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Etiopía abre al público una cárcel en la que se practicaron torturas

Decenas de etiopes visitaron el viernes Maekelawi, acompañados por el presidente del Tribunal Supremo, Meaza Ashenafi. Las paredes de las salas de tortura recibieron una nueva capa de pintura amarilla y se colgaron cuadros sobre la historia de la entidad 

La apertura al público de Maekelawi, cerrado de forma definitiva el año pasado, responde a “la promesa de no volver a repetir jamás los tratos o castigos crueles, inhumanos y degradantes” que se practicaron en el pasado en este lugar, indicó en un comunicado la policía federal de Etiopía.

El primer ministro etíope, Abiyi Ahmed, recibió numerosos elogios por haber liberado a los prisioneros políticos después de haber asumido su cargo en abril de 2018. Ese mismo mes se autorizó el cierre de Maekelawi, que empezó a funcionar en los años setenta y ochenta bajo el duro régimen comunista de Derg.

Sin embargo, defensores de los derechos humanos consideran que el gobierno de Ahmed no cumplió sus promesas iniciales y adoptó las mismas prácticas represivas que sus antecesores, sobre todo tras el intento de golpe de estado en junio contra el gobierno de la región de Amhara, en el que murieron cinco altos cargos, entre ellos el jefe del estado mayor del ejército etiopio.

“La gente debe saber lo que sucedió aquí”

Decenas de etiopes visitaron el viernes Maekelawi, acompañados por el consejero jurídico del ejecutivo Berhanu Tsegaye y el presidente del Tribunal Supremo, Meaza Ashenafi.

Las paredes de las salas de tortura recibieron una nueva capa de pintura amarilla y se colgaron cuadros sobre la historia de Etiopía en una de las zonas más sombrías de la cárcel, descrita por los prisioneros como “Siberia”.

Zelalem Workagegnehu, un bloguero opositor que estuvo cuatro meses en “Siberia” en 2014 tras haber sido acusado de proporcionar informaciones a organizaciones terroristas, participó el viernes en la visita de la cárcel.

Nunca habría pensado que esto sucedería en mi vida. Pero ahora me siento tranquilo y aprovecho el momento”, dijo Workagenehu, que incluso se dio un abrazo con uno de los guardias que trabajaba en la prisión cuando lo encerraron.

Tras haber mostrado a la AFP la estrecha celda en la que pasó 41 días aislado, reconoció que lamentaba que no la hubieran conservado de forma completamente fidedigna.

Uno de los mayores errores ha sido que pintaron las paredes. La mayoría de nosotros escribimos nuestras historias, plegarias y torturas en este edificio”, aseguró. “La gente debería leerlo, saber lo que sucedió aquí”, añadió.

Las autoridades etiopes pretenden convertir la prisión de Maekelawi en un museo.

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