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Rousseff encara un fin de semana crucial para su supervivencia política

La presidenta brasileña Dilma Rousseff enfrenta un fin de semana crucial para su supervivencia política, que incluye el congreso de su principal partido aliado para decidir si mantiene su apoyo al gobierno y las manifestaciones de oposición para exigir su salida del poder.

La mandataria encara un proceso de juicio político en el Congreso, donde además impulsa un ajuste para poner orden en las cuentas públicas, en medio de una dura recesión. Y el apoyo del partido de centro PMDB es clave.

Pero dividido entre mantener la alianza con el gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) o romper definitivamente con el gobierno, el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) celebra este sábado su reunión nacional en Brasilia para decidir sus próximos pasos políticos.

Una decisión segura es mantener en la cabeza de la organización al vicepresidente brasileño, Michel Temer, que asumiría el poder hasta las elecciones de 2018, en el caso de que Rousseff saliera por un impeachment.

Según la prensa local, el PMDB podría adoptar una posición mediana: ni romper, ni apoyar al gobierno, y dar libertad a los parlamentarios para votar a favor o contra de la destitución de la presidenta.

¿Un millón en Sao Paulo?

A la recesión económica se suma el escándalo de corrupción en la estatal Petrobras: Rousseff está sumergida en una crisis política que tuvo en esta semana un giro dramático con la entrada en escena de su mentor y predecesor, Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), en dos procesos judiciales.

Y la oposición aprovechará la onda expansiva provocada por la sospechas de corrupción y lavado de dinero en contra del carismático ícono de la izquierda brasileña para movilizar a sus seguidores el domingo en varias ciudades.

La mayor manifestación callejera se espera en Sao Paulo, capital económica de Brasil y bastión de la oposición, donde los organizadores quieren reunir a un millón de personas.

Una movilización masiva fragilizaría un poco más a la presidenta, presionando a los diputados indecisos sobre su voto en el proceso contra Rousseff, impulsado en diciembre por la oposición que la acusa de maquillar las cuentas públicas en 2014, año de su reelección, y 2015 para reducir el impacto de la crisis económica que azota al gigante emergente.

El proceso espera aún que la Corte Suprema defina el formato que tendría el juicio político, tras congelar el procedimiento por un reclamo del oficialismo.

Rousseff descartó tajantemente este viernes que vaya a renunciar a su cargo, y en una especie de confesión de impotencia, dijo públicamente que “sería un orgullo” tener a Lula en su gobierno al borde del desastre.

 

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