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El toque de queda, herramienta polémica frente a las protestas en EE. UU.

Tras Minneapolis, Los Ángeles, Chicago, Filadelfia y Atlanta impusieron el toque de queda desde el sábado, seguidas el domingo por Washington y el lunes por Nueva York

Toque de queda de una semana en Nueva York, o puntuales en Washington DC, Chicago o Los Ángeles: las protestas violentas y saqueos inéditos desde los años 60 llevaron a las autoridades a recurrir a esta herramienta controvertida, a riesgo de alimentar la ira de los manifestantes.

En “la ciudad que nunca duerme” esta medida no se aplicaba desde la Segunda Guerra Mundial: en agosto de 1943, se decretó toque de queda durante tres días en el barrio negro de Harlem luego de protestas provocadas por violencias policiales contra un soldado negro, Robert Bandy.

Bandy fue herido de bala por un policía blanco tras oponerse al arresto de una mujer negra, según diarios de la época. Corrió el falso rumor de que el soldado había muerto -aunque se recuperó de sus heridas- y eso precipitó disturbios y saqueos que dejaron al menos cinco muertos y 500 heridos.

Estos últimos días, frente a las protestas desatadas por la muerte de George Floyd, un hombre negro, en Minneapolis a manos de un policía blanco, esta medida extrema se ha banalizado. Tras Minneapolis, Los Ángeles, Chicago, Filadelfia y Atlanta impusieron el toque de queda desde el sábado, seguidas el domingo por Washington y el lunes por Nueva York.

Las autoridades aseguraron que no querían impedir manifestaciones consideradas legítimas, protegidas por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense bajo la libertad de expresión, sino únicamente para prevenir violencia y saqueos ocurridos en general de noche.

“Ejercicio de equilibrio”

El alcalde blanco de Nueva York, Bill de Blasio, que impuso un toque de queda de una duración inédita, hasta el domingo incluido, alentó a las personas a manifestarse durante el día.

La propia hija del alcalde, de 25 años, fue arrestada en una protesta, y de Blasio al inicio rechazó la idea de decretar la medida, pero terminó adoptándola tras dos noches de crecientes saqueos.

El toque de queda es “un ejercicio de equilibrio”, dijo a la AFP Dennis Kenney, profesor de justicia penal de la City University de Nueva York (CUNY). “La idea no es interferir con el derecho de las personas a manifestarse”, sino que “la policía pueda interceptar” a quienes causan problemas antes de que saqueen o “hagan cosas a las cuales todos nos oponemos”.

Este experto reconoce no obstante que los toques de queda “no son muy eficaces”.

En Nueva York, Washington u otras ciudades donde fueron instaurados, muchos manifestantes los desafiaron. Y muchas veces, la policía no los arrestó si eran pacíficos, con la voluntad de calmar los ánimos.

La policía no espera que sea respetado” pero ‘es una herramienta eficaz para evitar que una manifestación se convierta en disturbios violentos, o para evitar que los grupos o individuos saqueen’, según Kenney.

A condición de que no dure demasiado tiempo, si no las personas lo perciben como “una violación de los derechos y el toque de queda se transforma en sí en un objeto de resistencia”.

En la crisis actual, la cólera y el sentimiento de injusticia son no obstante tan grandes que la impaciencia ya es palpable en los manifestantes, muchos de los cuales insultan a gritos el toque de queda.

Desigualdades reforzadas

Para Jasmon Bailey, sociólogo de la Universidad de Maryland, “los argumentos a favor de un toque de queda no son convincentes”.

Según él, la medida alimenta precisamente las violencias policiales y desigualdades raciales sistémicas que denuncian los manifestantes, al dar a las fuerzas del orden poderes extendidos de detención arbitraria.

Los policías “pueden aplicarlo de manera selectiva”, y detienen “a más personas que están en falta que son negras que a personas blancas”, dijo este profesor negro.

Cita como ejemplo las manifestaciones contra el confinamiento que crecieron en Estados Unidos en el ápice de la pandemia de coronavirus, pese a las consignas de distanciamiento social de las autoridades.

En esas protestas los manifestantes eran mayoritariamente blancos, y “sus derechos a la Primera Enmienda eran formidables, nadie soñó con obstaculizarlos”, subrayó.

Tanto para él como para muchos manifestantes opuestos al toque de queda, la medida focaliza la atención sobre los saqueos, en detrimento del problema de base del racismo sistémico, que los manifestantes quieren erradicar.

Los expertos y autoridades concuerdan en un punto: cuanto más largos, más contraproducentes.

Es la decisión correcta por unos pocos días”, dijo el miércoles el alcalde de Nueva York. ‘El plan es levantarlo el lunes de mañana a las 05H00, y espero no tener que volver a utilizarlo jamás, si hacemos bien las cosas’.

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