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Nadadora Paola Pérez cuenta su experiencia como migrante en Chile

La venezolana comenzó una campaña de Go Fund Me para buscar fondos que financien su preparación tras emigrar primero a Ecuador y luego a Santiago de Chile, donde reside desde finales de 2017 y sigue trabajando para llegar a los Olímpicos. Su experiencia como migrante ha sido dura

La nadadora venezolana Paola Valentina Pérez Sierra, de 30 años, tiene una templanza que conmueve para luchar por el sueño de participar en los Juegos de Tokio.

Luego de ganar plata en aguas abiertas en los Panamericanos de Toronto de 2015, la tachirense demostró cuánto coraje y amor propio tiene al competir en Lima, 2019, sin un traje de baño adecuado por falta de apoyo del gobierno venezolano a su federación.

Salió de la piscina tiritando y con hipotermia, por la falta de un traje de baño adecuado. El frío de las aguas de la Laguna Bujama, al sur de Lima, hacía necesaria una indumentaria de neopreno en la prueba femenina de 10 kilómetros. “Sabía que, sin el apoyo necesario, iba a ser imposible repetir lo de Toronto; pero nunca imaginé que iba a ser tan doloroso”, lamentó luego, en una entrevista.

Paola comenzó una campaña de Go Fund Me para buscar fondos que financien su preparación tras emigrar primero a Ecuador y luego a Santiago de Chile, donde reside desde finales de 2017 y sigue trabajando para llegar a los Olímpicos. Su experiencia como migrante ha sido dura.

He tenido momentos difíciles, pero si lo comparo con la situación de la mayoría, he sido muy afortunada”, reconoce. Asegura que 2019 fue un año tormentoso en Chile. ‘Me quedé sin trabajo y sin ahorros. Económicamente estuve en el borde también. Se me juntaron problemas personales’, sostiene.

En Santiago forma parte de la gran familia Proswim, donde imparte sus clases en modalidades grupales y presenciales, con trabajos enfocados en las metas particulares de cada integrante. También, detalla, realiza clases personalizadas. “Si no puedo representar a Venezuela me imagino representado a cualquier país y Chile es una buena opción”, expresa sobre su futuro profesional.

Lo que por momentos la hace dudar de este país son las dificultades para avanzar en la materia de documentación. “Por eso siempre pienso en regresarme y en el tema de pandemia, que no puedo entrenar como debo”, confiesa.

Pérez Sierra estima que la mayoría de los venezolanos que emigraron son estudiados y con buenos valores y principios, aunque reconoce que, “tristemente” por unos pocos inadaptados pagamos todos. Su experiencia, cuenta, con los nacionales es positiva. “He contado con la suerte de conseguir chilenos que me han tendido la mano y me han ayudado mucho en el tiempo que he estado ahí”, enfatiza.

Como sociedad, le gusta el orden que tiene la nación austral, aunque cree que para ellos no sea así, y argumenta: “Yo vengo de un país muy destruido y fuera de orden, y pienso que deben valorar mucho más lo que tienen”.

Por último, envía un mensaje a los venezolanos de bien que se vieron obligados a salir de Venezuela: “No se dejen afligir por la minoría que hace las cosas mal. Las buenas personas, educadas y con valores, somos más y tenemos que mantener esa imagen siempre. Apoyarnos entre todos y darles la mano a los nuevos emigrantes, ya que sabemos lo difícil que es salir a una nueva cultura y adaptarse a ella”.

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