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Científicos recrean el día del cataclismo que acabó con los dinosaurios

El meteorito que cayó en México creó grandes incendios forestales y un enfriamiento global en los meses y años siguientes. Esta helada perturbó los ecosistemas de todo el mundo, lo que acabó con los dinosaurios

Mucho carbón y nada de azufre es lo que ha encontrado un equipo científico internacional que ha extraído del fondo del mar minerales del cráter de Chicxulub, cavado por el meteorito que causó la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años.

La abundancia de carbón confirma que el impacto del meteorito, que liberó una energía equivalente a 10.000 millones de bombas atómicas como la de Hiroshima, provocó extensos incendios forestales. Estos incendios se extendieron a “miles de kilómetros del cráter”, escriben los investigadores en la revista PNAS, donde esta semana presentan sus resultados.

La ausencia de azufre indica que el impacto liberó a la atmósfera una gran cantidad de aerosoles que bloquearon la radiación solar y causaron un enfriamiento global en los meses y años siguientes. Fue este enfriamiento, que perturbó los ecosistemas de todo el mundo, lo que acabó con los dinosaurios.

Plataforma desde que se extrajo la muestra de minerales del cráter de Chicxulub en 2016 (Universidad de Texas en Austin)

Primero se asaron y después se helaron”, resume en un comunicado de prensa Sean Gulick, geofísico de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.) y primer autor de la investigación. Aunque el impacto, ocurrido junto a la península del Yucatán en el Golfo de México, tuvo efectos devastadores a escala regional, las extinciones de especies a escala global se debieron al cambio climático posterior. “El auténtico asesino tiene que ser atmosférico”, añade Gulick. “La única manera de tener una extinción global masiva como esta es un efecto atmosférico”.

La investigación se ha basado en el análisis de una columna de minerales extraída del borde del cráter de Chicxulub, en el Golfo de Mexico, en una expedición oceanográfica en 2016. Esta columna contiene, desde 620 hasta 750 metros de profundidad, 130 metros de rocas depositadas el día que cayó el meteorito.

Nos han permitido reconstruir lo que ocurrió desde el primer minuto después del impacto”, señala Jens Ormö, geólogo del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) en Torrejón de Ardoz y coautor de la investigación.

Sean Gulick (derecha) y Joanna Morgan examinan una muestra de la columna de minerales extraída del cráter de Chicxulub (Universidad de Texas en Austin)

El carbón hallado en el cráter atribuye que las altas temperaturas originadas por la caída del meteorito fueron suficientes para causar incendios forestales en un radio de más de mil kilómetros. Además, las rocas que salieron despedidas por el impacto pudieron volar más lejos y actuar como bengalas, provocando incendios a miles de kilómetros de distancia.

La colisión creó un tsunami que pudo llegar hasta el centro de Norteamérica. Horas después, el reflujo de las aguas arrastró hacia el golfo de México restos de los incendios que asolaban el continente y que se depositaron en forma de carbón.

 

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