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Hermanos Ablan, una joya de talento, creatividad y coleccionismo en el Zulia

Los 12 caballeros, la Liga de la Justicia, los personajes de Harry Potter, 30 piezas del Señor de los anillos, incontables personajes de Disney o Warner Bros, así como 47 figuras de la serie de videojuegos de acción-aventura The Legend of Zelda y 131 figuras de amigos de Nintendo son parte de la colección que disponen estos hermanos zulianos que también son pioneros en la creación de dioramas

Una casa del norte de Maracaibo resguarda en su interior una joya del coleccionismo de más de tres décadas. Adentrarse en ella es viajar al pasado y recordar momentos que datan desde los noventas y que pueden variar entre las más de 2.500 piezas que disponen los Hermanos Ablan.

Al llegar a ella se aprecia un hogar cualquiera, pero al estar en su comedor, la perspectiva de la casa cambia. En este espacio de la residencia un centenar de figuras dan la bienvenida, es el trabajo que vienen desarrollado los hermanos  Carlos Luis y Carlos Enrique desde su infancia.

Sin embargo, uno de los cuartos de la casa de esta familia zuliana oculta una mayor sorpresa.  Se trata del llamado “Salón de la justicia”, una habitación que hospeda en sus paredes un incontable  número de figuras y la recreación de sus contextos. Superhéroes, personajes de Disney, Las tortugas ninja, Los Picapiedra, Harry Potter y Los Simpson son algunas de las figuras más vistas.

Los hermanos aseguraron a Versión Final que todo lo que albergan en su morada es “la consolidación de talento, creatividad y coleccionismo”. “Es una triada muy efectiva que busca darle un valor importante a nuestras piezas de colección. Además, adquieren un valor agregado y visualmente lucen hermosas”, refirieron.

Estos morochos marabinos desde muy pequeños tuvieron iniciativa y apego a la creación, pero hace tres décadas no imaginaban que se convertirían en los poseedores de una de las compilaciones más grandes del Zulia.

“Ante todo, la creación estuvo primero que el coleccionismo. Como fanáticos de los dibujos animados, siempre tuvimos esa curiosidad de poseer las figuras que veíamos en la televisión. Hace más de 35 años no teníamos idea de lo que era coleccionar y esas cosas. El único fin era crear y crear, utilizando materiales de desecho o todo a lo que podíamos darle utilidad”, contó Carlos Enrique, quien es educador, mención electricidad.

Al hablar de sus inicios, Carlos Luis recuerda como una de sus primeras obras fue un dibujo que realizó a sus 8 años. Se trata de una forma de poster de Mickey Mouse, “un ícono que ha crecido con las generaciones”.

“El cuadro nació de la necesidad de que queríamos tener los afiches y la única forma de térnelo era haciéndolo. Él (Mouse) está en una aventura donde va a rescatar a Minnie de un villano. Mickey representa tantas cosas, sus valores de trabajo de crecimiento y tantos alcances que Disney  ha logrado con él”, refirió el amante de personajes relacionados con videojuegos o de la factoría Disney y Warner Bros.

Los hermanos también rememoran como en su infancia deseaban los juguetes, así no fueran a travesear con ellos. “Mi papá los compraba y nosotros no los usábamos. Los agarrábamos y creábamos el entorno o el escenario. Todo el contexto”, relató Carlos Luis.

“Dedicarse al coleccionismo tiene aristas muy complejas. Hay de todo para coleccionar. Es increíble lo que puedes encontrar dentro del coleccionismo. Es algo natural que surge, es orgánico, no es que hoy me provoca coleccionar esto o aquello. Se requiere conocimientos suficientes del tipo de objetos que deseas coleccionar y comprender su historia, raíces y especialmente qué representa”, explicó Carlos Luis.

De juguetes a grandes recreaciones

De esta forma nació la idea de hacer lo que hoy en día son minuciosos escenarios que acompañan a las figuras, elementos realizados a la escala exacta del tamaño del personaje. Una escena que es llamada dioramas.

El experto en esta área es Carlos Enrique, quien dijo que le gusta darles vida a las figuras a través de los dioramas por medio de su proceso básico de construcción, el trabajo con las texturas e iluminación.

