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Guía de corredores, un héroe anónimo en la pista de atletismo

En la peinadora de su cuarto reposa la medalla de plata de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, sin embargo en los tabloides su nombre es desapercibido. Si pierde su atleta, es señalado; si gana, es opacado. Pese a ello, su dedicación de que su corredor esté en la cima es su mayor “satisfacción” porque él es solo una “ayuda”.

Con tan solo tres años de edad entró al béisbol, no obstante una lesión terminó su carrera prometedora a los 15 años. La vida deportiva de Edicson Medina tomó una dirección distinta, a los 19 años, a lo que quería ser desde pequeño: Grandes Ligas. El terreno se convirtió en tartán y el diamante se volvió un óvalo.

Una propuesta llegó por el entrenador Isidro Bartelemi quien buscaba una “masificación” de los atletas con discapacidad visual. “Ayúdenme con los ciegos”, soltó el profesor, con una afirmativa respuesta de Medina quien a partir de ese momento se convirtió en guía; los cinco sentidos de una persona.

Comenzó con un hombre, luego una unión en un entrenamiento en el estadio José Encarnación “Pachencho” Romero formó una conexión con Sol Rojas, con la que terminó corriendo, al igual que junto a Fernando Ferrer (con quien ya terminó su travesía). A pesar de ser guía de los dos géneros, no le afecta porque los tiempos de correr son distintos; en la mujer, son menos rápidos y en el hombre es más veloz.

“Soy de los que cuando llega a una competencia, paso el mayor tiempo en la pista”, indicó Medina cuando le toca correr con ambos atletas. Muchas veces se siente “desgastado” por la carga física y mental que requiere ser guía, porque no solo se tiene que amoldar a una persona sino descansar, tal vez, 15 minutos para salir a competir nuevamente.

Entrena dos veces al día, dos horas, con doble sesión (como guía y convencional), fortalece la parte psicológica para saber manejar los cambios de ánimo de una persona; ser la motivación, el consejero y el descriptor del mundo y así lograr la armonía necesaria al momento de correr, en la que dos personas se vuelven una.

Sueño olímpico

El marabino de 21 años jamás imaginó la hazaña histórica que lo avecinaba; se convirtió en el primer guía en clasificar a unos Juegos Paralímpicos con dos deportistas y que, además, ambos conquistarán distinción.

En 2016, en Rio de Janeiro, logró la presea plateada en los 400 metros planos T11 (ceguera total) con Rojas y en 200 metros planos, diploma olímpico. Con Fernando Ferrer en 100 metros planos T11 obtuvo diploma.

A pesar de conseguir buenos resultados, Medina reveló que “la presión no es fácil” para él, al momento de competir, porque cuando los atletas corren mal a quien juzgan es al guía. “Las personas no saben cómo corremos, ni las estrategias que tenemos (…) Allá (Brasil) fui muy criticado”, señaló a Versión Final. 

Cuando Rojas perdió en 200 mts fue “por el guía, porque no podía correr más” sin saber que hizo “su mejor marca personal” en esa distancia (25.47). Medina, no solo tenía que lidiar con las criticas sino con la presión de los 400 mts (que era la prueba donde buscaban el mejor resultado) por lo que “prácticamente no dormía”.

Antes de salir a la pista de atletismo caminó inquieto, “por los nervios que tenía” cuando Rojas aguardaba sentada; “ella no sabía la magnitud de dónde estaba en ese momento”. Edicson, a veces siente “tanto compromiso” por ganar que la misma deportista por lo que su entrega en el tartán es máxima.

Entrelazadas sus manos en una muñequera, para que Rojas sienta que corre sola, Medina indica: respira, curva, recta, más rápido… durante la carrera. Aunque se cansa más por hablar, la resistencia física que tiene le permite mantenerse. El cronometro paró en 57 min 64 s. Resultado: medalla de plata.

“En esa oportunidad que estuve allá (Juegos Paralímpicos), fue la vez que al guía se le ha tomado más en consideración”, detalló el marabino quien recibió los mismos premios que su atleta. No obstante, de no haber hecho nada, una sombra sería.

Añadió que en Brasil vivió una experiencia “muy especial” al ver “gente superándose por ser mejor cada día” y valorar “el trabajo y el sacrificio” para poder estar en la máxima justa deportiva es entender que “si se puede”.

Los cinco sentidos

El deportista de apoyo no solo ayuda a una persona con discapacidad visual a correr, también tiene que ser un analizador. Saber quién corrió bien, en cuánto tiempo, para sacar las estrategias. “Ponen en nosotros (guías) un grano de confianza” porque “depende de que tan bueno sea el guía para ver la mejora del atleta”.

Se convierte en los ojos, se encarga de describir a las personas que transitan o lo qué pasa alrededor. Es el adaptador de un corredor, al que asignan por cualidades y similitudes físicas (estatura, correr las mismas distancias) para que haya una mejor compenetración, determinó.

Saber escuchar al atleta, atender las necesidades que tenga, “hasta al momento de comer” hay que tener coordinación, porque la clave para la pareja tenga éxito es “que tan bien te llevas con tu atleta para que seas competitivo”, puntualizó el miembro de la selección del Zulia en 400 metros planos en convencional.

Medina afirmó que cualquier persona no puede ser guía porque se debe tener la disponibilidad, el compromiso y estar dispuesto a hacer sacrificios. “Es fuerte. Cuando estaba en la preparación para los Paralímpicos tuve que dejar los estudios por un momento”, confesó el estudiante del quinto trimestre de ingeniería industrial de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE).

Su objetivo a futuro son otras Paralimpiadas, para luego dedicarse a convencional. Mientras la confianza que agarró en el béisbol la pone en práctica en las competencias, ventaja que saca de los demás competidores, para convertirse en el héroe anónimo de la pista de atletismo.

 

 

 

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