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«Los malditos 2», el relato íntimo de una pesadilla carcelaria y entre narcos

El periodista mexicano Jesús Lemus cuenta en «Los malditos 2. El último infierno» sus tres años de encierro en el penal de máxima seguridad de Puente Grande con una serie de historias personales y «catárticas» coprotagonizadas por temidos criminales presos.

«Tenía la necesidad de platicar mi experiencia carcelaria desde un punto de vista más intimo. (…) Es un libro vivencial en el que recurro a mi historia y cuento historias cómo las del (narcotraficante) Rafael Caro Quintero o del asesino confeso del cardenal Posadas», dijo en entrevista con Efe.

Este libro es la segunda parte de «Los malditos», pero si el primer volumen era una crónica periodística en la que aparecía poco la primera voz, este nuevo texto es «catártico» por revelar momentos estremecedores detrás de la rejas.

«Decido contarle al lector, por ejemplo, cómo yo para sobrevivir al hambre tuve que comer un pedazo de gato crudo, así como lo comieron otros presos», rememora Lemus, en una de las muchas vivencias que, años después, todavía le producen «humillación» y «dolor».

Jesús Lemus fue acusado de narcotráfico en 2008 mientras se encontraba realizando un reportaje sobre el tráfico de drogas que destapó presuntos nexos entre una cártel y la hermana del entonces presidente mexicano Felipe Calderón.

Estuvo preso tres años en Puente Grande, en el occidental estado de Jalisco, hasta que fue liberado por falta de pruebas y luego de insistentes demandas de la sociedad civil, entre ellas la ONG Reporteros Sin Fronteras.

«Los tres años y cinco días que pasé en la prisión para mí representaron el infierno, y por eso le puse por título ‘El último infierno'(…) Después de estar en la cárcel, en esa condición de abandono, lo que venga ya no es nada comparado con el sufrimiento que se puede vivir dentro», explicó el ganador en Holanda del premio internacional Pluma a la Libertad de Expresión, de la ONG Oxfam Novib/Rory Peck.

El subtítulo a su último libro no fue una idea totalmente propia, pues eso fue lo que le dijo Humberto Rodríguez Bañuelos, acusado de la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, asesinado en mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara cuando iba a recoger al nuncio apostólico, en un caso repleto de incógnitas.

«Yo pude ver al hombre, yo pude estar con una persona que tenía sentimientos, que lloraba, que reía, que le gustaba la poesía, leer, contar historias, que le gustaba estar vivo», señaló Lemus al hablar de Rodríguez Bañuelos, condenado a 37 años.

Él es solo uno de los personajes de esta historia carcelaria, una «pesadilla» en la que Lemus repasa momentos compartidos con peligrosos presos que, en estas circunstancias extremas, incluso pueden despertar ternura.

«Hay una realidad bien cierta en la cárcel, para sujetarse a la cordura los presos se tienen que abrazar a la locura», afirmó el escritor.

Era bajo este precepto que el capo Caro Quintero o Héctor Palma Salazar, alias «el Güero», jugaban a fugarse, a volver al mundo exterior.

El primero, con su panda, simulaba subirse a una camioneta con la que recorría el patio imaginando ver otros paisajes, el segundo «se fugaba mentalmente» asistiendo virtualmente a partidos de béisbol, que uno de sus compañeros se encargaba de narrar.

Con el tiempo, Lemus dejó de ser «el periodista» para «mimetizarse» con ellos, y ser compañero de confidencias que fue anotando cuando tenía ocasión y que, al salir de prisión, sintió que debía sacar a la luz.

Muchas cuentan con la autorización de sus protagonistas, otras no.

Como la del exmilitar Oliverio Chávez Araujo, el zar de la cocaína, quien lo «amenazó de muerte» si daba a conocer, como hace en esta última obra, detalles personales y muy escabrosos de su vida.

Desgranando su propia experiencia y las de otros, Lemus busca acercar al lector la dureza de la vida en prisión en México.

«La cárcel está diseñada para que todas las personas que llegan ahí se vean disminuidos físicamente, mentalmente, moral e intelectualmente. Está estructurada para orillar a los presos a un abandono total», remató el escritor.

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