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Militares crean “cuello de botella” en la Troncal del Caribe

Guajira. La frontera colombo-venezolana, cerró el libre acceso, por la Guajira, desde el pasado 7 de septiembre de 2015. El caos se hizo efervescente desde entonces. Por comida, por gasolina, por medicinas.

La comunidad que rodea la frontera, o que a diario transita por ella ha denunciado las violaciones que los cuerpos de seguridad ejecutan sobre ellos.

Las alcabalas improvisadas son parte del “negocio”, que según los conductores, han creado los guardias nacionales para “extorsionar y quitar lo poco que llega”. Se hacen largas colas, los choferes permanecen por más de dos horas varados, pues los uniformados impiden el tránsito hacia la Guajira, provocando que el acceso se haga mucho más complicado. Esta alcabala se suma al punto de control Río Limón, donde la espera sobrepasa las tres horas.

Cansado del abuso
“Nos siguen exigiendo las cartas de residencia y en las dos alcabalas hay que pagar 200 bolívares a los “Boleros” de los guardias. Si no llevas nada en el maletero, y si algún pasajero lleva compras, debemos pagar lo que ellos (militares) exijan, que oscila entre 500 o dos mil bolívares”. Así lo denunció Douglas Palmar, Presidente de la línea de carros Paraguaipoa-Sinamaica.

Los conductores que transitan por la vía diariamente, ya están preparados y hasta conocen las paradas que los efectivos militares crean con el objetivo de obtener “dinero fácil”.

“En estas alcabalas lo que hay es una extorsión. Cuando uno pasa te miran el carro por todos lados para encontrarle detalles, a veces dicen que el tanque está alterado y nos llevan al comando; cuando estamos allá nos exigen 30 mil bolívares para salir”, enfatizó Palmar, que además destacó que los vehículos de su líneas les toca atravesar, todos los días, estas supuestas alcabalas para surtir gasolina en las estaciones de servicio del municipio Mara.

Los estudiantes universitarios que viajan en los autobuses de último turno desde Maracaibo hasta la Guajira, llegan a Paraguaipoa cerca de las 11:00 de la noche. La mayoría de ellos no viven en las vías, elemento que hace aún más cuesta arriba la llegada a sus comunidades, pues las unidades de transporte en este municipio dejaron de funcionar en horas nocturnas.

“Aquí se instala Polimara, Policía Regional, Polinacional, Guardias y Ejército, mientras más funcionarios hagan control más largo se nos hace el viaje” añadió Rafael Quintero, conductor de la línea Los Filuos- Nueva Lucha.

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