El diario plural del Zulia
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La crucifixión de los jubilados y pensionados

La Ley del Bono de Medicamentos y Alimentación fue suspendida por el TSJ. Los abuelos exigen las 67 unidades tributarias que les corresponde bajo este concepto.

El silencio en ocasiones sirve para meditar. El silencio puede ser cómplice de pensamientos tristes y oscuros. El silencio puede convertirse en el ruido más ensordecedor para el ser humano. Hay peligro detrás de él, hay depresiones y frustraciones. Así está gran parte de la población de la tercera edad en Venezuela, silenciada. Vive como autómatas: se levantan, piensan en la comida, en el dinero para comprarla. Se despiertan, hacen conciencia de los medicamentos y el dinero vuelve a ser el centro de su preocupación. Todo eso, en silencio.

Carmen Cárdenas, pensionada y jubilada del Ministerio de Educación, también se atormenta cuando abre su nevera y no tiene nada para comer. Ella está en la calle desde hace dos años. Le gusta cantar. El Día Internacional de la Mujer estaba en una esquina, detrás del Paraninfo de la Plaza de la República. Había pancartas alusivas a la efeméride.

La alcaldesa de Maracaibo, Eveling de Rosales, llegó ataviada con una camisa negra y lentes oscuros al sitio donde desde 1945 existe un obelisco de 49 metros de altura. Detrás de ella, 20 damas —entre jóvenes y adultas—, ninguna se parecía a Carmen. Hablaban de derechos humanos, de la igualdad de género y el papel de la mujer en la sociedad. Estaban maquilladas, lucían gorras y camisas de marca, hablaban ante los micrófonos de varios medios.

Me da desesperación / Esta pelea entre hermanos / Me duele en el corazón / Porque soy venezolano. Abre la boca Carmen para seguir cantando. Se ven sus dientes puntiagudos, ya desgastados. Se ve su rostro ya quemado. A dos años del peregrinar por las calles de Maracaibo, la mujer de cabello canoso tiende su mano para pedirle la limosna a un joven que está presenciando la rueda de prensa.

—Necesito comer, ¿me podéis ayudar con algo?, dice.

—Claro, responde el hombre de 28 años. Saca un billete de 100 bolívares y se lo da en sus manos.

Parece una mendiga cualquiera. Una blusa morada con un dibujo desteñido, una falda gris y unos zapatos negros desgastados por el asfalto caliente, la apartan del resto. De los perfumes de Gucci y de los accesorios de tiendas extranjeras. Tan extranjera como se siente ella en su país, porque es invisible ante el otro.

50 mil jubilados hay el sector educativo del estado Zulia, entre el Ministerio de Educación y la Gobernación del Zulia. Ellos pierden el derecho al cestatique y reciben un bono por contribución de 5 mil bolívares.

Carmen forma parte de los 2 millones 976 mil 79 adultos mayores que tiene Venezuela. La cifra corresponde al censo de 2011 publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para la actualidad algunas ONG dicen que el número ascendió a casi cuatro millones y medio de habitantes longevos. Son las 10:00 de la mañana y no ha comido nada. Vomita. Los jugos gástricos hacen estrago en su estómago. Palidece y sigue cantando. La costumbre la hace fuerte.

Son más

Luis Fernando Cabezas, director general de la Asociación Civil Convite, una organización dedicada a velar por los derechos humanos, comenta que según estudios que realizaron y que fueron tomados en una muestra a 37 abuelos, los ciudadanos venezolanos en la edad de la vejez pierden en promedio 1.3 kilogramos por mes.

Para el especialista en gerencia de programas sociales, quien habla a través del teléfono desde Caracas, ser viejo en Venezuela significa una complicación adicional a lo que es ser adulto mayor. Cataloga la tercera edad como un ciclo cronológico de la vida en el cual existen limitaciones físicas y en este caso con raíces en un país que “no está preparado para envejecer”, no lo dice él precisamente, así lo establece la evaluación Global AgeWatch 2014 que realiza anualmente la organización de origen británico HelpAge International quienes colocan a esta nación en el puesto número 76, de 96 países evaluados, quedando por debajo de Chile e incluso Bolivia.

Parece que esas cifras no se equivocan. Carmen fue secretaria de la Escuela Nacional Carlos Luis Rincón Lubo durante 38 años —desde 1963 hasta 2001—. Una carta escrita a lápiz por la mujer fue su puerta de entrada al Ministerio de Educación. La petición fue recibida por el despacho del presidente Raúl Leoni. Esa historia la llena de nostalgia. Sus ojos se inundan de lágrimas. Recuerda al mandatario, al político, a quien la ayudó y la convirtió ahora en una integrante más de la masa de jubilados en el Zulia.

Son 40 mil bolívares de la pensión del Seguro Social y 40 mil más recibe por parte del Ministerio. Esos 80 mil no le alcanzan para nutrirse: comprar arroz, pollo, carne, pasta; tampoco puede mantener la dieta para cuidar sus riñones. Cálculos recurrentes la han llevado en cinco ocasiones al quirófano.

Gasta mensual unos 150 mil bolívares, entre comida, servicios públicos y medicinas; las últimas ya no las compra semanalmente, prefiere no usarlas, encomendarse a Dios y decretar que tiene sanidad en su cuerpo. Es viuda y sin hijos, la esposa de un sobrino es quien le hace la comida.

