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De promesa a desengaño, el fenómeno rodolfista pincha en Colombia

Aunque algunos rodolfistas mostraron un discurso amargo sobre la victoria de la izquierda y la idea de que "Colombia será la nueva Venezuela", el sentimiento general era de aceptación del triunfo de la democracia y de la derrota en las urnas

El fenómeno Rodolfo Hernández, que se catapultó hasta la segunda vuelta de las presidenciales como la sorpresa electoral colombiana, no logró cautivar con su promesa de cambio, dejando una Bucaramanga abatida por la derrota de su candidato y a unos rodolfistas desilusionados, sin su líder en la Casa de Nariño.

Los seguidores de Hernández, que se agolpaban desde antes del cierre de las urnas frente a la sede de campaña en Bucaramanga, capital del departamento de Santander, celebraban un triunfo que daban por hecho. Pero, conforme pasaban los boletines del preconteo que iban incrementando la distancia tomada por su rival, Gustavo Petro, los ánimos se desinflaban.

El ingeniero tiene en Bucaramanga y en Santander su bastión, fruto de su carrera política en el departamento y de la exitosa aventura empresarial que le ha dejado millones en los bolsillos. Estos días se respiraban ánimos de esperanza y alegría ante la eventual victoria de Hernández.

Cuando el 90 % de los votos ya estaban escrutados, la sede rodolfista iba despejándose, mientras los seguidores del candidato abandonaban con cabezas bajas el lugar al saberse conocedores de una derrota que no anticipaban y que acababa con un sueño que se les quedó a menos de un millón de votos.

Petro, candidato de la coalición izquierdista Pacto Histórico, obtenía el 50,44 % según el preconteo al 99,98 %, mientras que Hernández, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, lograría el 47,30 %.

Triunfo de la democracia

Lo que prometía ser una de las celebraciones más grandes de los últimos tiempos en Bucaramanga terminó siendo una diluida concentración de seguidores de Hernández hablando con la prensa congregada en el lugar para expresar su desilusión y aflicción.

Y aunque algunos rodolfistas mostraron un discurso amargo sobre la victoria de la izquierda y la idea de que "Colombia será la nueva Venezuela", el sentimiento general era de aceptación del triunfo de la democracia y de la derrota en las urnas.

"Nos sentimos muy tristes, pero a la vez muy defraudados por nuestros compatriotas, porque le hemos entregado al país una vez más a la politiquería (...) Es muy triste saber que hay gente que, viendo como está el país, la situación económica, de orden público y todo lo que se está viviendo, apoyen a una persona que tiene un prontuario que no satisface", lamenta Rubén Darío Correa ante la calle ya vacía de seguidores del ingeniero, con el gesto abatido.

A pesar de la decepción, Correa celebra que "hoy gana la democracia", pero lo que le depara a Hernández el futuro "no lo sabemos", agrega.

Un desengaño anticipado

Hernández se había postulado como el cambio que necesitaba Colombia, un paladín en contra de la corrupción que ha carcomido el país para derribar a los "politiqueros" que han gobernado a golpe de billetera y de poder en las más altas esferas.

Pero su atractivo inicial se fue desinflando en una segunda vuelta en la que lideró una atípica y criticada campaña electoral, marcada por sus ausencias en debates y plazas públicas, sin apenas contacto con el electorado y con pocas ocasiones para compartir su programa de gobierno, más allá de la repetida lucha contra la corrupción.

Con una escasa presencia física en el panorama electoral y varias polémicas a sus espaldas, el fenómeno de Rodolfo se fue desinflando entre los colombianos.

Como un acto de despedida, los rodolfistas soltaron los globos amarillos y azules que sujetaban en sus manos aferrados a la esperanza de que su candidato llegara a la Casa de Nariño, dejando ir un sueño que duró solo unos meses.

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