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Elba Escobar: “Venezuela soy yo, viaja conmigo cuando me presento”

Como si se apagara la televisión, como si le bajaran volumen a la radio, como si bajaran el telón del teatro; así se siente la ida del país de una de las primeras actrices que parió esta tierra y su tricolor, Elba Escobar.

Y es que en este país, la decadencia de alimentos, la falta de medicamentos, y además, la inseguridad que arropa, no tiene blancos, el declive de la nación ha tocado a todos, y esta vez, la gran Elba Escobar decidió hacer maletas y explorar otras fronteras.

En una comunicación amena con Elba, le pregunté, ¿Volverías por lo que dejas aquí?, suspiró, pero no dudó para responder que en Venezuela no deja nada, y es que “uno no deja su vida, no deja su historia, su familia; no deja su ombligo que está enterrado en esta tierra. Venezuela soy yo, viaja conmigo, cuando me presento en Filadelfia se presenta Venezuela, cuando viajo a Canadá. Yo no he dejado Venezuela, Venezuela soy yo”.

Y tiene razón, porque en cada hombre y mujer de este país hay algo de Elba. Desde aquel ciudadano que iba en el bus o el carro por puesto escuchando Onda, la súper estación donde ella enamoraba, o en la familia que se reunía a verla en El país de las mujeres, o Cosita Rica, incluso en los que aplaudieron de pie su firmeza al expresar sobre las tablas Yo sí soy arrecha. Ella es Venezuela, sí.

Pero no se necesita ser “arrecha” para tomar la decisión de emigrar, de expandirte, salir de la zona de comodidad y explorar nuevos mercados como lo ve ella. No es solo acumular los miedos, la política, la economía, que también la atacan a ella, “es esa sensación de que después de cuarenta años de carrera te mereces una vida mejor y no lo que estamos viviendo aquí, no hay calidad de vida y eso incluye todos los aspectos, el político, económico, la inseguridad, el fracaso de los servicios, el aparato productor destruido”, podría seguir pero pre ere volver a suspirar.

No es guáramo lo que le falta al venezolano, de eso Elba está segura, “el venezolano es como es”, pero sí le hace falta ser decidido, “enfocarse en que esas decisiones tienen que ser para el bien mayor no para el personal”.

Y esa realidad se parece mucho a su obra, que le permitió no solo recorrer las ciudades más imponentes del país, sino, abrazar cada paisaje, tatuarse en su alma cada sonrisa, cada “gracias” de ese público que admira cada fibra de su talento.

“Los venezolanos, somos únicos. Una de las bendiciones que nos ha ocurrido a los artistas que estamos explorando otros mercados, es que tenemos público en todas partes del mundo. Detrás de esto que parece un drama, el venezolano emigrando hacia otras fronteras, hay una bendición oculta y es que ahora hay grupos de venezolanos en muchas partes enseñándole al mundo quiénes somos”.

Pero cómo, ¿Cómo se camina en una carrera tan bloqueada por la ausencia de medios de comunicación, por ejemplo?

-“No tenerle miedo a hacer todo lo que te ofrezcan, a decir que sí, a explorar nuevos espacios, otras actividades. No me he dedicado solo hacer novelas, teatro, cine, sino que hago de todo. Si me dicen que anime, que conduzca un programa de radio, para cantar, escribir, soy atrevida, hago todo lo que está presente, ese es un punto que hace que me mantenga vigente”.

Y lo está, incluso en esa juventud que no vio sus inicios, pero sabe quién es y lo que representa. Lo indica sus 250 mil seguidores en la red social Instagram, donde la mayoría son chamos de 25 años, y no la sorprende, le agrada. “No hago juicios, no juzgo, comprendo su posición ante el mundo. La juventud me inspira y no me permite envejecer, empezando por mis hijos y mis sobrinos, mi bendición”.

La inseguridad, en parte, la hace salir de su tierra, ¿Qué le dice a los responsables del resguardo en las calles venezolanas?

“Mi voz es como la de cualquier venezolano. No puede ser que nuestra vida este secuestrada en nuestras casas, porque la gente tiene miedo de salir, que las calles estén minadas de delincuentes que son capaces de matarte por quitarte un reloj, un celular; que la vida del venezolano no se sienta segura ni siquiera en su casa, y los responsables saben quiénes son. Algún día habrá que hacer algo, y ese día tiene que ser ayer, no mañana, ni otro día, tiene que ser ya”.

Si Elba pudiera regresar el tiempo volvería a estudiar Física, y Matemática, pero también teatro, “y volvería hacer esta vida que ha sido hermosa, con grandes desafíos pero muchas oportunidades de aprendizajes”. Si ella pudiera elegir qué hacer con su vida otra vez, haría teatro, porque para ella es “como una casa materna, porque aunque uno se vaya de casa de su madre, siempre vuelves los domingos por el sancochito”. No dejaría la televisión su “gimnasio actoral”, donde se trabaja duro, y hace una explosión multitudinaria. No abandonaría las oportunidades de hacer cine, porque es su “gran aventura”. Elba no suelta nada, menos el amor, ese que le generó la radio por más de diez años.

Con alguna de sus disciplinas artísticas siempre está, a veces va y vuelve, con otras se concentra más, pero de ninguna se desprende, ni siquiera es capaz de decidirse por lo que más la apasiona, porque así es ella, entrega, compromiso, y lealtad en cada oportunidad; y desde la frontera que sea no dejará de levantar con orgullo su tricolor, sus siete estrellas, su país, Venezuela.

Gracias, Elba, por tu entrega a este país que siente orgullo y te aplaude, a la distancia que estés.

 

 

 

 

 

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