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Fuego afecta a 60 comunidades en la Sierra de Perijá

Dos cafetales y un conuco menos.

—Quemó cafés, café mío y de mi esposa, todo completico; el fuego, fue el fuego (…) Y conuco… allí había toronja mucha y naranja, lechosa también… eh… plátano, ocumo, malanga.

Icoshi, un anciano yukpa de la comunidad Kunana, en Los Ángeles del Tukuko, lo perdió todo. Debe comenzar de nuevo a sembrar para poder subsistir él y su familia y así generar ingresos para pagar el tratamiento contra el cáncer de su mujer.

Ya pasa del mes el incendio forestal que mantiene en llamas la Sierra de Perijá. La cordillera montañosa se desdibuja como acuarela. Familias de sesenta caseríos indígenas respiran humo y probablemente tragan cenizas.

Fray Nelson Sandoval, misionero capuchino del pueblo, lleva la cuenta: son 20 poblaciones arriba y cuarenta abajo.

—¿Dónde hay fuego todavía?— pregunta Fray Nelson a Icoshi.
—Uy… todo arde, arde mucho (…) En Poshochmo, Kanovara, Yurumuto, Zazopa, Shaparro… —responde el yukpa de 83 años.

El Tukuko es una población de paso. Allí residen dos mil 500 personas. Quien deba bajar de la montaña
para llegar a Machiques pasa frente a la casa-hogar de los misioneros capuchinos.

Entre las tierras que conforman las sesenta comunidades indígenas afectadas por el fuego, viven ocho mil yukpas y barís. Los palos se caen. Troncos, árboles y piedras ruedan por la montaña. Es peligroso.

Icoshi, en un castellano muy rudimentario, advierte que hay comunidades enteras atrapadas por escombros que arrastra la montaña y troncos de árboles que se vienen abajo. No hay agua; los ríos se están secando. Y los niños y los animales se enferman.

—Algunos padres no bajan; no cobres, no nada —lamenta Icoshi.

Hay mucha tristeza allá arriba: el miércoles murió un bebé de 11 meses por dificultades respiratorias. El pequeño había presentado un cuadro de gripe, diarrea y vómito, pero la inhalación de humo durante una semana complicó aún más su salud, hasta que falleció.JP INCENDIO FORESTAL SIERRA DE PERIJA FOTO.JAVIER PLAZA (7)

Fray Nelson Sandoval aseguró que entre dos o tres niños de la Sierra son llevados por sus padres al Hospital I Virgen del Carmen, por la propagación de asma, neumonía y faringitis. En la Sierra de Perijá se quemaron, al menos, entre 150 y 200 hectáreas, según la Gobernación del Zulia. El fuego arrasó con media hectárea de café, 16 mil 500 plantas de topocho, cinco mil matas de quinchoncho, 49 mil 500 de yuca y 4 mil 500 de aguacate.

Despliegue operativo
El sábado 12 marzo a las 11:00 am, la temperatura era de 30 grados centígrados. Había 60 por ciento de humedad y 980 de presión atmosférica. Con esas condiciones meteorológicas, aunado al espesor del humo en Los Ángeles del Tukuko, trabajaban setenta hombres de la Aviación Militar Bolivariana, Ejército, Protección Civil Zulia, Servicio de Atención 171, Bomberos forestales de Machiques, voluntarios del Tukuko y funcionarios bomberiles de Táchira y Barinas.

Para entonces no se habían esparcido cenizas pueblo abajo. Instauraron dos vías para extinguir las llamas, una aérea y otra terrestre. El helicóptero Puma de la Aviación Militar hizo 32 descargas entre jueves y viernes. “Fueron 80 mil litros de agua que se vertieron en la Sierra por medio de un sistema mecánico”, explicó Roberto Rodríguez, coordinador del departamento de Prevención de riesgos de Protección Civil Guajira.

La aeronave hace 40 viajes al día. Usa un mecanismo llamado “bambi bucket” capaz de almacenar dos mil 500 litros de agua y verterlos, gracias al sobrevuelo en helicóptero, en las zonas encendidas. Pero ayer se averió y no hubo descarga de agua. “Esperamos que Dios mande la lluvia, si no, se incendia la Sierra”, advierte Sandoval. Desde arriba, chocan a la vista las extensiones de tierra negras y verdes.

Aún hay humo
La montaña detrás de la casa-hogar tiene por nombre piyitary. Es sagrada; su forma es la cara de un indio, según la mitología yukpa. Pero esa cara no se ve, la oculta el humo que parece neblina a primera vista.

Durante todo el sábado hubo humo en la comunidad Saimadoyi. Allí hay 18 familias. Fray Nelson Sandoval vio cómo se perdían sembradíos completos de ñame, plátano, ocumo y malanga y cómo el fuego oscurecía el color natural de las naranjas y quemaba 400 metros de una manguera de agua. Esto “es un drama humanitario”.

Hasta él siente ardor en los ojos e irritación en la garganta por tanto humo. Al final de la tarde del sábado, se “prendió” Marewa, caserío situado al entrar al Tukuko. A la sede de Inparques, donde se instaló el centro de operaciones, fue el cacique a alertar del fuego.

Enseguida, una unidad de Protección Civil inspeccionó la zona y activaron a 10 hombres. Hacia las 6:00 pm se veía una línea de fuego que se doblaba hasta simular una “U” gigante. Esa forma se elevaba sobre las comunidades de Toromo y Kunana. Allá también trabajaban los equipos.

El domingo hubo novedad: mariposas negras volaron por el Tukuko. Eran cenizas. Ayer, el fuego en algunas zonas seguía. Los organismos continúan sus labores. No se irán hasta que cese.

—Tenemos ayuda, pero llegó muy tarde— sentencia Fray Nelson.

Afuera de la iglesia, Icoshi lloraba.

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