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“La Ballena Azul” atrapa a escolares de Maracaibo

“La Ballena Azul” es un juego que se viralizó a través de las redes, Facebook, Twitter y YouTube. Se presume su origen en Rusia, gracias a la difusión lograda por la red social Vkontakte (similar a Facebook). Su fundador Phillip Budeikin, un joven de 21 años que se suicidó en su celda el pasado 11 de mayo, confesó que su intención era depurar a la sociedad de aquellos que le harían daño.

Este juego consiste en cumplir con 50 retos por 50 días consecutivos, que van desde las pruebas más sencillas y aparentemente inocentes -como dibujar una ballena azul en una hoja de papel-, hasta la autoagresión –hacerse agujeros en las manos, además de la silueta del cetáceo con una hojilla, en vísperas del suicidio-. Esta amenaza virtual, se expande por Latinoamérica. Colombia, Brasil y Argentina son los países con las cifras de casos reportados más elevadas.

Duilia Andrade, psicólogo conductual de Fe y Alegría, revela que se registraron cuatro casos de niños o adolescentes que trataron de jugar a “La Ballena Azul” en el Zulia. “Dos niños pretendían jugarla inicialmente, pero en total existen cuatro casos (reportados) en el municipio que tuvieron contacto directo con el juego. La mayoría fueron influenciados por compañeros de clases”, explicó.

Los más propensos a participar en el peligroso juego son los niños con entre 8 y 12 años. “Es el rango de edad presentado por las criaturas que intentaron jugar este descabellado reto. Existen niños influenciados por compañeros. Vienen de colegios privados en su totalidad. Hablamos de niños con conductas vulnerables, sin orientación y comunicación familiar. Son los más propensos a caer en el juego”.

La psicóloga detalla las señales que se deberían tomar en cuenta para determinar si un niño o joven es propenso a caer en este tipo de juego. La desatención es clave. “Los niños solitarios y que sean influenciados por compañeros son potenciales víctimas. Suelen ser niños que tienen constante acceso a las redes sociales. Como se presenta en todos los casos, el problema radica en el entorno familiar, pero se proyecta en las aulas de clases, donde debería existir una constante revisión por docentes y representantes”.

Antes de la confirmación de los cuatro casos reportados en Maracaibo trascendió que hubo reportes no confirmados en Barquisimeto y Puerto Ordaz.

Orientación 

Según Fernando Pereira, coordinador general de Centros Comunitarios de Aprendizajes (Cecodap), no existe algún caso efectivo reportado en el resto del país, sin embargo, debido a la globalización, la juventud venezolana está plenamente al tanto del juego y maneja la información.

“Los jóvenes son el blanco perfecto al que va dirigido este juego debido a las características de la pubertad. Una etapa en la que se plantea ser osado, rebelde y asumir retos. En este tiempo son particularmente vulnerables si se encuentran solos, abrumados, si son víctimas de discriminación y exclusión o tienen carencia afectiva”, explica Pereira.

En el escenario venezolano hay que estar especialmente atentos, refirió Pereira, al agregar que la conflictividad social hace que hayan adolescentes que consideran que no tiene sentido estudiar en un país que no ofrece alternativas, ni garantiza un ascenso social y donde se viven confrontaciones a diario, con abundancia de personas desempleadas o que lo que ganan no satisface sus necesidades básicas. Esto hace que muchos se refugien en las redes.

Duilia Andrade orienta a los representantes y los invita a mantener un rol activo con base de información. Hay, a su juicio, que invitar a los niños a conocer la información, pero haciéndoles saber los problemas y dificultades que puede traer un juego de esta magnitud.

Andrade habla de la vulnerabilidad y generaliza, pues el punto está en que no existe distinción en edades. “Todos pasamos por etapas, en las cuales la niñez y la adolescencia invitan a conocer lo indebido, lo que provoque cierto morbo y lo que esté de moda, evidenciando así la vulnerabilidad que persiste en la desinformación”.

Existen casos, insistió, en los cuales los niños que tuvieron contacto con el juego presentan ideas recurrentes en las que son incitados a la agresión hacia sus padres y familiares, por lo cual representantes y directivos de escuelas deben tener un trabajo mancomunado.

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