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Inscripciones, uniformes y útiles escolares: mayor angustia de los zulianos

La compra de uniformes y útiles escolares se parece más a una cacería que al ritual predecible que debería ser: es visitar cuatro, cinco establecimientos comparando precios; es reformular el presupuesto a diario; es embarcarse con los hijos en un viaje por la escasez y altos costos.

“He comparado los precios de los cuadernos y en todas partes, el más barato, cuesta en promedio 760 bolívares. El más caro está en 980 y mil 100. Aún me faltan seis cuadernos”, comenta Nelly Ochoa, en una papelería del casco central. A su hija, que apenas va a comenzar el segundo grado, le piden ocho. Su marido y la pequeña la acompañan en la búsqueda.

“Vine a buscar un libro; pensé que me iba a salir en siete mil, y cuesta cinco mil. El otro, de caligrafía, no se encuentra. Un frasco de pega cuesta mil 200, un borrador 200, una caja de lápices pasa los mil bolívares”.

Ochoa también buscó los precios de los uniformes: las franelas rondaban los tres mil bolívares y los jumpers, aproximadamente, los cinco mil. La inscripción quedó en 15 mil bolívares y la mensualidad en 11 mil. “Este año, una lista de un solo niño, incluyendo los uniformes, pasa los 70 mil bolívares. Es tanto lo que hay que pagar para que empiecen el año escolar. Si bien es cierto que no pierden el cupo, igual hay que pagar todo eso”.

El registro

La fundación Zulia Productivo, que preside el politólogo, Jesús Castillo Molleda, hizo una encuesta a 750 personas entre Maracaibo y San Francisco, del 18 al 22 de julio, y les preguntó —con la libertad de responder lo que quisieran— cuál consideraban que era su principal problema hoy. El 35 por ciento, dijo que la compra de uniformes y útiles escolares; y el 33 por ciento, respondió que el pago de la matrícula. 

Atrás quedó el bajo salario, con 24 por ciento; la inflación, con cuatro por ciento; la escasez, con tres puntos; y la inseguridad, con un punto porcentual. “Estoy comprando útiles para dos ni- ñas de primaria, pero me faltan todavía las que están en la universidad. Conseguí cuadernos en 650. Necesitaba 16, pero como estaban a este precio, aproveché y compré dos docenas”, dice María Fuentes, en una papelería ubicada en La Limpia.

En el carrito de la compra lleva marcadores, lápices, pega y papel bond. Para tercer grado también se requieren ocho cuadernos, incluidos los doble línea y cuadriculados. Fuentes comenta, con jocosidad, que no quiere sacar cuentas de lo que lleva. Solo en cuadernos gastará al menos 15 mil 600 bolívares.

“Con los uniformes, bueno, les tocará reciclar. Las chemises el año pasado estaban como en dos mil bolívares. Y las faldas, también. Ahora están en 13 mil bolívares; será que les compre una sola y que reciclen otra del año pasado”.

Los límites

En la lista que Yanitza Morales ojea de cuando en cuando, hay más de 75 artículos que comprar. “Yo tengo mi lista completa, pero mi hermana está desempleada y aquí estoy ayudándola con la suya de preescolar, que es bastante amplia”. Bastante: mucho papel bond, crepé, lustrillo y de construcción. Se trata de los primeros años de formación, cuando las manualidades son preponderantes.

Lo más caro, asegura, son los monos y el calzado. Un par de zapatos, de buena calidad, pueden costar 23 mil bolívares. También los hay en siete mil, reconoce Yanitza; pero a mitad de año se dañan y hay que reponerlos, por eso pre ere sacrificarse comprando los más costosos.

“Yo soy de Machiques, y allá hay cosas, no sé si a precio viejo, pero aquí están un poquito más caras. Lo que hago es que lo que voy viendo que pueda comprar más sencillo, lo llevo de aquí. El resto lo compraré allá. Aquí lo más accesible son los cuadernos”.

Alberto Quintero ayer había conseguido comprar casi todos los artículos de la lista de su hija, que pasó a tercer grado. No se detuvo a mirar precios. Su presupuesto era de 40 mil bolívares. “Ahora cuando llegue a la caja, que me digan cuánto hace la cuenta. Estoy comprando hasta donde me llegue el bolsillo”.

Cuatro cuadernos, un juego geométrico, un block y varios marcadores y lápices eran las prioridades de los Quintero. De los uniformes, nada habían investigado. “Lo que más me importa es la lista, porque ella puede usar hasta el uniforme anterior, el viejito.

 

 

 

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