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Sputnik: Pescadoras venezolanas navegan en un mar de desigualdades

Mujeres y hombres de la pesca en Chuao, Puerto Maya, Puerto Cruz, Cepe y Tuja, ubicadas en el estado Aragua (norte), salen al mar en lanchas, que se dividen por turnos, y suelen ser entre 21 y 28 grupos. Sin embargo, la mayoría de las féminas ganan entre 50 y 70 % menos que los hombres

La pesca en Venezuela es todavía un oficio dominado por los hombres, y aunque algunas mujeres residentes de las costas siempre lo han ejercido y ahora cada vez más se suman a la faena para afrontar la compleja situación económica que atraviesa el país, la mayoría reconoce que persisten las desigualdades.

Mujeres y hombres de la pesca en Chuao, Puerto Maya, Puerto Cruz, Cepe y Tuja, ubicadas en el estado Aragua (norte), salen al mar en lanchas, que se dividen por turnos, y suelen ser entre 21 y 28 grupos.

En estas zonas costeras, la población está muy organizada y cada grupo tiene entre tres y cuatro días para lanzar sus redes en las áreas de pesca. Hombres y mujeres salen por igual, usualmente cerca de las 4:00 a.m., y regresan a casa en ocasiones pasadas las 5:00 p.m.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres ganan entre 50 y 70 % menos que los hombres.

“En la manga (red) de nosotros, que es de primos y hermanos, somos 17, y son tres días que uno echa manga al mes; en esos tres días ellos jalaron (pescaron con red) 3 kilos de jurel, y a las mujeres les toca menos que a los varones, porque ellos siempre jalan (recoger la red), y hacen más fuerza y nosotros jalamos los mecates (sogas) y cargamos las cestas; menos presión, pero igualito uno está llevando sol con ellos. Si nosotros ganamos 20 dólares, ellos deben ganar entre 30 y 35 dólares”, dijo a Sputnik la pescadora Jennifer Díaz, de 26 años.

A Puerto Maya y Puerto Cruz es posible llegar en auto, pero para visitar el resto de las zonas costeras a las que llegó esta agencia es necesario navegar. Por ello, la economía se basa en la pesca, la siembra y el turismo.

La crisis económica ha golpeado con especial fuerza al turismo, y la pandemia fue una dura estocada. Según cifras del Consejo Nacional del Turismo, la merma de los ingresos del sector fue de 85 %, y como consecuencia el mar se convirtió en lo más rentable.

“Tengo casi 8 meses pescando y me gusta. A raíz de todo lo que se ha vivido decidí pescar”, dijo a esta agencia Joelidis Borges, de 32 años, quien se ha dedicado a la costura y al turismo.

Como Borges, muchas otras mujeres han decidido dejar su oficio como maestras, cocineras o secretarias, aunque algunas optaron por hacer las dos actividades a la vez, como pueden.

Las restricciones por la pandemia afectaron a quienes viviendo en estas zonas costeras trabajaban en la ciudad.

“Mira, este es un trabajo para hombres, pero en nuestro país (y en) la situación costera esto es lo que hay. Pesco desde hace un año. Es un trabajo fuerte, hay que lanzar azogues, mover lanchas, mover redes. Todas las pescadoras hacemos lo mismo que los pescadores, pero no ganamos lo mismo porque ellos hacen más fuerza que nosotras. Si ellos se ganan 100, nosotras ganamos 80, los buzos ganan más. Yo no buceo porque no tengo quien me enseñe”, dijo Zudey Muñoz, de 41 años, quien también es secretaria.

Trabajo por igual

Entre las consultadas por esta agencia, la desigualdad está tan mimetizada que les cuesta reconocer que es incorrecto ganar menos por ser mujeres, pese a cumplir la misma jornada, y aseguran que se conforman con que les permitan trabajar.

No obstante, en poblaciones como Puerto Cruz y Puerto Maya, la situación suele ser un poco diferente. En estas zonas, algunas mujeres han organizado sus turnos y han comenzado a ganar lo mismo que los hombres.

“En un mes bueno puedo ganar hasta 200 dólares, y en mi grupo hay 10 mujeres, y en el de nosotros hombres y mujeres ganamos igual, solo el buzo (que se encarga de bajar a pulmón para chequear cuántos peces han entrado en la red) gana más”, dijo a esta Angelica Nadera.

En tanto, la pescadora Yaritza Meléndez, de 26 años, contó a esta agencia que ella es la única en su pueblo dueña de su propia red, y aseguró que, aunque ha sido objeto de comentarios discriminatorios, nada agota su temple.

“Es muy fuerte para la mujer, pero igual me gusta ir, siento que tengo que trabajar por lo mío. Sí, existe machismo, pero a veces las mujeres hasta hacemos más que ellos. Una está pendiente, se levanta temprano, pero yo no me dejo en eso de que ‘tú no vas porque no tienes la fuerza’, yo me voy igual”, añadió.

Además del hecho de ganar menos, el trato despectivo fue lo que más mencionaron las mujeres sobre su trabajo. En algunos casos hay hombres que han dicho que prefieren no llevarlas en la lancha, con comentarios como “son de mala suerte como las sirenas” o “ellas no hacen nada”.

Las mujeres están luchando por abrirse cada vez más espacio en el mar, y a pesar de las dificultades que esto trae consigo y el esfuerzo que significa para muchas, que tras concluir una jornada de pesca con mucho desgaste físico, deben llegar a casa a encargarse de sus hijos mientras la mayoría de los hombres van a descansar, nada detiene su impulso a seguir en este campo laboral.

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