“La creación de los dioramas puede venir en ciertos casos de alguna figura de colección a la que queremos hacerle su escenario. Es justamente allí, cuando empezamos a diseñar lo que quedaría bien, las texturas y qué color usar”, señaló Carlos Luis, quien afirmó que su especialidad es contraria a la de su hermano, pues se basa más en la parte gráfica, el dibujo y su expresión.

La creación de estos impresionantes escenarios ha sido una de las características que más ha dado a conocer a los Ablan y que mejor ha calado en el público. Entre las más icónicas está el diorama de Star Wars que abarca unos 12 metros, la recreación de la ciudad de Springfield, desarrollada en nueve metros y dividida en al menos ocho edificaciones icónicas de Los Simpsons y la casa de Los Picapiedras. Otro de los más impresionantes es la materialización de la II Guerra Mundial en esta especie de maqueta.

Lo más curioso es que muchos de ellos se desarrollan de materiales de desecho que encuentran en su andar, pese a que muchas de sus creaciones  parecen ser realizadas con instrumentos costosos o que asemejan el hierro, por ejemplo, pero que en realidad puede ser papel o cartón.

“Los dioramas de La guerra de las galaxias lo sacamos de la basura, en la calle, en una montaña de desechos de materiales de máquinas de impresión. Primero llegaron esos materiales y de inmediato, mi hermano Carlos Enrique pensó que encajaba perfectamente con la temática de Star Wars y lo logro”, expresó Carlos Luis.

El educador, con más de 17 años de experiencia, agregó que el crédito de los dioramas es de Carlos Enrique, por “su capacidad de entrega al trabajo a los detalles”.

“Yo me encargo que los colores luzcan acorde a su parte del film, porque, al fin y al cabo, un diorama es la representación de un escenario o ambiente. Es importante cuidar los detalles por respeto a los fans. En todo caso, la creación es responsabilidad de ambos”, puntualizó.

El proceso de materialización es variante, afirmaron, “todo depende de las dimensiones del diorama, el trabajo de texturización, iluminación y otros detalles menores”.

“Es un trabajo que no solo implica la creación de dioramas. Es una corriente más compleja donde están involucrados, de alguna manera,ó mis hermanos Carlos Javier, Catherine, Carla y Floralis,  también de mi mamá Flor. Además, con el apoyo audiovisual de mi sobrina Adriana hacemos el contenido multimedia para las redes sociales. Todos aportan algo en concreto para que una pieza de colección o su diorama esté completo”, dijo Carlos Enrique.

Ambos dieron a conocer que estos elementos son los únicos que comercializan ya que otros coleccionistas buscan realizar las escenificaciones a sus piezas y los buscan a ellos para estas recreaciones.

Pasión familiar que rompe fronteras

Es así como una familia en pleno, dividida entre Chile, Colombia y Venezuela, se suma a esta pasión. La madre de “Los Carlos”, Flor Lugo manifestó a Versión Final que está muy orgullosa de sus hijos porque “han puesto a valer los dones que le ha dado la vida”.

“Dicen que lo que se hereda viene de la madre. Aquí todos son artistas”, enfatizó Lugo, quien se desempeña en el dibujo técnico, la decoración y las manualidades.

La señora Flor señaló que aún no cree la cantidad de piezas que han logrado coleccionar. Señaló que media de su casa está ocupada de esto y  que piensa que para el próximo año deberá montar la decoración navideña en su porche porque de seguro la sala también será tomada para el muestrario.

Sobre la unión de fronteras, la mujer comentó que sus demás hijos se unen sin importar la distancia pues es una pasión que comparten.

“Mi hijo en Chile compra y envía, otra de mis hijas, la que está en Colombia, pasa fotos de materiales y se preocupa por lo que nos haga falta. Ellos son muy unidos”, subrayó.

Lugo resaltó que “la pandemia fue bueno pese a no serla”. Añadió que “para esta casa fue fructífera porque nos dedicamos a crear”.

El amor y la unión familiar también se ve reflejada en la figura que los Ablan consideran la más relevante debido a su procedencia.  “Tenemos piezas muy bonitas, costosas y demás. Pero la más importante es una ranita, un pequeño detalle de mi bisabuela Libia Rosa. Tiene un valor para nosotros incalculable”, dijeron.

