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La historia del “héroe venezolano” que rescató un bebé en accidente de Ubaté, Colombia

Animado por sus amigos y cansado del trabajo como albañil se fue a probar suerte al país neogranadino. Este es el relato del migrante venezolano

Desde el pasado 13 de octubre Dixon Gabriel Manzano no duerme en total calma pensando en el pequeño Martín Grandas, el único sobreviviente en el accidente aéreo de Ubaté, Cundinamarca, Colombia. El venezolano fue quien lo rescató, alcanzó a decirle a Mayerly Díaz, la mamá del menor quien después falleció, que él estaba a salvo, y después sin pensarlo dos veces lo llevó al hospital municipal de Ubaté. Gracias a su acto heroico el niño se salvó.

Eso es un milagro, ese niño volvió a nacer”, dijo Manzano, quien trabaja en la finca aledaña a donde ocurrió el siniestro. Cuatro años atrás no sabía prácticamente nada sobre las labores del campo, vivía en Maracay, Aragua, y se dedicaba a labores de albañilería, pero cuenta que la crisis en su país empezó a agudizarse y las personas no tenían dinero para mandar a hacer una ventana y mucho menos un cielo raso, reseñó Semana.

Así que animado por sus amigos y cansado del trabajo como albañil se fue a probar suerte a Colombia, donde quería tener su propia empresa y comerciar con víveres. Le regalaron el pasaje y llegó a Montería.

Migrante, sin mucho dinero en el bolsillo tuvo que rebuscarse la vida. Empezó a trabajar en la calle, vendió flores, dulces, mandarinas, pero con gran dificultad. Dixon era muy tímido, así que le costaba ofrecer los productos en los semáforos, a duras penas conseguía el dinero para pagar un lugar donde dormir y algo de comer.

La dureza de la calle y del rebusque lo obligaron a hablar, su timidez fue disminuyendo y terminó limpiando vidrios en las calles de Apartadó, Antioquia. Le dijeron que era un buen negocio, solo necesitaba 12.000 pesos para comprar el limpia vidrios y 600 para un champú. Sin embargo, en ese trabajo conoció como nunca la humillación. “Una vez un señor me sacó un machete, salí corriendo, me dijo que si le volvía a tocar el carro me mataba”, aseguró el venezolano a Semana.

Una vez en Ubaté buscó trabajo en lo que hubiera para hacer, así fue como terminó en la finca del señor Manuel Garzón cuidando los criaderos de animales. Ahora limpia pesebreras y les da de comer a los caballos y a los terneros. Lo que consigue le alcanza para vivir y mantener a su esposa y a su pequeña bebé de cuatro meses.

Con tal que yo esté bien, tenga un techo para darle a mi hija y a mi esposa, yo estoy conforme. Muy pronto llegará ese momento en que podamos salir a comer, comprarnos unos zapatos, unos pantalones”, dice Dixon, quien sueña con tener su propio negocio. Todavía no sabe cuándo volverá a Venezuela, aunque al menos quiere visitar a sus padres, a quienes no ve desde hace cuatro años, cuando salió de su hogar a buscar suerte.

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