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Importación dispara precios de medicamentos

La hipertensión tiene 10 años con Antonia Paz. No menos de cuatro farmacias había visitado ayer, hasta las 10:00 de la mañana. “Nunca llegan”, dijo con voz de reproche frente al encargado de la droguería, quien no vio muy bien su récipe cuando le respondió lo que ya sabía: “No la tenemos”.

Sus pies han llegado hasta el final de Las Pulgas. Allí las conseguía a precios elevados, pero las conseguía. Ahora siguen estando los mismos buhoneros con las mismas cajas para la venta pero esta vez Antonia tiene los bolsillos vacíos.

Al final de la avenida Delicias estaba caminando, buscaba de farmacia en farmacia, por último llegó a una donde pudo encontrar el Valsartán de 80 miligramos por 14 tabletas. “11 mil bolívares”, dice la farmaceuta, seguido: “Son importadas, vienen de Colombia”. Es la única manera que Antonia pueda encontrarlas. A sus 66 años es primera vez que vive una situación similar, donde tiene que elegir entre comer bien y medicarse.

La carestía de estos fármacos que son los más solicitados diariamente, según los encargados de farmacia, se debe a que son importados, en su mayoría, debido a que los laboratorios que quedan en Venezuela han dejado de despachar en 85 %, así lo detalla Haydee Torres de Semprún, presidenta del Colegio de Farmaceutas del estado Zulia.

Así como los antihipertensivos también se encuentran los antibió- ticos. La misma gremialista vivió un episodio con uno de sus nietos. “Estaba enfermo y mi yerno tuvo que comprar la Azitromicina pediátrica en 15 mil bolívares cada frasquito y gastó en lo que necesitaba 60 mil bolívares”, comentó.

La Ciprofloxacina, Azitromicina y la Ampicilina tienen un precio de venta al público de entre 7 mil y 9 mil bolívares, cuando en el 2016 podía costar solo 500 bolívares. Se trata de un incremento de mil 400 por ciento. Mientras tanto, antibióticos como el Fulgran, Cedax y Longacef están completamente escasos.

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La factura de cada cliente marcaba hasta 22 mil bolívares, más de la mitad del sueldo mínimo. Antonia solo recibe la pensión y las 14 tabletas del Valsartán le alcanzaban para siete días y por eso se vio obligada a comprar dos cajas.

El gremio de farmacia ha hecho lo suyo. Se ha reunido con los funcionarios de la Superintendencia de Precios Justos (Sundde) para tratar el tema de la alza de precios. “Recordemos que la importación de medicamentos, mayormente desde Colombia, se hizo por decreto de emergencia económica por parte del gobernador, Francisco Arias Cárdenas. Solo las droguerías pueden hacer esto”, re rió la licenciada.

El gerente de compra de la farmacia Maraplús, Carlos, quien pre rió omitir su apellido, indicó que los medicamentos que son venezolanos aún se consiguen a precios accesibles, en el caso de los hipoglucemiantes, antihipertensivos y antibióticos, el precio ronda entre los 2.000 y los 5.000 bolívares.

Para Torres de Semprún ese es un problema que también existe en el país. Los laboratorios solo quieren despachar a grandes cadenas de farmacias, quedando los establecimientos independientes y de zonas populares sin mercancía que ofrecer. Para ella los medicamentos importados solo están cubriendo el 20 % de las necesidades del pueblo venezolano.

Yorley Valera, encargada de una droguería del norte de la ciudad, recuerda que en 2015 un antihipertensivo costaba 80 bolívares, a mediados de 2016 estaba en 1.400 bolívares y hasta hoy el costo se disparó.

A destiempo

Para Carlos, lo que está haciendo el Gobierno nacional al sincerar los precios llegó tarde. “Ya no tienen dólares y han tenido que importar para poder abastecer a la sociedad venezolana. Eso a mi juicio fue falta de gerencia porque fueron quebrando todos los laboratorios venezolanos debido a que querían regalar todo, en una intención de ayuda o de politiquería”, sentenció.

Antonia no es la única afectada por los altos costos de las medicinas. Está Marta Rivero junto a su hijo Rafael, de 15 años, quien debe tomar anticonvulsivos. Ella no los encuentra y cuando lo hace el precio está por encima de lo que puede pagar. “No hay personas que se conduelan de la situación de nosotros porque los medicamentos están muy caros. A Rafael le dio Neumonía y el antibiótico me salió en 8.500 bolívares”. Su ayuda depende de lo que recoja en los semáforos de Maracaibo, donde pasa día y noche.

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