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Padres hacen maromas para mantener a atletas

Marcia Viloria tiene 38 años, es educadora y tiene tres hijas de 4, 10 y 11 años. Todas practican gimnasia en el club Poly, en las inmediaciones del Luis Aparicio. Para la madre, que actualmente no ejerce su profesión, se trata de hacer sacrificios para que practiquen la disciplina que les ilusiona y les hace pensar que pueden representar a Venezuela en una competición internacional.

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“Para que ellas puedan practicar se necesitan mallas, y cada una cuesta 10 mil bolívares en adelante. Porque son licras pedrería, bordados. Las zapatillas pueden costar mil 500 y esas se pueden comprar un par por mes, dependiendo el entrenamiento”, comentó mientras sus niñas practicaban las rutinas.

“El problema son los implementos –continuó–. Las masas pueden costar entre 13 y 15 mil bolívares. Las cintas con el estilete cuestan 15 mil, dependiendo de si son de cuatro o seis metros. Pero lo ideal es que cada una tenga su implemento para que cuando estén en casa puedan practicar las rutinas”.

Pero el asunto va más allá. Al momento de las competiciones, sólo una de las tres puede viajar por los costos del uniforme y del viaje, que rondan los 30 mil bolívares.

Entre las “maromas” que hace para que sus hijas no se vean forzadas a dejar el deporte, se encuentran rifas y potazos, “cosas así para poder reunir para tener el dinero cuando vayan a viajar”.

La licenciada, que se ayuda también con asesorías de tesis, admitió que a veces ha pensado en retirar a una de las tres niñas, pero luego logra resolver los altibajos económicos y las mantiene practicando la disciplina en la que destacan.

Caimanas caras

Hasta las famosas caimaneras pueden costar un ojo de la cara. Es común ver en las canchas de las comunidades a sus habitantes jugando baloncesto, el tercer deporte más famoso de la entidad; pero para poder practicarlo, los aficionados deberán invertir entre siete mil quinientos y 120 mil bolívares por un balón.

Lesmer Hesser, padre de un basquetbolista, manifestó que ha sido costoso mantener a su hijo en el deporte de los gigantes, “porque los zapatos cuestan 90 mil bolívares y cualquier persona no lo puede practicar. Y los uniformes también son costosos”.

Pero su abnegación para que su hijo se mantenga “lejos de las malas influencias” ha valido la pena: es jugador de la selección Zulia de baloncesto en la categoría juvenil. “He tenido que hacer muchos sacrificios, pero hay que involucrarlos con el deporte para que no estén en los malos pasos”.

¿El más jugado?

En el Zulia existen diferentes escuelas de fútbol, pero algunas cobran hasta tres mil quinientos bolívares por enseñar a los pequeños “a ser como Messi”, otras –como la del Zulia FC– son gratuitas y hasta proveen a sus pupilos con el uniforme.

Carla Aldana, administradora, destacó el buen trabajo de la academia, pero por otra parte comentó sobre el sacrificio económico que hace para comprar los tacos, canilleras y medias para que su hijo de 12 años practique el deporte.

“Todo está costoso y los tacos se desgastan mucho”.

Más allá de las privaciones culinarias o de idas al cine que no suceden, los padres zulianos encuentran la manera de sortear las vicisitudes económicas para mantener a sus vástagos con una pelota y no con un arma en las manos.

 

 

 

 

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