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Ismael Cala regresa a Venezuela en febrero, luego de cinco años de ausencia [+Fotos]

El periodista cubano, de visita en Santiago de Chile para el evento con el que recorre parte de Latinoamérica y el mundo: “Sentir, Soltar y Sonreír”, confiesa su alegría por su retorno a Venezuela. Ofrece además algunos consejos a la diáspora criolla

Ismael Cala no necesita desdoblarse para hablar de la diáspora criolla por el mundo. Tiene un vínculo espiritual muy grande con nuestro país, es migrante y como millones de venezolanos en el mundo comenzó de cero en 1998, tras refugiarse en Canadá, luego de huir de La Habana.

Hay una escena que lo remueve, al referirse a aquella etapa. Trabajaba en un restaurante de Toronto y mientras servía la comida lo reconoció una familia de su país natal, Cuba. Lo golpeó el ego, con 29 años era una estrella de radio en la isla. “Lo que hice fue voltear y ponerme a llorar”, recuerda.

El reconocido periodista, escritor y líder motivacional está sentado en una butaca negra de cuero dispuesta para él en el tercer piso del Hotel NH Collection, en Santiago de Chile. Cruza sus piernas y lleva en su mano su más reciente libro: Fluir para no sufrir. La vivencia que detalla ocurrió hace 23 años. Todo cambió cuando decidió escapar de la dictadura. Revertir aquello fue el despertar de su consciencia.

La sonrisa no la pierde nunca, hace honor al evento con el que recorre parte de Latinoamérica y el mundo: “Sentir, Soltar y Sonreír”. “Mi ser no necesariamente va a poder tener éxito únicamente siguiendo los códigos que aprendí en esa dualidad donde nací, porque no somos accidentes del universo”, refiere e invita a generar el éxito desde principios fundamentales: “Todos los migrantes deben tener: flexibilidad, versatilidad, resiliencia y gratitud”.

Regreso a Venezuela, tierra prometida

Cala aprovecha el encuentro para referirse a la gran expectativa que tiene tras la confirmación de retorno, luego de cinco años, a Venezuela. En su programación está visitarla para la segunda quincena de febrero.

No lo podía creer. Espero conseguirme con esa hemorragia de amor que solo el venezolano sabe dar”. Se asombra de la capacidad resolutiva que tienen sus hijos. “Para todo hay una alegría que los conecta con el bienestar y la vida donde pueden rehacerse fácilmente porque recuerda que donde hay alegría hay prosperidad, hay expansión, donde no hay alegría, hay contracción y empieza la carencia”.

La primera vez que Ismael visitó Venezuela fue en 2011. Su programa tenía los más altos niveles de sintonía en el país. Fue invitado en innumerables ocasiones a eventos sociales. Conoció Maracaibo, Caracas, Valencia, Los Roques y ahora ve un pedazo de cada región en cada país que visita. “Viaje hace poco a Omán y me sorprendí al encontrar venezolanos allí”, sonríe.

Es afable. Dice que su encuentro con la naturaleza cada mañana lo eleva en energía. Son dos horas de meditación y respiración consciente antes de iniciar sus labores diarias. Habla del Salto Ángel, de Canaima y de aprovechar esos paisajes para conectar.

Considera al país petrolero como una nación llena de bendiciones, aún en la adversidad. “A mí me gustaría ver un titular de Venezuela que dijera: ‘el venezolano renueva su confianza y su fe sostenida de que Venezuela es una tierra prometida, es una tierra bendecida’”.

Invita al reconocimiento de las potencialidades del país para de esa manera transformar y mejorar lo negativo.

-¿Qué deben hacer los venezolanos para Fluir y no sufrir?, tomando en cuenta el título de su nuevo libro.

Nosotros deberíamos ser cuerpos que migran, almas que fluyen”. Explica que mientras se fluya de manera consciente el cuerpo empieza a migrar y de esa manera entenderá algo importante: “No estoy geolocalizado”.

Parece que nada lo perturba en su alrededor. Hay luces, cámaras, muchas pautas por cumplir. El tema para él es importante porque lo vivió, en tiempos distintos, pero lo hizo, por ello tiene la experiencia al enfatizar: “Un proceso de migración tiene alrededor de cinco años para que uno se sienta restablecido y armónico en la nueva realidad donde está”.

Y, como reflexión, en esa misma tónica, asoma: “Uno cuando llega a un país inmediatamente debe empezar a compartir banderas, ideas, idiosincrasia”. Recomienda sentirse venezolanos a los migrantes, pero en paralelo, afianzar sentimientos similares con Chile, el país que en este caso brinda cobijo a poco más de 500 mil venezolanos.

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