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Acuña, la excepción de la regla de ponches

Mientras el resto del béisbol se está ponchando cada vez más, Acuña se está ponchando menos. Mucho menos. Ha pasado de poncharse en el 30% de sus visitas al plato el año pasado al 13% este año, la tercera diferencia más grande en las Mayores.

El venezolano Ronald Acuña Jr. batea .327/.424/.702, al frente o empatado en el liderato de las Mayores en carreras anotadas y jonrones, así que usted inmediatamente sabe que está en otro nivel, lo suficientemente impresionante considerando que ya estaba teniendo uno de los inicios de carrera más notables en la historia de las Grandes Ligas.

Quizás eso sea simplemente el inevitable avance de un jugador increíblemente talentoso que apenas cumplió 23 años en diciembre. Quizás sea sólo una tremenda racha para empezar la campaña. Lo más seguro es que sea un poco de las dos cosas. Pero también tiene que ver con esto: ¿Qué tal si, al convertir una debilidad en una fortaleza, Acuña está obligando a los lanzadores a hacer exactamente lo que quiere que hagan, algo que va contra la naturaleza cambiante del béisbol de Grandes Ligas? Vamos a analizarlo.

De acuerdo con MLB.com, mientras el resto del béisbol se está ponchando cada vez más, Acuña se está ponchando menos. Mucho menos. Ha pasado de poncharse en el 30% de sus visitas al plato el año pasado al 13% este año, la tercera diferencia más grande en las Mayores.

Eso es atribuible en gran medida a una masiva mejoría de su disciplina en el plato. Acuña actualmente tiene la cuarta menor tasa de swings a picheos en bola en Grandes Ligas. Obviamente, es mucho más fácil hacer contacto cuando no te pones a buscar los picheos que el lanzador quiere que busques.

Pero mucho de esto se refiere específicamente a lanzamientos diferentes a la recta. Es decir, Acuña ha logrado evitar tirarle a picheos rompientes y lentos alejados de la zona de una forma que no había sido capaz de hacer antes. En sus primeras campañas, le tiró a casi un tercio de esos envíos fuera de la zona, con muy poco éxito (promedio de .170 /slugging de .250 /tasa de ponches del 38%). Este año, le ha tirado a apenas el 21% de los envíos rompientes en bola y el 10% de los picheos lentos. Un grupo reducido de bateadores que han visto al menos 50 de esos lanzamientos han hecho menos swing ante ellos.

Entonces, al Acuña estar haciendo un mejor trabajo no tirándoles a esos picheos, contra los que es poco probable dar un buen batazo, está haciendo swings más productivos. Nadie (que haya visto al menos 100 lanzamientos de este tipo) ha hecho más daño contra picheos distintos a la recta, y la diferencia es bien grande. Nadie tiene un mejor slugging. Sólo cuatro jugadores se han ponchado menos ante ese tipo de lanzamientos. De ellos, dos (el venezolano Luis Arráez y David Fletcher) son bateadores de contacto y poco poder y otro (Charlie Blackmon) juega en Denver, donde esos envíos no se mueven de la misma manera.

Acuña está evitando hacerles swing a picheos malos y rompientes o lentos, el tipo de lanzamiento que el serpentinero quiere que busques. Y debido a esa mejor disciplina, está siendo capaz de conectarles mejor y poncharse menos.

Se trata de una forma fantástica de tener una temporada grandiosa, pero tampoco es el fin de esta historia. Los lanzadores, obviamente, está tomando nota de esto. Mire como lo están atacando, o quizás, mejor dicho, no atacándolo: No le están haciendo tantos picheos rompientes. Casi nunca se los tiran, de hecho. Casi menos que a nadie.

Honestamente, de eso se trata. Está viendo tan pocos picheos rompimientos que de los 258 jugadores que han visto 250 envíos, sólo dos han enfrentado menos – uno de ellos es Cavan Biggio, quien ha demostrado una debilidad ante las rectas en el año.

Ése, obviamente, no es un problema para Acuña. Siempre ha destrozado las rectas y ha continuado haciéndolo. Sólo mire lo que le hizo a esta pobre bola rápida de cuatro costuras de Trevor Williams en Atlanta el 27 de abril.

Ronald Acuña Jr. pega HR de 481 pies

Acuña ha demostrado que ya no persigue los picheos rompientes y los lanzadores no se los lanzan tan a menudo porque sencillamente los destruye.

De hecho, si miras a cada bateador del deporte que ha tenido al menos 30 veces al bate ante rectas y no-rectas, dividiendo la diferencia en la producción, verás la gran discrepancia ante las bolas rápidas. Se demuestra mejor cantidad hacia la otra dirección y con una división tan extrema como la de Acuña — como Didi Gregorius o Mike Moustakas – son menos los que se destacan cerca o al mismo nivel.

Debido a todo esto, Acuña está viendo más rectas y más lanzamientos de poca velocidad – principalmente cambios y rectas de los dedos separados – que, de alguna manera, aún está por poncharse ante algunos de ellos. Si le preguntas a un bateador si quiere ver más rectas, su respuesta probablemente sea: “Sí, por favor”.

Por lo tanto, Acuña ha obligado a los lanzadores a hacer lo que no quieren. De eso se trata la revolución del picheo que lleva a los monticulares a pensar primero en la rotación de la pelota.

Eso va ante la estrategia de picheo de la actualidad. Hay varias razones que explican por qué los ponches están en ascenso, pero una de las principales es que las rectas son más rápidas y a la vez son utilizadas con menos frecuencia. Ya no existe eso de “cuentas de rectas” y a los lanzadores no les preocupa “establecer su recta” como solían hacerlo. En vez de eso, son los lanzamientos con una mayor rotación, creados en laboratorios y diseñados para moverse lo más posible para evitar los batazos de barriles.

No se trata del contacto suave, si no del no-contacto. (Un ejemplo, Clayton Kershaw permite un promedio de .312 cuando se le hace contacto… .000 cuando sí).

Los pitcheos rompientes son los que generan más swings fallidos. Acuña no sólo está haciendo un mejor trabajo dejando pasar lo que no puede batear, sino que está haciendo eso, obligando a los lanzadores a que no se las tiren más. Ése es el truco.

Los mejores bateadores, los buenos de verdad, encuentran sus debilidades y tratan de convertirlas en fortalezas. Hablamos de esto durante buena parte de la carrera de Mike Trout, quien tenía una gran debilidad ante las rectas. Lo solucionó justo a tiempo, cuando las rectas comenzaron a ser más populares. No hay muchos bateadores que puedan estar en un mismo párrafo con Trout. Acuña se está convirtiendo en uno de ellos.

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