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Matrimonio zuliano se distingue con sus pizzas sabor a Venezuela: Tienen hasta de tajadas

"Pizzeria La Mollehua" ofrece una variedad de sabores, como la tradicional pizza colombiana de piña y jamón, la chilena con cebolla, tomate y carne, la típica venezolana doble queso, tocino y maíz y la Maracucha con tocino, pollo y tajadas

"Donde Dios te ponga, florece". Con este lema como faro, Keila Acosta y Wilmer Salcedo, migrantes zulianos de 34 y 36 años, se afianzan en la Región Metropolitana de Santiago con @pizzerialamollejua, restaurant que se distingue por el sabor venezolano de sus salsas.

Con siete años de casados, Acosta y Salcedo demuestran que adversidad puede ser motor para el éxito.

Keila se graduó como licenciada en Bioanálisis y trabajaba en un laboratorio clínico, mientras que Wilmer se ganaba la vida como auxiliar de un laboratorio y con un emprendimiento de fabricación de bisutería.

Acosta emigró en 2018 con sus padres, dos sobrinas y su hijo de un año y medio. Lo hizo por tierra hasta Barranquilla, y luego por avión hasta Santiago. Wilmer llevaba casi un año establecido.

Al llegar a Chile, Keila trabajó en una tiendita peruana con jornadas de 13 horas diarias. "Fue ruda la adaptación, salir de mi casa dejando a mi niño de año y medio dormido por las mañanas y llegar a las 11:30 pm y encontrarlo dormido", recuerda. Tras tener la anhelada visa, ingresó como vendedora en una empresa de arriendo de generadores eléctricos.

Wilmer llegó y laboró como ayudante de cocina 14 horas diarias. Pasó a una cafetería donde recibió su oferta laboral y pidió su visa. Luego fue absorbido por una franquicia de cafeterías donde laboró tres años hasta que llegó la pandemia.

En Maracaibo, había trabajado en tiempos estudiante en una pizzería de su barrio y algo sabía. Entonces, al llegar la pandemia pensaron: ¡Es nuestra oportunidad!

Sin capital comenzaron a trabajar en las ferias libres. Se levantaban muy temprano para agarrar un puesto. El papá de Keila los ayudaba en la travesía.

"Fueron días difíciles, de mucho sacrificio, pero pudimos reunir y comprarnos un horno artesanal y una mesa... Nos unimos al "Grupo de WhatsApp de la Villa" donde vivíamos en Cerrillos y empezamos a vender nuestras primeras pizzas. Fue impresionante la receptividad y los mensajes de felicitaciones que recibimos. No lo podíamos creer", detalla Keila.

Con ese envión anímico se inscribieron en aplicaciones de comida con delivery, repartieron volantes y más.
Y con los meses decidieron expandir su negocio y abrir una sede en Santiago Centro, en un patio de comida.

Compraron el food truck y con un préstamo también un horno y todo lo necesario para preparar las espectaculares pizzas que también venden por delivery desde Cerillos.

"Nuestras pizzas son hechas con una masa delgada y salsa preparada por nosotros mismos, manteniendo el sabor venezolano que tanto extrañamos y que ninguna franquicia acá te ofrece", asegura Wilmer.

Y como su clientela tiene gustos diferentes, decidieron fusionar una variedad de sabores, como la tradicional pizza colombiana de piña y jamón, la chilena con cebolla, tomate y carne, la típica venezolana doble queso, tocino y maíz y la Maracucha con tocino, pollo y tajadas.

"Muchos nos preguntan si saben igual que las de Venezuela ¡A ver! Hay que probar, y ¡Sorpresa! Sí, es sabor a Venezuela. Por eso nuestro eslogan es: "La pizza que buscabas", sostiene Keila, quien detalla que además ofrecen calzones, papas fritas, parrillas, hamburguesas y club house.

Así, con la fórmula del sacrificio y la creatividad, Keila y Wilmer sueñan con convertirse en la cadena más grande de pizzas venezolanas en Chile y porque no, en el mundo.

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