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Zulianos olvidan la casa originaria de La Chinita

“Eché raíces en este pueblo glorioso posesión escogida del Señor”. Eclesiástico 1.1-42.14 Allí ocurrió el primer milagro de la Chinita. ¿Cómo sabes papi?. Porque ahí, donde ves ese monumento gigante de nuestra madre era la casa de María Cárdenas señala Juvenal Fernández a su hijo Andrés Gerardo. Algunas gaitas la nombran, la conocen como la viejita lavandera que fue bendecida con la tablita de la Virgen.

María Cárdenas era su nombre, y aunque no haya registros de su existencia, ella sigue tan viva como la “Dama Saladillera”, sigue en la memoria de cronistas e historiadores, de gaiteros, lectores fervientes y religiosos, esos mismos que también vieron en su momento la demolición de la Ermita, la destrucción de la casa de aquella mujer que fue testigo de la iluminación enceguecedora de la Reina Morena. Era la casa N° 5 de la Calle Milagro, “no del Saladillo, como dicen muchos. El Saladillo quedaba detrás de la Basílica”, menciona el historiador Kurt Nagel von Jess.

Fue en 1709, hace 307 año, ese hallazgo, donde la mujer de piel mulata, delgada y de baja estatura gritó: ¡Milagro! Pero no fue hasta 1774 cuando en una visita pastoral el obispo español Mariano Martí, dio el primer testimonio oficial de la Iglesia Universal de la existencia de ese milagro y esa devoción que había ocurrido en el Zulia. En la misma ceremonia también anuncia la existencia de una cofradía que organiza la esta de la Virgen desde 1711.

El relato lo hace el padre Eleuterio Cueva, párroco de la Basílica Nuestra Señora del Chiquinquirá.

El presbítero hace mención del historiador Arístides Rojas quien en 1890 corrobora la existencia de la casa N° 5. “Él dice claramente que allí ocurrió la renovación de la tablita y que es la casa de María Cárdenas”.

A los que les pertenecía por herencia o adquisición decidieron venderla en 1917 a la Basílica, debido al auge que tomó la sagrada reliquia. Los feligreses vieron por última vez la casa de María Cárdenas en 1971, momento en el que el fallecido presidente Rafael Caldera ordenó la demolición del Barrio El Saladillo. En ese entonces gobernaba el Zulia Hilarión Cardozo.

“Prometieron una mejor reconstrucción y lo que hicieron fue un cajón moderno que luego se convirtió en centro de prostitución, baños públicos y un local de huelepegas”, recuerda el sacerdote.

Su excelencia rememora un escrito del padre Roberto Acedo, director del diario “La Columna” quien para 1941, escribió un editorial casi premonitorio donde se ponía desde los zapatos del común plasmando el dolor que sentía al ver el desarraigo que iba creciendo para entonces.

—Aquella capilla se mantiene cerrada como cubierta por un manto funerario como un monumento inamovible y mudo en su relieve externo como un túmulo de cementerio sin la voz vibrante de las campanas—. Más adelante el presbítero que vivía en la Calle Carabobo propone la construcción de un monumento donde se hablare de las Misericordias de María Santísima.

El olvido

Basta caminar por los pisos de granito del Monumento a la Virgen del Chiquinquirá, donde el 24 de marzo de 2004 se erigió la estatua de La Chinita de ocho metros sobre una base de siete, para darse cuenta que la piqueta que destruyó la casa de María Cárdenas borró la memoria del zuliano.

Juvenal le explica a su hijo Andrés que ahí, donde está la Virgen, llegó la tablita después de pasearse por el Lago de Maracaibo. Él es de los pocos que lo recuerda, su abuela, saladillera de nacimiento, se lo contaba.

Mientras tanto, otros caminan, casi trotan. Corren a sus trabajos. Atraviesan los 200 metros de largo sin darse cuenta, solo sabiendo que fue el gobernador Manuel Rosales quien ordenó la construcción, ni siquiera saben que fue el arquitecto Alí Namazi quien revivió con su diseño el lugar donde María, en su advocación de Nuestra Señora del Chiquinquirá hizo su primer milagro, allí, en la casa N° 5.

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