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El Villarreal de Emery gana el derbi valenciano

Dos excapitanes del Valencia tumban al equipo de Javi Gracia con sus goles y ponen líder al Villarreal de Emery.

De todos los escenarios posibles en el derbi se dio el más rocambolesco y traumático: que Paulista, ex del Villarreal, regale un penalti a Pedraza y lo transforme un canterano che como Alcácer y, como remate a la faena, que Parejo, hasta hace nada capitán general en Mestalla, decidiera el partido con una obra maestra.

El fútbol no entiende de sentimientos. Emery ganó su octavo partido contra Javi Gracia (el noveno lo empataron), dejando a su Villarreal en la alturas de la tabla y al Valencia resoplando: para un día que Guedes vuelve a asomar la cabeza, su gol sólo sirvió para maquillar los resúmenes del domingo.

Villarreal y Valencia están muy lejos de lo que fueron y, sobre todo, de lo que pretender ser. El partido tenía todos los ingredientes para ser un gran espectáculo y, sin embargo, fue un auténtico nada. El ritmo, la continuidad de su juego, las imprecisiones, el desborde y la claridad les delatan. El Submarino, sin exhibirse, fue mucho mejor durante la primera media hora porque llegaba empoderado del Wanda y, tampoco se puede obviar, debido a que su rival salió magullado y sin bolsas del mercado. El equipo de Emery se encontró un gol a los cinco minutos que le facilitó más las cosas, con un atropello temerario de Paulista como si debiera algún favor en La Cerámica por la acogida en el pasado. El central arrolló a Pedraza, receptor de una asistencia de Chukwueze, al no medir su energía al corte, como tantas veces le pasa. Alcácer no falló desde los once metros pese a que Jaume intentó desequilibrarle con un reiterativo “lo vas a fallar, Paco” que captó nítidamente los micrófonos ahora que no hay murmullos en las gradas.

El Submarino pudo encarrilar el partido poco después, pero a Moi, Chukwueze y Padraza les faltó la finura para embocar que sólo posee Gerard, nueva víctima del intenso parón de selecciones. El Valencia, sin faro en medio campo ni personalidad y acomplejado, no había llegado aún al área hasta que Diakhaby (33’) avisó con un cabezazo y Guedes (37’) igualó con un zapatazo precedido de un córner regalado y mal defendido por el Villarreal. La celebración de Javi Gracia del 1-1 fue similar a la de cuando alguien alza un título que jamás había soñado. Normal: su Valencia y el fichaje más caro de la historia volvían a la vida.

El regreso del descanso no mejoró el competitivo panorama en ambos equipos, pese a beneficiarse por el menor azote de ese sol que a las 16:00 aún escupe fuego. El Valencia logró ser más sólido, aunque necesita a Kondogbia urgentemente, quedando sus amenazas en formas de contra, por lo que el Villarreal empezó a atascarse en tres cuartos de campo sin espacios a la espalda. Emery se vio obligado a dar refresco a Trigueros y Chukwueze con los pulmones de Coquelin y la imaginación de Kubo.

Precisamente en un detalle del japonés en el borde del área, que convirtió un mal control en un lujoso taconazo antes de ser expulsado en el descuento, fue a parar a Parejo que, desde la frontal, soltó un zapatazo que se endiabló al rozar en Diakhaby y se coló por la escuadra. El mediocentro arrancó disparado rumbo a una celebración desatada dada la importancia del momento hasta que se dio cuenta de que un día llevó el brazalete del Valencia y transformó, con mucha dificultad, la sonrisa en un poema y la fiesta en un velatorio. Mientras sus compañeros le daban las gracias, Parejo pidió perdón. Algo que debería hacer Lim con un Valencia que no está a la altura de su palmarés y de su escudo.

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