“La rana es de los noventa. Ella revisó el closet y sacó la ranita, sabía que la cuidaríamos. Es un valor más sentimental que económico”, argumentó Carlos Luis.

“Más que reunir un grupo de objetos y figuras”

Un pequeño robot llamado Jhonny 5 es quizás, la pieza más especial porque fue la primera creación que realizaron hace más de 25 años. Entre las más antiguas está una Tortuga Ninja que data de 1991 y que ya se ve desgastada.

Otras de las piezas más estimadas son las diseñadas por la compañía Hanna Barbera, la mayoría de estas figuras están protegidas  y comprenden colecciones completas.

Los 12 Caballeros del Zodiaco, la Liga de la Justicia, los personajes de  Harry Potter, 30 piezas del Señor de los anillos, incontables personajes de Disney o Warner Bros, así como 47 figuras de la serie de videojuegos de acción-aventura The Legend of Zelda y 131 figuras de amigos de Nintendo son parte de la colección.

Sobre las piezas de Nintendo, Carlos Luis detalló que cree que son de los pocos coleccionistas venezolanos que las poseen debido a la marca y el poder de adquisición.

Para alcanzar este nivel de compilación los hermanos Ablan han contado con el apoyo de cercanos y lejanos. Algunos de los objetos son donados mientras otros son comprados o adquiridos por medio de intercambios con otros compañeros del gremio.

Esahí donde se desprende la influencia del poder adquisitivo en cuanto a inversión, un factor que se dificulta por la problemática económica de Venezuela.

“Cada pieza tiene un valor más emocional que metálico. Además, esta pasión requiere de una inversión monetaria, primero para mantener las piezas y segundo, para actualizarlas para que no queden incompletas: es un ciclo sin fin”, puntualizó Carlos Luis.

Por su parte, Carlos Enrique señaló que “coleccionar es algo más que reunir un grupo de objetos y figuras”.

“La visión que tiene un coleccionista es muy diferente a otra persona común. Quizás, para muchos sea algo banal una figurita, un carrito o hasta un lápiz, pero para nosotros, por ejemplo, que alguien vea el casco de meteoro y quiera ponérselo representa un valor importantísimo, es como viajar a la niñez y recordar los programas infantiles que nos hacían felices de pequeños”, consideró.

Aceptación y repudio

Ante las reacciones en las personas por su trabajo, los hermanos aseguran que son bien recibidos entre la población.

“La primera impresión es realmente satisfactoria. Al primer contacto visual, piensan que es comprado e importado y luego armado. Y es justamente cuando nos encargamos de explicar que se han utilizado materiales de provecho de cualquier tipo. Entonces llegan las exclamaciones y bendiciones por nuestro trabajo y por el cuidado por cómo se hace”, acentuó el profesor de química.

Carlos Enrique matizó que también es curioso que piensen que son arquitectos o diseñadores. “Honestamente, no hemos estudiado nada de eso, ni remotamente”.

“Todo lo que se hace es pulir los talentos que Dios nos ha otorgado y que todos tenemos en tantísimas formas y colores. Y, en el caso de la receptividad lejana, seguimos trabajando para demostrar que todo se hace manualmente”, reputó.

Geek Fest de Maracaibo

Para finalizar este 2021, lo hermanos Ablan participarán en el evento Geek Fest de Maracaibo, una convención “friki” que reunirá el 4 y 5 de diciembre a lo mejor del  anime, videojuegos y coleccionismo de la ciudad. Un evento que se desarrollará en el hotel Tibisay del Lago.

“Los hermanos Ablan Colección traen para este año los dioramas de Star Wars, The Simpsons y The legend of zelda, entre otras sorpresas. Es importante que asistan para que vean más de 25 metros de material hecho con amor en Maracaibo para el mundo. Es un trabajo muy duro y exigente que se prepara con mucho tiempo. En ese mismo evento presentaremos una muestra simbólica de lo que vendrá para la próxima edición”, estimularon.

Como los Ablan hay un millón de personas que hacen de piezas comunes un mundo mágico e impresionante. Su creatividad y entusiasmo son su estandarte.

 

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