Eveling de Rosales sale del Paraninfo. Culminó la rueda de prensa. Carmen continúa cantando y vuelve a emprender su peregrinaje. Su destino más cercano es el casco central de la ciudad. Allá continuará reuniendo limosnas mientras se prepara para ser sorprendida por la muerte. Ella la espera resignada.

Por fuera

Cerca de un millón de adultos mayores están por fuera del Seguro Social, refiere Luis Fernando Cabezas. Este sistema está contemplado en la Constitución de la República en su artículo 86. Establece que la seguridad social debe garantizar la salud y proteger a la persona en momentos de contingencias como enfermedades, invalidez, maternidad, riesgos laborales, vejez, viudez, orfandad; particularidades que fueron las que pusieron a Venezuela en lo último de la tabla internacional.

En la valoración británica los factores tomados en cuenta para determinar el desarrollo y la capacidad de los países para sostener a la población de habitantes de tercera edad se incluían la seguridad de los ingresos, salud –esperanza de vida y bienestar psicológico–, capacidades –acceso a educación o trabajo– y entorno –seguridad, libertad cívica, entre otros.

 

Los médicos del Zulia son jubilados con el promedio de los salarios devengados en los últimos 12 meses y no con el último. Pierden los bene cios del cestatique, no cuentan con un seguro de HCM acorde a la situación del país y el deicomiso tiene 15 años inactivo.

 

Esto lo reseña el artículo No es fácil ser viejo en Venezuela, escrito por Cabezas y publicado en 2015 en la revista SIC.

El desmembramiento del sistema de salud en el país es una de las causas por las que los jubilados y pensionados no quieren dejar de trabajar. Los activos son capaces de retrasar la documentación para seguir en las instituciones del estado. Cien mil de ellos lo han hecho. La denuncia fue publicada en los medios de comunicación bajo la declaración de José Antonio García, vocero de la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela.

La razón que los obliga es la pérdida de beneficios como el cestatique. A varios kilómetros de la Plaza Baralt donde está sentada Carmen, está Margarita Luzardo, en una cola de 120 personas en el Banco de Venezuela de la avenida La Limpia, al oeste de la ciudad.

—Eso no alcanza, comenta le comenta Margarita Luzardo a una de sus acompañantes, re riéndose a la pensión.

—Eso dice mi mamá, responde la joven.

Sus 74 años han recaído en una sola pierna donde los cartílagos de la rodilla se deforman, progresivamente. Tiene artrosis. Con un pañuelo se seca el sudor de la cara. Lleva una hora y media esperando para entrar. Quiere verificar por qué no puede cobrar la pensión. La abuela de cuatro nietos trabajó como personal de servicios. Unos 35 años. Lavó y planchó ropa de sus vecinos y referidos. No tuvo cotizaciones y por eso la pensión le llegó tarde. De manera ilegal porque fue incluida luego de pagar 25 mil bolívares, hace cinco años. Es hipertensa y el dinero que sacará de la entidad bancaria será para comprarse el Valsartán que le recetó el médico. Saca 10 bolívares de la cartera, esboza una sonrisa y dice que eso es lo que le queda.

—Once mil bolívares me cuesta la pastilla pa’ la tensión—, vuelve a comentarle a su acompañante más cercano en la fila.

—Sí. Mi papá también las toma, solo llegan las importadas y traen 14 pastillas. A Margarita le van a quedar 29 mil bolívares para todo el mes. No cumplirá con su dieta a base de pollo y pescado. Una crema mentolada en la cabeza es lo único que la aliviará, cuando la tensión suba.

Ley muerta

Durante el periodo de gobernabilidad de Hugo Chávez Frías hubo avances en el sistema contributivo social: un incremento en la cobertura que antes de 1999 solo reconocía el 75 % del salario mínimo y la emisión de los decretos 7.401, 5.316, 5.370 y 7.402 que incorporaba en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales a personas que hubiesen dedicado su vida al comercio informal.

No fue suficiente. El crecimiento desmedido de los índices inflacionarios en el país llevó a la llamada “nueva Asamblea Nacional” proclamada el 5 de enero de 2016 a sancionar una nueva norma que ampare los jubilados y pensionados.

En el Museo de Artes Gráficas Luis Chacón se concentraron a mediados de mes unos 1.500 abuelos. Exigían la aplicación de la ley. Carlos Petit, secretario de la Federación de Trabajadores del Zulia estaba al micrófono. Recordó que la promulgación se hizo el 30 de marzo de 2016 y luego fue declarada constitucional por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), bajo el decreto N° 327 publicado en Gaceta Oficial el 28 de abril del mismo año, luego fue suspendido porque no existía la disposición presupuestaria para ello.

En exposición ante el grupo de abuelos también estuvo Luis Eduardo Díaz, profesor de la Universidad del Zulia y exdirector de la escuela de Derecho. Puntualizó los incumplimientos del Seguro Social y aclaró que no están exigiendo un bono de 108 mil bolívares, como está estimado el cestatique actual, si no el decretado por el ente legislador de 67 unidades tributarias, que se traducen en 20.100 bolívares. Eso fue lo exigido porque la idea era complementar la pensión.

Carmen no está esperando el bono. Para ella no hay representación en los líderes sindicales ni políticos, solo hay intereses. Prefiere seguir con su monedero, cantar y recordar a Leoni, la carta que le escribió y los boleros de Felipe Pirela. De vez en cuando protesta a través de la música de Alí Primera.

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