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TOPE AMERICARGO

Tratar la diabetes se hace un trabajo cuesta arriba

Una caja de 30 pastillas de metformina cuesta Bs. 240 mil; mientras que la insulina N y la R valen 600 mil

Guarda celosamente lo poco que pudo reunir. Sobre la mesa de su sala muestra una inyectadora —que ha usado más de lo debido— y los cuatro biosensores que le quedan para medir la glicemia en sangre. Se le vuelven agua los ojos. Tratar su condición médica no es fácil en la tierra del Salto Ángel.

María Castillo —nombre empleado para el resguardo de su identidad— tiene diabetes tipo II desde hace cinco años. Cuenta solo con el sueldo de su esposo: 177 mil 507 bolívares al mes, y no desecha el instrumento que le permite administrarse insulina tres veces al día porque le es difícil conseguirlo.

“Las agujas son desechables. Hay talleres de formación en los que se les explica a los pacientes cómo sacudir la inyectadora luego de utilizarla para que salga el líquido que queda dentro. Aún así no debe usarse más de cuatro veces porque se corre el riesgo de una infección”, explica Gabriela Palmucci, médico endocrinóloga.

Altos precios

En julio del año en curso, una caja de 30 pastillas de metformina le costó a Castillo 7.600 bolívares. Ese empaque hoy vale 240 mil bolívares. En cinco meses, la infl ación es de 3.000 mil por ciento.

María ya no lo compra, aunque esto ponga en riesgo el control de sus niveles de glucosa. Le es suficiente con el costo de las dos soluciones inyectables que también requiere.

“Al mes debo tener 1 millón 200 mil bolívares porque una caja de insulina N vale 600 mil, al igual que la insulina R y necesito las dos”, lamenta.

Se ausentan

En una farmacia situada en la avenida Padilla un blíster de 15 pastillas de metformina, de 850 miligramos, se consigue en 75 mil bolívares. La encargada de atención al público indica que el producto se vende así porque se importa de Colombia.

“Trabajamos con cuatro droguerías, pero el amaril y el glucofage no llegan aquí desde hace dos años”, señala. Los glucómetros también desaparecieron de ese establecimiento, hace ya un año.

El mismo escenario se presenta en un expendio ubicado en la avenida Delicias, donde cada mes llegan solo 24 cajas de metformina, a 240 mil bolívares.

“Esa es la presentación nacional, que también trae 30 pastillas y es más económica”, informa el encargado de las ventas.

3 veces al día debe inyectarse una persona con diabetes tipo II. El fármaco, que vale Bs. 600 mil, alcanza para solo un mes.

Peligroso cambio de dieta
Nora Sulbarán, de 53 años, también presenta diabetes tipo II. La escasez de alimentos en el país repercute directamente en su salud.

“No debo comer ni arroz ni harina porque se transforman en azúcar, pero es lo que más se consigue”, expresa.

La madre de familia señala que la dieta prescrita por su médico se basa en proteínas, todo tipo de vegetales y frutas como la manzana, el melón y la lechosa.

Añade que el elevado precio de la canasta alimentaria le impide cumplir con su dieta reglamentaria.

“La gente está comiendo arroz con granos o yuca con otros carbohidratos, papas y harina. Hay un desastre en las dietas y el diabético está muy mal controlado. Se presentan complicaciones de todo tipo por ausencia de medicamentos y de cintas reactivas”, dice Gabriela Palmucci, experta en el sistema endocrino.

Las retinopatías (afecciones a la retina del ojo), nefropatías (patologías del riñón), obstrucciones arteriales y amputaciones son algunas de las complicaciones en las que pueden derivar los cambios bruscos de las dietas sugeridas, según detalla la especialista.

Batalla a ciegas
María Castillo “estira” las cintas que posee para examinar la cantidad de azúcar en su sangre. Cada 15 días mide su glucosa, cuando debe hacerlo de manera interdiaria. Su intención es no consumir los biosensores que aún le quedan.

“Los conseguí en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) cerca de la urbanización Urdaneta. Trato de ahorrar porque no se encuentran”.

La mujer de 40 años ingiere regularmente harina, arroz y otros carbohidratos. Subsiste ese lapso de tiempo sin conocer el estado en el que se en cuentra su organismo.

Sin abastecimiento
Hace cuatro años, tanto María como Nora llamaban a la farmacia del Hospital Central de Maracaibo para obtener metformina; pero desde hace más de dos años no consiguen el tratamiento en el referido centro de salud.

“En Estados Unidos, los pacientes con diabetes reciben en sus casas todo lo que necesitan. Allá un par de medias cortas cuesta tres dólares y aquí en Venezuela están inasequibles”, manifiesta Marielena Prieto, vecina de Nora Sulbarán.

Las pacientes esperan que el Estado venezolano garantice la existencia de los fármacos antidiabéticos, que forman parte de la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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