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Periodista zuliana en Quito: “Todo se movía de un lado al otro”

“En busca de un destino para acobijar mis sueños, decidí emigrar a Ecuador. Un país que me cautivó por sus alternativas, paisajes y oportunidades.

Analicé cada detalle para elegir el lugar correcto, sin embargo, cada aspecto me llevaba al mismo destino. Sin más que pensar o indagar decidí venirme el 30 de octubre de 2015.

Nunca pensé que llegaría a acostumbrarme. Las primeras semanas me sentía desorientada, no lograba encajar. Hasta que perdí el miedo de estar sin mi familia, en un país que visitaba por primera vez, y dejé abrazarme por sus encantos.

De pronto cada aspecto de mi vida aquí, conspiraba para que me sintiera como en casa: el trabajo, la obtención de mi residencia y el calor de las pocas personas que conocía. Además logré admirar todo mi alrededor.

Desde hace cinco meses, son pocos los paseos que he podido programar para recorrer Quito, pero este sábado planeábamos hacer algo diferente, permitirnos disfrutar de sus maravillas. Mi novio y yo aceptamos la invitación de una comida con la familia de mi jefe. Era solo almuerzo, pero la conversa y el momento fue tan agradable que decidimos prolongarlo hasta que un temblor nos estremeció.

Comenzó con un suave movimiento, que algunos ni notaban, fue aumentando su intensidad hasta que todo se movía de un lado al otro, éramos 13 personas en el comedor, mirándonos a ver qué más sucedía, no podíamos procesar todo lo que estaba sucediendo, hasta que el abuelo de la familia dijo: “quedémonos quietos que esto no dura mucho”. Al ver que el movimiento no cesaba sino que aumentaba, todos corrimos hacia el jardín de la casa mientras sentíamos las fuertes vibraciones en el piso.

Fue tan impresionante sentir cómo un desastre natural puede paralizar hasta tus pensamientos, yo no podía caminar, pensar, ni resguardarme, tal como lo informan los tips de emergencia. El suelo me mantenía arraigado a su movimiento, tanto que comencé a moverme en el mismo sentido que lo hacían las lámparas del jardín. En ese momento no era humana, era un objeto más. Hasta que de un segundo a otro vino esa silenciosa tranquilidad, que indicaba que había terminado.

Volver a la realidad

Diez segundos después de sentir que todo había acabado, comienzan a ladrar los perros, a sonar las alarmas y a salir las personas del vecindario. Justo ahí comienzas a pensar y a analizar el peligro de lo que estaba sucediendo. En mi caso, estaba debajo de un árbol sin protección alguna y solo a la voluntad divina.

Paralizada por la naturaleza y manejada como un objeto más. Solo en ese momento agradecí que ese gran árbol que estaba encima de mi, no desprendió sus raíces y al menos una vez, la naturaleza jugó a favor de mi vida.

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Al irse el temblor sentimos que nuestras emociones fueron descomprimidas, unos lloraron, otros rezaron y yo enseguida entré en el teléfono. Sin señal para comunicarnos con los que estaban lejos, comenzamos a hablar de lo sorprendente que fue.

Comenzamos a revisar lo que sucedía a través de Twitter ya que los medios de comunicación de Ecuador transmitían su programación habitual. Desespero y pánico en cada llamada, porque lo único que veíamos eran fotografías de internet y un reporte de la magnitud del sismo emitido por el Instituto encargado de transmitir dicha información. Nada oficial, todos como si nada y ni el presidente estaba en el país.

En cada llamada de las personas con las que estábamos, descubríamos que sus familiares estaban atrapados, puentes caídos, telecomunicaciones deficientes y falta de electricidad en algunas ciudades, el país hecho un caos y todos a la espera de una declaración oficial. Cuando me comuniqué con mi familia en Venezuela, ellos aun no sabían lo que estaba sucediendo. Sorprendidos y preocupados por la noticia comenzaron a buscar en los portales pero nada aparecía.

Luego de casi una hora de agonía, CNN informa al mundo (y hasta a nosotros) de la magnitud de lo que estaba sucediendo. Minutos después se comienza a transmitir unas declaraciones del Vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, donde comunicaba al pueblo del terremoto en el país, ya el mensaje había perdido cierta relevancia debido a que el gobierno de aquí fue el último en pronunciarse, pero como un botón de apagado y encendido, comenzaron los medios de comunicación transmitir los detalles, próximas réplicas, precauciones a tomar e imágenes desgarradoras de todo el panorama.

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Los minutos se hicieron horas entre fotografía y fotografía que mostraban más desastres, muertes y heridos. Ese sábado, no dormí en mi casa por precaución de lo que fuese a ocurrir, todos en la casa vivimos una noche en suspenso y agonía. Porque tememos que vuelva a suceder.

En casa

Ayer regresé a mi casa a eso de la 1:00 pm y con miedo a encontrar algo roto o caído (ya que vivo en el ultimo piso del lugar) entramos, enseguida el vigilante nos informó que las paredes del lobby del apartamento estaban agrietadas por la noche del terremoto. Al entrar, casi todo estaba en orden y agradecimos tanto porque todo estuviera bien. Rápidamente fui por un anhelado baño de agua caliente para dejar ir toda la angustia y salir a hacer la compra.

Las calles desoladas, el único lugar poblado de la ciudad era el parque La Carolina, donde masivamente las personas estaban llevando comida, colchones, agua y medicinas. En este momento el pueblo y el gobierno se ha convertido en uno solo, todos en solidaridad con las familias de las personas fallecidas y de brindarles la ayuda necesaria a las zonas más afectadas del país”.

 

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