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Ultimátum por quimios

La semana que los padres de niños con cáncer tratados en la Fundación Hospital de Especialidades Pediátricas (FHEP) le dieron a Carlos Rotondaro, presidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), y a Luisana Melo, ministra de Salud, comenzó a correr ayer: si no se pronuncian ahora mismo, la protesta dejará de ser pacífica.

A esa radicalización se sumarán Yeni Molero y Margioré Polo. En la primera la estaba Molero. Y en la mesa de los micrófonos, Ernesto Matos, Aurbert Colina, Karen Rondón y Manuel Barreto, miembros de la recién conformada Sociedad de Padres de Niños con Cáncer.

La mujer se puso el tapabocas en el momento en que Colina tomó la palabra. Las dos son madres de niñas con leucemia. Probablemente, por la mente de Yeni pasó su hija Yuneisky cuando Colina anunciaba el ultimátum al Gobierno.

Quizá Yuneisky tomó protagonismo en la mente de su madre cuando Colina lamentó que en el hospital oncológico faltaran 80 por ciento de los medicamentos necesarios para preparar las quimioterapias de 300 niños y jóvenes de la FHEP.

Las notificaciones que detallan la escasez de medicamentos se envían constantemente a la oficina nacional del IVSS desde abril. Todo cuanto ha estado en manos de los padres para paliar el déficit se ha hecho. Las tomas de calle se desarrollan desde hace seis meses.

Las recaídas aumentaron: si antes reincidía un niño cada seis meses, ahora en un mes caen quince.

Un cirujano para Yuneisky

Margorié Polo no se sentó junto a Yeni. No bajó del piso tres porque no tuvo con quien dejar a Sabrina, de 8 años. A la nena le diagnosticaron leucemia linflobástica mieloide aguda hace año y medio.

Dejó su ciudad, Coro, para centrarse en el cumplimiento del protocolo de tratamiento de la pequeña. Sabrina está en la parte sur del piso tres, donde recluyen a los pacientes más complicados por tener las defensas bajas tras las quimioterapias.

En su lugar, bajó Yeni. Yuneisky tiene 16 años, ya puede estar sola. Aunque tiene dificultades para hablar, pues tras superar la leucemia binofenotípica, una bacteria le destrozó nariz, ojos y mejillas. Ahora su problema no es lidiar con el protocolo de mantenimiento, sino buscar cirujano plástico. —No consigo quién opere a mi hija. Es urgente, por favor (...) A veces no hay ni antibióticos aquí— se lamenta.

Auribert Colina aclaró que si bien en la FHEP se hacen gestiones para dotar de insumos y medicinas, la situación del país es una  tranca fuerte.

Hay medicamentos que compran en Colombia a precios de hiperinflación: una ampolla de Citarabina puede costar 25 mil bolívares. “A la mamá de Isabella, niña fallecida, le estaban exigiendo 20 mil dólares por el trióxido de arsénico”, aseveró Manuel Barreto, padre de Cristian, un pequeño con leucemia linfoblástica aguda.

El Gobierno nacional no aprueba presupuesto para comprar medicamentos en el exterior desde noviembre de 2015.

Protocolos incompletos

La leucemia es una enfermedad maligna de la médula ósea. En otros países, la probabilidad de que un enfermo se cure es de 80 por ciento. Pero en Venezuela, debido a la fallas de distribución y adquisición de medicamentos, esa cifra se transforma en 50.

“Es decir, que de cada 100 niños, pueden morirse 30”, afirmó Ciro Villalobos, farmaceuta de la FHEP.

El jueves pasado llegó un cargamento de 26 principios activos que equivalen a dos mil 86 unidades de medicamentos. “Eso no es suficiente”, sostuvieron los padres.

Richard Hill, director de la FHEP y secretario de Salud, atribuye la escasez a deudas con laboratorios internacionales. El monto deudor supera los seis mil millones de dólares, de acuerdo con estadísticas de la Coalición de Organizaciones por Derecho a la Salud y a la Vida (Codevida).

En “Especialidades” no hay Citarabina en ampollas de 500 y 100 miligramos. Tampoco Mesna. El ácido transretinoico desapareció junto con ifosfamida en ampollas, la hidroxiura en cápsulas y el folinato de calcio en ampollas.

“La citarabina se receta a todo aquel que tenga leucemia. En promedio se prescriben 10 ampollas por cada paciente”, contabilizó Villalobos.

Ernesto Matos, para el momento de la rueda de prensa, mostró el cuaderno de control de Dailis Medina, madre de Joni Acevedo, diagnosticado con osteosarcoma en las rodillas. En el protocolo del jovencito de 16 años faltaban asparaginasa y cardioxane. En el recuadro correspondiente a estas quimios había un guión que indicaba su nulidad: “No las hay”, reclamó Matos.

Si hay alteración en los protocolos, se perturba el tratamiento. El 80 por ciento de los niños de la FHEP amerita medicamentos ausentes. Entre ellos, Yuneisky Molero. Ella, además de un cirujano, precisa su quimioterapia de mantenimiento.

 

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