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Kipchoge puso un broche majestuoso al atletismo en Tokio 2020

El triunfo de Eliud Kipchoge en el maratón le convirtió en el tercero de la historia que conserva su corona (tras Abebe Bikila y Waldemar Cierpinski, y su triunfo elevó a Kenia al tercer puesto en el medallero final, relegando a Polonia y Jamaica al cuarto y quinto.

La majestuosa zancada del más grande maratonista de la historia, el keniano Eliud Kipchoge, puso un digno colofón en Sapporo al torneo olímpico de atletismo, que en el estadio Nacional de Tokio arrojó tres récords mundiales, 12 olímpicos, 28 de área y 151 plusmarcas nacionales.

La venezolana Yulimar Rojas, el noruego Karsten Warholm y la estadounidense Sydney McLaughlin, responsables de las nuevas plusmarcas mundiales, elevaron sus respectivas disciplinas a un estrato superior que los convierte en pioneros de una nueva era marcada por los avances tecnológicos.

El calzado de nueva generación tuvo su parte en la afloración de los dos récords, masculino y femenino, de 400 metros vallas. Tanto Karsten como McLaughlin se beneficiaron, para fijar sus nuevas plusmarcas (45.95 y 51.46) de unas zapatillas que, como recordaba Ximena Restrepo, vicepresidenta de World Athletis, adquieren una importancia especial en esta prueba.

«A medida que te cansas, las vallas se van quedando más lejos, y estos zapatos te ayudan a impulsarte mejor, la valla ya no te queda tan lejos, puedes mantener tus pasos más fácil», declaró a EFE la dirigente colombiana, medallista olímpica en Barcelona’92.

Estados Unidos, la gran superpotencia del atletismo, no ganó un solo título en velocidad individual, de 100 a 400 metros, y sólo en los dos relevos largos (4×400) encontró consuelo con sendas medallas de oro.

La retirada de Usain Bolt, que parecía facilitar a Estados Unidos la recuperación de la hegemonía en 100 y 200 metros, no fue aprovechada por el equipo norteamericano. El heredero del astro jamaicano fue, para sorpresa de todos, un italiano: Marcell Jacobs, de madre italiana y padre estadounidense.

Cuarenta y un años después del título olímpico de 200 metros conquistado por Pietro Mennea en Moscú’80, Lamont Marcell Jacobs regalaba a Italia la corona de los 100 con una marca de 9.80 que le convertía en sucesor del legendario Usain Bolt, invariable campeón desde Pekín 2008.

La jamaicana Elaine Thompson-Herah repitió su doblete olímpico de velocidad (100 y 200) y se colgó una tercera medalla de oro como miembro del relevo 4×100, superando la cosecha de la holandesa Sifan Hassam que obtuvo los títulos de 5.000 y 10.000 metros junto a un bronce en 1.500.

La estadounidense Allyson Felix, de 35 años, aumentó a once (7 de oro, 3 de plata, 1 de bronce) su récord universal de medallas olímpicas con un bronce individual en 400 metros y sendos oros como miembro de los dos relevos.

El 1.500 registró el despertar de Europa. Veintinueve años después de la victoria del español Fermín Cacho en Barcelona’92, el noruego Jakob Ingebrigtsen devolvió al Viejo Continente el título olímpico tras batir en el esprint al keniano Timothy Cheruiyot.

Estados Unidos conservó a duras penas su hegemonía en el medallero de atletismo con siete oros, frente a una impresionante Italia que ganó cinco medallas ¡y las cinco de oro!.

El triunfo de Eliud Kipchoge en el maratón le convirtió en el tercero de la historia que conserva su corona (tras Abebe Bikila y Waldemar Cierpinski, y su triunfo elevó a Kenia al tercer puesto en el medallero final, relegando a Polonia y Jamaica al cuarto y quinto.

La universalidad creciente del atletismo se reflejó en datos estadísticos: 83 equipos estuvieron representados en finales, 36 ganaron medallas y 18 la de oro.

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