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Colombiana entierra a migrantes venezolanos en su cementerio

En su cementerio en Colombia hay jóvenes venezolanos que perecieron en medio de la violencia y accidentes automovilísticos, madres y bebés que no sobrevivieron el parto, un anciano que falleció de un infarto, y un puñado de personas no identificadas

Sonia Bermúdez, médico forense, encargada de funeraria y sepulturera en la Guajira colombiana, por voluntad propia ha enterrado a más de 30 venezolanos que han muerto en Colombia, en su cementerio llamado Gente Como Uno, en Riohacha.

Va de pueblo en pueblo en su camioneta Ford F-150 blanca, que apoda “La Loca”, recuperando cadáveres en hospitales y morgues, para que no los entierren en fosas comunes.

A pesar de que la mayoría de cadáveres que ha enterrado Bermúdez no tienen identificación, tienen en común que huyeron de Venezuela y terminaron en sus manos. Tiene 64 años de edad y es madre de siete hijos cuya misión en la vida es cuidar de los fallecidos abandonados.

La mayoría de venezolanos que viaja con poco o ningún dinero, porque salen abrumados por la hiperinflación que ha acabado con sus ahorros, cuando mueren lejos de su tierra, sus seres queridos no tienen como traerlos de regreso a Venezuela ni de pagar un funeral. Y ahí es donde interviene Bermúdez. Desde finales del 2017, dice que ha enterrado sin cobrarle a las  familias venezolanas que necesitan de su servicio.

A la muerte no le importa si eres de Colombia o Venezuela”, dice Bermúdez. “Todos a la hora de morir deberíamos ser iguales”.

La precaria situación de un porcentaje de venezolanos en el vecino país les imposibilita pagar el entierro de familiares o amigos que mueran en Colombia. Un ejemplo de estos casos es el del venezolano Eduardo Sánchez.

Sánchez murió en Colombia el 31 de julio en un aparente asesinato. El cuerpo estuvo casi un mes en una morgue porque su familia no tenía suficiente dinero para enterrarlo ni para llevarlo de regreso a Venezuela.

La familia del difunto dice que fue hallado sin vida en la ciudad fronteriza de Maicao, donde trabajaba como vendedor ambulante.

Fuimos al consulado de Venezuela y nos dijeron que no tenían fondos para repatriarlo“, asegura Valbuena, la madre de Sánchez. “En la alcaldía nos ofrecieron un ataúd, pero no un espacio para enterrarlo,” dijo.

Después de varios días de carreras por oficinas gubernamentales, Valbuena dio con Bermúdez, quien gestionó el traslado del cadáver a Riohacha y lo sepultó en su cementerio el 28 de agosto sin cobrarle un peso a la familia.

Muchos venezolanos que mueren, según Bermúdez, lo hacen en la pobreza.

Cuando las familias se encuentran conmigo, están en una situación muy precaria”, dice. “También he tenido que enterrar a niños que llegan acá al hospital con desnutrición y no sobreviven“.

La colombiana ha recibido reconocimientos públicos por su labor y ACNUR, la agencia de las Naciones Unidos para los refugiados, donó cemento y ladrillos para que agregue más bóvedas a su cementerio y siga con su trabajo para ayudar a los más necesitados.

 

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