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Venezolano José López forma en valores a niños a través del baloncesto inclusivo en Chile

López fue jugador de baloncesto en diferentes ligas bajo la dirección de buenos profesores como el desaparecido Luis Torrealba (Luijo) y Aníbal Rodríguez y Yobeisy Ortiz, quienes fueron parte importante en su desarrollo como persona y jugador. “Ellos me enseñaron a traspasar ese amor y respeto por el baloncesto a niños y jóvenes”, asegura.

José Gregorio López es un caraqueño de corazón alegre, con raíces orientales y criado entre dos populares y pintorescas parroquias capitalinas: las Adjuntas y Caricuao. Laboró por años impartiendo clases en Educación Informática, título que obtuvo en el Instituto Pedagógico Monseñor Rafael Arias Blanco (Iupma).

Trabajó en colegios emblemáticos como el Bolívar y Palacios, de Caricuao; Juan de Dios Guache, de Chacao; La Gran Colombia, del Cementerio; Escuela Bogotá, del Cementerio; y Claudio Feliciano, de Las Adjuntas. En cada uno de estos centros, además de dar clases de informática dedicaba un tiempo para enseñar baloncesto a los niños.


López fue jugador de baloncesto en diferentes ligas bajo la dirección de buenos profesores como el desaparecido Luis Torrealba (Luijo) y Aníbal Rodríguez y Yobeisy Ortiz, quienes fueron parte importante en su desarrollo como persona y jugador. “Ellos me enseñaron a traspasar ese amor y respeto por el baloncesto a niños y jóvenes”, asegura a Crónicas de Chile.

En un viaje con una selección de talentos U15 (Venezuela) a la Copa Pancho que se juega en Valparaíso, Chile, conoció a quien hoy es su esposa, regresó y tiempo después vino a visitarla.

Cuando retornó a Caracas, José no pensaba emigrar, pero la realidad le golpeó a la cara y decidió hacerlo.

Le costó mucho conseguir empleo. “Hice de todo. Recuerdo que en un hotel me contrataron supuestamente para recibir a los turistas y ayudarlos con el equipaje y terminé limpiando techos, cocinando y haciendo de todo”, detalla.

Luego consiguió empleo relacionado con la informática en la comuna de Las Condes y en paralelo en la Corporación de Deportes de Ñuñoa, donde lo llamaron para desarrollar el baloncesto.

A su llegada había 11 niños de unos 10 años en adelante y con pasión pronto llegó a los 80 y desde los 5 años. Una muestra de apertura e inclusión

Motivado por algunos apoderados López decidió dejar el trabajo de oficina y así nació el Club Deportivo Formativo Talento Humano, donde rápidamente llegó a tener al menos 100 jugadores entre niños y jóvenes. Su espacio de concentración fue el estadio Nacional de Ñuñoa.

Después llegó el profesor Manuel Martínez, quien lo ayudó mucho desde que se incorporó al club. "Nuestro club es abierto, pero damos mucha importancia a personas con necesidades educativas especiales, entrenando y jugando como debe ser: ¡Todos juntos! Esa es la verdadera inclusión e integración real y activa", detalla.

Esa labor le valió a José para que me nombraran Coordinador Nacional para Olimpiadas Especiales Chile, donde sigue aprendiendo y divirtiéndose.

Expansión

Con la llegada de la pandemia, López se estableció en Viña del Mar, donde hoy levantó el Club Deportivo Talento Humano junto con un amigo y profesor chileno, Benjamín Yáñez, llevando el baloncesto a Viña y Concón.

“Ya contamos con más de 70 jugadores entre niños y jóvenes (mixto) y desde los 4 años, bajo la línea siempre de la inclusión. No ha sido fácil mantenerse con la pandemia, pero ha sido hermoso y gratificante ver como niños y jóvenes mejoran en su día a día no solo en lo deportivo y físico, también en lo actitudinal y emocional disfrutan el compartir y divertirse con sus pares bajo un ambiente de camaradería y sobre todo respetuoso de las potencialidades o características de cada uno”, explica.

Hoy Talento Humano funciona en Ñuñoa @thbasquet y también en Viña del Mar y Concón @thbasquetvr. Su objetivo es formar en valores a través del deporte y resaltar lo humano por sobre todas las cosas.

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