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Vinotinto no encuentra el camino en las eliminatorias

Bastaron cinco días para que las reservas de ilusión se agotaran. Las derrotas con Uruguay en Montevideo (3-0) y frente a Brasil en Mérida (0-2) hicieron que oficialmente se tirara la toalla en el camino a Rusia 2018 y hundió más a Venezuela en el último lugar de la tabla con dos puntos.

Hasta el poder salir del sótano parece lejano. La Vinotinto perdió el rumbo y en esta doble jornada dio pasos atrás con respecto al papel en la Copa América Centenario con una actuación inconsistente ante un par de rivales que a fuerza de categoría y rodaje desnudaron muchas de las falencias criollas.

Para el entrenador Rafael Dudamel, gran parte de la responsabilidad es del estado anímico del grupo. “Es difícil encontrar una explicación. Nos agobia la impotencia porque no nos sale lo que plantea y se cae en la desesperación, en la intranquilidad y en la angustia y así el jugador no encuentra su mejor versión ni individual ni colectivamente”.

Los criollos siguen en una preocupante espiral negativa en la que cada golpe parece aumentar el letargo del premundial. “Necesitamos un triunfo que nos oxigene”, comentó el estratega. “El grupo está sano pero necesita soltarse de esas ataduras que genera la derrota”, señaló.

La selección nacional volvió a caer en el error inexplicable, que parecía olvidado en la Copa América Centenario, y que regresó en las eliminatorias a pesar que parecía algo dejado atrás con el ciclo de Noel Sanvicente. “Es cierto que se están cometiendo esos fallos, pero se ve la entereza con lo que los jugadores lo asumen porque nadie quiere equivocarse. En el camerino se disculpan con todos porque hay vergüenza y eso me alienta a seguir confiando en ellos”.

“Hemos hecho partidos buenos por ráfagas en las que no concretamos y no se pueden manejar las circunstancias favorablemente y aparece la impotencia. Históricamente nos cuesta, emocionalmente nos caemos y vemos la cancha cuesta arriba”, añadió.

Dudamel descarta que se caiga en una espiral descendente sin mayor rumbo que el foso y que el equipo se vuelva uno acostumbrado al revés. “Más abajo no podemos estar, de acá para adelante lo que queda es un rebote porque no se puede estar peor en la tabla. Resta confiar y creer”.

“Nos herimos nosotros mismos. Hoy (martes) el daño nos lo hicimos nosotros mismos teniendo esos errores puntuales y Brasil tuvo mucho oficio para manejar el resultado”, expresó.

Mea culpa

Tras el partido se vio la imagen habitual: los jugadores cabizbajos y con un desánimo que se hizo habitual durante todo el clasificatorio mundialista. Los mea culpa no dejaron de aparecer. “Controlé y pensé que el delantero iba a dejar espacio en el medio y no fue así. Decidí mal”; dijo el guardameta Dani Hernández, responsable del primer gol amazónico.

El recuento de equivocaciones en este año de premundial es largo. Desde la confusión entre Alain Baroja y Oswaldo Vizcarrondo contra Paraguay en Puerto Ordaz en la primera fecha hasta el regalo del guardameta del Tenerife a Gabriel Jesús, la constante vinotinto es de complicarse sola. Pese a que ya han pasado dos técnicos, los protagonistas siguen en la tendencia al fallo.

“No es fácil vivir esto en lo emocional al estar tan abajo y creer que todo es tan negativo. Tenemos que seguir y es lo que deben hacer los verdaderos líderes”, comentó el capitán Tomás Rincón.

El tachirense expresa que no han “matado a nadie”. “Somos profesionales, intentamos dar el máximo y no nos queda de otra que seguir batallando. Tenemos vergüenza, somos los primeros en sufrir y en llorar”.

Para Venezuela este fatídico 2016, con cuatro derrotas y par de empates en la eliminatoria, aún tiene dos escalas más: Maturín para chocar con Bolivia y la visita a Quito frente a Ecuador, un rival al que sacarle puntos en casa es una misión casi imposible.

A seis unidades del penúltimo puesto, precisamente ocupado por los del altiplano, solo un pleno de triunfos en noviembre sacaría a los criollos del foso. Dudamel expresa la plena confianza en los jugadores que hoy están y serán ellos los encargados de intentar hacer más decoroso este fracaso.

En un mes la Vinotinto podrá encontrar ese oxígeno o seguir en esa espiral descendente, en la que la espera en lo más bajo, el ser una selección perdedora y con el fantasma de la Cenicienta continental, que parecía olvidado, más presente que nunca.

 

 

 

 

 

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