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Cali sigue en el ojo del huracán del décimo día de protestas en Colombia

La ciudad colombiana sintetizó desde el primer día todo el desencanto social que se venía cocinando durante la pandemia y desde el último paro nacional de finales de 2019, que justamente se detuvo por la covid-19

Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia, se mantiene como el epicentro de las protestas sociales y de la brutalidad policial en el décimo día de protestas en todo el país, con los bloqueos en las vías ahogando algunos establecimientos y la llegada de mercancías.

La violencia de los últimos días en las calles de varios barrios de la ciudad, capital del departamento del Valle del Cauca (suroeste), se ha cobrado la vida de más de una veintena de personas, según organizaciones sociales, en una ciudad a la que las autoridades nacionales enviaron unos 1.200 militares para supuestamente restaurar el orden.

En todo el país, según cifras que la Defensoría no actualiza desde el miércoles, 24 manifestantes han muerto en las protestas, aunque organizaciones sociales como Temblores elevan esa cifra a 37, todas ellas por la violencia policial.

Cali, reflejo del malestar social

La ciudad colombiana sintetizó desde el primer día todo el desencanto social que se venía cocinando durante la pandemia y desde el último paro nacional de finales de 2019, que justamente se detuvo por la covid-19.

Las multitudinarias protestas se convirtieron en un polvorín desde el primer día por la acción desmesurada de las fuerzas de seguridad y por episodios aislados de saqueos a bancos, supermercados y establecimientos privados.

En Cali confluyen corredores estratégicos para el narcotráfico y otras actividades ilegales, conflictos sociales e indígenas y uno de los índices de pobreza más elevados del país, lo que está propiciando una tragedia.

En ese contexto, la ciudad ha sido el centro de atención por los excesos policiales y las imágenes de una violencia de tal magnitud que incluso Nicolás Guerrero, hijo de un primo del alcalde Jorge Iván Ospina, es una de las víctimas mortales que han dejado las manifestaciones.

Cuando toda la marea parecía bajar un poco, el escándalo volvió a desatarse el jueves después de las denuncias de que un grupo de personas, vestidas de civil y que resultaron ser agentes, bajasen de un camión y comenzasen a disparar a un grupo de manifestantes en el oeste de la ciudad.

El comandante de la Policía de Cali, general Juan Carlos Rodríguez, se justificó ante la prensa aludiendo a que los agentes estaban realizando una operación encubierta contra las extorsiones y que, una vez que fueron detectados, los agentes “se alejan del lugar evitando hacer uso de las armas de fuego”.

Igualmente el sector de Siloé lleva varias noches bajo fuego y allí la gente se resiste a la condena que la violencia desmesurada parece haber impuesto sin que haya, hasta el momento, una solución ni una salida cercana a este problema.

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