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Miguelángel Landa: “Aún tengo la esperanza de hacer Bienvenidos”

“Soy un hombre de suerte. En mi oficio he vivido momentos maravillosos, cosechado grandes amigos y subido peldaños que me permitieron ser un personaje importante en el mundo de la cinematografía”, así resume cincuenta años de trayectoria el hombre mítico de Bienvenidos, Miguelángel Landa, quien será honrado por su trayectoria en el Festival Manuel Trujillo Durán.

En una entrevista con Versión Final, el marido de La señora de Cárdenas y el galán de El pez que fuma, recordó con nostalgia su paso por la televisión venezolana, de la que hoy se encuentra alejado. También reveló algunos detalles de una próxima producción audiovisual que verá luz en la cartelera nacional.

—¿Qué representa este reconocimiento en honor a su trayectoria?
—Siempre es grato recibir un homenaje. Me siento agradecido por este reconocimiento dedicado a mis cincuenta años en el mundo de la actuación. Estoy muy contento por todo lo que he logrado y me falta por hacer.

—¿Cuándo se dio cuenta que quería dedicarse a este oficio?
—Desde que nací. Recuerdo que estando en la sala de preescolar, yo tomaba participación en los espectáculos de dramatización. Siempre supe que ese era el camino de mi vida. Quería ser comediante, pero no tenía voz y dotes para cantar.

—¿Qué extraña de la época dorada?
—Recuerdo con mucho amor todas las películas que hicimos. Políticamente hablando, no teníamos ningún problema en proyectar los problemas que había en Venezuela. Los presidentes asistían a los estrenos… Recuerdo que fue Luis Herrara y otros más. ¿Cómo olvidar Manon y Los cangrejos?

—Siendo el galán del cine, ¿cuántas mujeres logró conquistar?
—¿Cuántas mujeres? (risas) Yo no soy ningún Don Juan. Hay mucha gente que dice que sí. Ciertamente, he tenido varias relaciones pero no soy un mujeriego empedernido.

—Con Doris Wells, en la vida real ¿tenía la misma química que reflejaba en la televisión?
—¡Si! ¿Cómo no? Ella y yo fuimos grandes amigos (suspiros).

—¿Por qué nunca tuvieron una relación?
—¡¿Perdón?! … (silencio) No, no, no… realmente nunca se pensó. Ella se casó muy encantada, yo conocí a sus hijos… Nunca tuve alguna relación directa con algún artista, excluyendo a Mirla.

—¿Cómo surgió el amor?
—En la premier de una película que se llama El rostro oculto. Allí surgió el romance. Posteriormente, hicimos un programa de comedia que se llamaba Él y ella. Mirla y yo somos grandes amigos, salimos a comer con nuestros hijos y tenemos una relación muy especial.

—¿Considera que El pez que fuma lo catapultó al éxito?
—Tuve la grandísima suerte de participar en esa película de Román Chalbaud. El pez que fuma me brindó el escalón para subir y colocarme como uno de los actores del momento. Gracias a esa cinta, me convertí en una figura importante el mundo cinematográfico. Sin embargo, el éxito es de Román, mi amigo y el creador de ese éxito.

—Después de tantos años alejado de la pantalla chica, ¿aún se siente bienvenidísimo?
—Me hace mucha falta… Me quedé como con 50 o 60 libretos listos para hacerlos y no pude. Eso ya es historia pasada, pero yo realmente me quedo muy feliz por haber estado en un programa con el que logré los primeros lugares en el mundo hispano. Recuerdo el viaje a Broadway y un intento de conquista en Las Vegas, pero lamentablemente no se pudo dar por un problema de salud. Aún tengo la esperanza de hacer Bienvenidos.

—¿Por qué no ha considerado la posibilidad de irse del país?
—Me impide que nací en Venezuela, que acá tengo mi familia y mis raíces. A esta tierra la amo y no soy capaz de abandonarla por tener unos dólares más. No critico a todo aquel que lo ha hecho, pero yo no dejaría a Venezuela por nada del mundo. Yo nací en Caracas, en La Pastora, y acá me quedo.

—¿Realmente fue usted quien escribió hace cuatro años la polémica carta Venezuela desapareció?
—No, eso fue una confusión. Yo solo la publiqué porque me gustó mucho y me sigue gustando. Ahora vuelve a salir de nuevo, después de tanto tiempo… A mí nunca me ha gustado hacer misa con escapulario ajeno. Me gustaría conocer al autor y felicitarlo. También, darle la mano y pedirle disculpas en nombre de los que dijeron que fue mi autoría.

—¿Le gustaría hacer una segunda parte?
—Ya no sería importante… Si está tan bueno ¿para qué escribirlo de nuevo?

—Si tuviese la oportunidad de participar en una película política, ambientada en los tiempos que estamos viviendo, ¿qué personaje le gustaría interpretar?
—No me interesaría. He leído muchos libros sobre Cuba y Chávez. Hay unas cosas con las que estoy desacuerdo y otras con las que difiero. Hemos tenido la mala suerte de que nos haya llegado el castrocomunismo. Prefiero no plantearme esa posibilidad.

—¿Ya reconcilió su amistad con Román Chalbaud?
—Como no… Estuvimos juntos en un festival en Mérida. Nosotros ya no tenemos ningún problema, somos sumamente inteligentes. No es lo mismo, por supuesto, no nos podemos caer a coba. Yo, en lo particular, tengo una forma de ser y una ideología diferente. Él y yo teníamos la costumbre de ir al cine una vez por semana y discutir la trama. Eso lo dejamos de hacer hace tiempo por lo que ha pasado en el país.

—¿Participará en la segunda entrega de Papita, maní, tostón?
—¡Claro! No puedo adelantar mucho sobre el personaje, pero me dijeron que será muy interesante. Yo me llevé muy bien con el equipo, hicimos un grupo muy hermoso y luego batió un récord increíble que difícilmente será superada por otra.

—¿Qué le falta por hacer?
—Tengo tres cosas escritas. Ojalá las pueda hacer. Hacer una película en Venezuela es correr el riesgo de botar el dinero, pero no pierdo las esperanzas de tener 50 millones de dólares para lograrlo.

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