22 por ciento; y Becker, de la competidora AB InBev, con un 11,8 por ciento del mercado en volumen. Además, dentro de las más consumidas también están Heineken y Corona Extra”, se lee en el reportaje.

 

Catadores de cerveza

“A mi me gustan las cervezas con cuerpo”, expresa Ricardo González, experto en la materia, quien reside en Santiago de Chile desde hace 9 años y, de entrada, destaca su predilección por las artesanales. ¿La razón? “El tipo de lupulo que se da aquí para hacer la fermentación es diferente al que uno está acostumbrado. Por las temperaturas. Tienen otra tendencia de sabor. Muy atractiva”.

Explica que en las cervezas “con cuerpo” el sabor tiene textura propia. González revela que se hizo especialista en Chile.

Cuando residía en Venezuela tomaba dos tipos de cerveza que, en su opinión, son las mismas. ¿La diferencia? La Regional, en sus palabras, hace sus recetas en hornos de bronce y la Polar en hornos de acero inoxidable. “Son cervezas ligeras, de un solo tipo de lúpulo. Yo no me consideraba cervecero en Venezuela. Comprabas la cerveza y no le sentía un sabor que me cautivara. Era más de tomar whisky”.

Cuenta que cuando sacaron la Solera Verde para él fue la gloria. “Tiene otro lúpulo y más cuerpo. Las light son agua transparente. Además, la coloración de la botella ayuda a mantener el sabor de las cervezas, mientras más oscura, más protege el sabor original”.

Ricardo es pragmático. Si bien la Solera Verde le trae recuerdos agradables de su juventud en Venezuela, va más al precio, pero en función de la calidad. Budweiser, Cusqueña, Royal Guard, Estrella Dan, El Sol y Quilmes son sus marcas comerciales preferidas.

Con casi dos años en Chile, Charlie Mogollón, barista venezolano y catador espontáneo de lupulosas, sustenta el argumento de @karandov en relación con los recuerdos: “Ninguna podrá superar a mi cerveza Polar Pilsen. Es el sabor de mi tierra y ese sabor es inigualable”.

Sin embargo, Mogollón va más allá del debate simplista. Cuando puede, degusta cualquier marca. Se inclina sobre todo por el sabor de las artesanales. La Goose IPA Calafate y la Kunstmann de Arándanos, Torobayo y Miel, respectivamente, son algunas de sus preferidas, en ese lote. Entre las comerciales apuesta por la Stella Artois, la Corona y la Heineken, principalmente.

A Mogollón le gustan las cervezas rubias, suaves al paladar y que van muy bien para una ocasión de compartir. “El gusto es relativo. Lo que le te gusta a ti no tiene por qué gustarme a mí y viceversa”, insiste.  Austral y Kunstmann entre las premium Andes, Quilmes y Cusqueña son otras de las marcas con aficionados.

 

 

Emociones versus precio

“Ninguna se gana a las de Venezuela”, comenta Johan Molina, amante de la cerveza zuliana. “La Regional Light y la Zulia me llevan a mi hogar, a la plaza con los amigos…”, reconoce, quien solo toma Corona cuando no puede acceder, por su alto costo a alguna de esta marca.
La emocionalidad no es un tiro al piso. Hay que decirlo.

Juan Bastidas, periodista andino, reconoce su afición por la Zulia, la Solera Verde y la Polar Negra, sin embargo, rechaza el costo que tiene esta última en el mercado, principalmente en locales (restaurantes) venezolanos. “Las venden en 2 lucas (2.000 pesos chilenos) y con ese dinero me compro dos botellas de litro de la Budweiser”. La Zulia se consigue en 4.000 pesos el six-pack.

Para Oneida Acosta, una zuliana con año y medio en Santiago, la Regional es la que elige primero, si puede. “Con el primer sorbo uno se traslada…”, reconoce. Ella compra los Andes porque es económica y su sabor es lo que más se parece a una Polar, otra de sus preferidas criollas.

Salvador Benaim, en Twitter, concluye con un ejemplo, al referirse a la predilección del venezolano en el exterior por el producto criollo: “Cuando viví afuera hace casi 20 años pagué 6 euros por una Frescolita que compartí con mis dos hijos entonces niños. Les dije: ‘Hijos a esto sabe nuestra Venezuela’. Inolvidable”.

En esos tiempos, añade, no había esta emigración. “La Harina Pan se compraba en tiendas de colombianos y para las hojas de plátano de las hallacas había que ir a los mercados africanos. Cada Frescolita, Polar, arepa, tequeño o hallaca, sabía a gloria y la felicidad era inmensa”.

Para algunos, eso no ha cambiado. Para otros, sí.

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