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“José Antonio Rincón”: El liceo del terror

Carla Isabel Redondo Castillo fue la última víctima mortal del Liceo Nacional Bolivariano “José Antonio Rincón”. Su cuerpo yacía en los salones de la escuela. Fue violada y luego asesinada con una piedra en la cabeza. Es la historia de una institución estadal y no la del éxito de sus estudiantes.

El centro educativo está ubicado en la avenida 11 del sector Luis Ángel García, al oeste de la ciudad, bordeado por la cañada Fénix. Ahí se perpetró el homicidio de Carla el 27 de marzo de 2014. El pánico se apoderó de la comunidad, los profesores, alumnos y directores. Nadie daba crédito a lo sucedido.

El sector con carreteras de arena continúa azotado dos años después. La escuela, sin cerca perimetral, es blanco diario del vandalismo, del robo, de la indolencia.

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Claudia Vizcaíno comenta que trabajan con las uñas. En lo que va de año se han robado cinco aires acondicionados. Han dejado la escuela a oscuras porque también sustrajeron los cables de todo el lugar. No hay escrúpulos. Aunque Carla no estudiaba en el liceo que cuenta con una matrícula de 647 estudiantes, las otras víctimas si lo son. No los han asesinado pero sí agredido. Los han robado dentro de los salones, en las áreas verdes, en el frente, en la cancha y hasta en los baños. Las porteras no hallan qué hacer. “Ellos entran a robar o simplemente a sabotear la clase”, cuando dicen “ellos” se refieren a los antisociales quienes ingresan en plena clase descalzos e investidos de rebeldía. Buscan el miedo en los otros. Buscan torpedear el futuro de los que sí quieren estudiar.

Danilo Moreno es el subdirector del plantel. Él ha visto como han ido desvalijando la institución. Ellos como docentes tienen miedo aunque su vocación no les permita dejar sin educación a los adolescentes.

“Le hemos pedido ayuda a la Gobernación, a la Alcaldía, la Policía Nacional Bolivariana, el Cpbez, Polimaracaibo; a todo el mundo y nadie viene a ayudarnos a resolver”, comentó Moreno.

La puerta de los baños tuvieron que ser soldadas para que no los siguieran desmantelando. “Se llevaron las pocetas, los lavamanos y hasta el hidroneumático, entonces quieren colocarnos horarios especiales para dar clases todo el día. No sé cómo vamos a hacer si no hay agua ni luz en todo el liceo”. Moreno teme que se pierda el presente año escolar porque lo siente comprometido. Nadie los apoya. 

Las madres tienen temor; pre eren que sus hijos no vayan a la escuela antes que los maten.

“Estamos en el frente y nos llegan las motos para decirnos que si nos movemos nos quiebran”, llora Elizabeth Chima, recordando cuando le quitaron el celular a su hija menor. Ella está atemorizada por sus 14 nietos, porque la delincuencia también la viven en plena calle. No hay horarios, solo el amparo de Dios y las paredes de sus casas que a medias los protegen.

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