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Refugiados venezolanos rehicieron su vida en Río y ahora alimentan a algunos brasileños

"Es una especie de retribución por todo lo que Brasil ha hecho por nosotros. Tal vez si mis clientes no me hubiesen apoyado tanto quizá seríamos nosotros los que estaríamos en la calle recibiendo "quentinhas". Es un agradecimiento", afirma la familia venezolana

Hace seis años, María Elias El Warrak regenteaba una pequeña tienda de internet en su Venezuela natal. La crisis en el país ya hacía estragos, pero por suerte ella y su familia no llegaron a pasar hambre. Aun así, decidieron poner tierra de por medio cuando intuyeron lo que estaba por venir. Años después, son ellos los que alimentan a los brasileños más necesitados en Río de Janeiro, su nueva ciudad de acogida.

«Una tarde no me dio ni para comprar jamón y queso. Llegué muy preocupada a casa. Le dije a mi esposo: «si no me dio para esto imagínate lo que viene después». Era una inflación horrible», recuerda la mujer en declaraciones a Sputnik sobre su salida de Venezuela.

Una prima les prestó una habitación en Río de Janeiro, el punto «más cercano» a Venezuela en el que tenían algún contacto en Sudamérica. Era 2015 y ellos fueron de los primeros en salir.

«Un año después empezó la avalancha de venezolanos», recuerda.

María es hija de libaneses, y enseguida se dio cuenta de que en Río hay mucha afición a la comida árabe, por la herencia cultural que dejaron precisamente muchos inmigrantes en el pasado, sobre todo sirios y libaneses, así que decidió montar un pequeño negocio de comida árabe a domicilio.

Después de mucho esfuerzo, altos y bajos, y la ayuda de organizaciones como Cáritas, que durante un tiempo organizó una feria de cocina de personas refugiadas, lograron arrancar el negocio. Cuando empezó la pandemia del covid-19 lanzaron un menú de «quentinhas» (comida envuelta en cajas desechables).

Era comida casera «gourmet», pero «muy barata», y aun así, María sintió que había que hacer algo más.

«Mucha gente se quedó sin trabajo y empezó a vivir prácticamente en la calle. No mendigos, sino personas que ya no podían pagar el alquiler, personas que necesitaban comer», comenta.

Así surgió la idea de entregar «quentinhas» a los más necesitados. «Siempre se hacen campañas para los refugiados, pero esta vez dijimos: «en vez de que nos ayuden, vamos a ayudar nosotros», dice María.

La inspiración llegó de una campaña del restaurante «The migrant kitchen» de Nueva York, llamada «Buy a meal, give a meal» (compra un plato de comida, regala un plato de comida)

Desde que María y su familia se lanzaron en Río de Janeiro han entregado casi 300 comidas, que fueron distribuidas por la ONG Instituto Lar, que trabaja en la reinserción en la sociedad de personas que viven en la calle.

«Es una especie de retribución por todo lo que Brasil ha hecho por nosotros. Tal vez si mis clientes no me hubiesen apoyado tanto quizá seríamos nosotros los que estaríamos en la calle recibiendo «quentinhas». Es un agradecimiento», afirma.

Gestos como los de esta inmigrante venezolana se multiplican en Brasil en un momento en que el hambre vuelve a asomar como uno de los grandes problemas del país.

Según un reciente estudio de la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria (Rede Penssan) el 55 por ciento de los brasileños, casi 117 millones de personas, no tienen acceso «pleno y permanente a alimentos», y más de 19 millones pasan hambre.

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