El diario plural del Zulia

Militares prohíben el fervor chiquinquireño

Con colores pasteles y piedras preciosas estaba vestido el retablo. La Fundación Providencia elaboró el manto sagrado que lució el viernes en su cumpleaños la Virgen del Rosario de Chiquinquirá y enalteció con ello la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar. Este clamor se vio empañado por la presencia inhóspita de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

La santa eucaristía inició con monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo. Unas mil personas se congregaron en la Plazoleta para celebrar los 307 años de La Chinita. A ella en el nicho de las ninfas la bordeaban coronas de ores: girasoles y rosas.

Al inicio de la ceremonia los eles, algunos con ores en manos y otras vestidas con manta, querían pagarle la promesa a la Reina Morena. Hasta la 1:00 de la tarde eso pudo lograrse. Luego la Guardia del Pueblo, acordonando la Plazoleta, limitó el paso desde esa hora para todas las personas que deseaban venerarla de cerca, tocarla y hablarle, agradecerle con fervor lo que con sus benditas manos les ha sanado.

 “Es muy triste que uno venga a un acto de estos y se mezcle la política con la religiosidad. Que uno no pueda llegar ni de cerca”. Mildred Peña llegó ayer de Barinas, ella vino por primera vez a celebrarle el aniversario a “La Chinita”.

Personalidades como el político y representante de la organización civil Soluciones, Claudio Fermín, también llegaron para visitar a La Chinita y los funcionarios le impidieron el paso hacia el templo de San Juan de Dios. Fermín no logró pasar y optó por retirarse. Más tarde, el presidente de la Fundación “Humanismo y Progreso”, Carlos Alaimo, tampoco fue bien recibido por los efectivos militares; sin embargo, el líder de “Pasión por Maracaibo” llamó al párroco del templo, Eleuterio Cuevas, quien dio el permiso para que el también empresario le dedicara minutos de oración a la Virgen Morena. Así ocurrió a las 5:00 de la tarde con la alcaldesa de Maracaibo Eveling de Rosales.

A minutos de iniciar la santa eucaristía, la burgomaestre decidió saltar las barandas de seguridad porque los uniformados le negaron la entrada por el pasillo central. Según fuentes del protocolo de la Basílica, en reuniones previas se había acordado que la entrada por la parte del frente estaba prohibida para las personalidades.

A las 5:30 p. m., Ubaldo Santana comenzó la liturgia. Desde afuera gritaban los fervorosos: ¡Aquí estoy, mi reina! Llegaban y se encontraban con el cordón militar que los mantuvo distantes de la imagen sagrada, lo que generó molestia.

Los 742 Servidores de María estaban presentes en el acto custodiando también a la Patrona del Zulia. Seminaristas, sacerdotes de varios estados del país y diáconos hacían lo propio. Eleuterio Cuevas, párroco de la Basílica y monseñor Víctor Hugo Basabe, obispo de San Felipe acompañaban al Arzobispo.

El malestar era general. “Esto fue un irrespeto para nosotros quienes venimos todos los años y la amamos, la veneramos por ser la madre de nuestro Señor y la reina del Zulia. Estamos indignados”, sostuvo Emérita Paz, quien llegó caminando en muletas desde el sector Haticos. Ella fue a pagar su promesa y no pudo cumplirla a cabalidad. “Los de verde”, como los identificó, no la dejaron.

Las personas se persignaban y le pedían nuevos favores. Pensaron que en la procesión, que comenzaría por la calle 12, Padre Áñez, podrían acercarse más a la “Dama Saladillera”, no fue así. La fuerte custodia permaneció.

 

 

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