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Soraly y Yuriana: las damas de la justicia social

Son dueñas de su verbo. Nacieron con el sentimiento destinado al quehacer social. Amables, espontáneas, generosas e inteligentes. Soraly Arteaga Jurado y Yuriana Guerrero Ramos, son mujeres distintas que se desarrollan en mundos paralelos, pero persiguen un solo fin: El bienestar social.

Ambas pertenecen a la Secretaría de Justicia Familiar del partido Primero Justicia y el rol que desempeñan va más allá de la política. Hurgan entre la barriada, allá en los bajos estratos, pero también les ha tocado lidiar con la sombría vida de abuelos abandonados en ancianatos. No quieren ser ejemplos, quieren dejar huellas y con mayor afán, “cambiar vidas”.

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Yuriana de 26 años, es psicóloga, Soraly de 30 lleva dos profesiones a la par: arquitectura y comunicación social. En su transitar diario han soportado el frío de la soledad en terceros, la hambruna que muchos padecen pero que es desconocida, cosas que Solo Mujeres pueden enfrentar.

“Soy la encargada desde hace tres años en todo el Zulia”, mani esta Soraly explicando cuál es su ocupación dentro de la Secretaría. Con larga cabellera, un rostro armonioso, elegancia impactante y de gran voluntad, la amante del cine sostiene que en la vida la mujer debe cambiar paradigmas y puede llevar a la familia y el mundo profesional a la vez. “Yo ejerzo mis dos carreras, más esto”.

Hablan sobre la labor que desempeñan. Argumentan que estar ahí las ha llenado de valores. Yuriana apuesta a que el bienestar debe ser construido por el más pequeño, pero también por la persona más grande del núcleo familiar. “Antes, estas fundaciones eran dirigidas por mujeres ya establecidas estamos cambiando esquemas y ahora somos mujeres emprendedoras con ganas de luchar por el país, por la ciudad, por eso llevamos actividades educativas a las comunidades, ofrecemos charla sobre el zika, la lactancia materna y el embarazo precoz”, dice la también profesora universitaria.

Creer en otra Venezuela

Han hecho grandes recorridos, ganando historias, impulsando sonrisas. Entre las múltiples actividades que organizan junto a un equipo que cree en el futuro de Venezuela, tienen dos campañas anuales que llevan como bandera: “Un padrino escolar” y “Dona una sonrisa en diciembre”.

Por ahora el descubrimiento de lo que pocos conocen o practican, es para ellas un compromiso. El rescate de los valores y tenderle la mano al que lo necesita es el estandarte que las caracteriza. Yuriana es defensora de la familia. Tiene como lema personal “no subestimar”, sabe que todos tienen posibilidades y capacidades para afrontar cualquier camino con obstáculos. Le gusta sumar voluntades que trabajen por el país.

“Yo tengo una amiga, ella se fue como misionera a España y regresó porque no le gustaba, le dije: ¿sabes qué? Vente conmigo, vámonos a las comunidades no te tienes que ir a África o a España a hacer misiones”, manifestó la amante del estilismo, quien comenta el éxito que significa para ella enlazar su carrera “con lo que hemos escogido como historia de vida”.

Argumenta con certeza que la política debe ir más allá de lo electoral, porque no solo se trata de eso. Se debe llegar a las comunidades. “Lamentablemente no somos Gobierno y no tenemos los recursos, pero hacemos lo posible”.

El encuentro de Soraly ha sido similar. Ella no fue motivada por nadie, desde el colegio salía en defensa de la justicia y lo mismo ha hecho desde hace 14 años. “Cuando la gente tiene la intención de lograr algo, no con un interés propio, si no con interés común, es capaz de regalar una sonrisa, con algún gesto u objeto mínimo. Eso no tiene una ganancia monetaria pero te llena”.

Dulce y amargo

Las vivencias se han tornado más dulces que amargas. Sus familiares muchas veces no comprenden porqué se pierden de reuniones o veladas importantes, pero ellas tienen un norte.

Yuriana, una morena de ojos marrones oscuros y voz suave heredó la vocación de ayuda de su mamá que es médico, pero la perseverancia se la atañe a su abuela, quien fue fundadora de más de 500 jardines de infancia en el Zulia. “Hoy tiene 87 años y está más lúcida que nunca, ella es mi cómplice, mi vida”, expresa con ojos aguarapados. Le ha tocado enseñar y motivar, sin embargo su lucha ha tenido un mal sabor. “Hemos llegado a comunidades donde ni siquiera han hecho la primera comida del día. Ver morir a personas por falta de medicamentos también ha sido duro”.

Soraly agradece la generosidad que muestran los zulianos. “Es ver como se está cayendo su casa pero igual te ofrecen un café, un sancocho”. También ha saboreado lo amargo. Cuenta con asombro y dolor como una vez en el sector “las Tuberías”, un niño indígena moría en sus brazos. “Lo quería llevar a un centro asistencial pero la familia me decía que él había decidido morir en mis brazos, fue doloroso y les devolví al niño porque no me dejaban ni montarlo en el carro”.

 

 

 

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