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Éxodo a colegios públicos: la realidad obligada de los chamos

A los ocho meses de nacido, Mathías entró en su primer materno escolar. María Peralta, su madre, no se preocupaba, su hijo tenía atención exclusiva; Mathías estaba en una institución privada.

Ahí creció, era su segunda casa. A penas avanzaba se incluía en actividades por las mañanas, y en las tardes, iba a una academia de inglés, un beneficio adicional que María resaltó no tiene la educación pública.

Hace cuatro años atrás, los padres de Mathías pagaban mil 500 bolívares. No fue hasta el pasado año escolar cuando la mensualidad pasó a costar siete mil 500, el monto lo podían costear con los bonos que recibían de las empresas donde trabajaban, pero en enero de este año, les llegó la circular donde el costo por la educación de Mathías sería de 15 mil bolívares al mes. “Eso nos desestabilizó por completo”, expresó María. Pero se hicieron los esfuerzos para que el pequeño continuara en su escuela; aunque en mayo, con el nuevo ajuste salarial, otra circular anunció un nuevo incremento que los sueldos de ambos no podrían cubrir, aunque quisieran. La inscripción pasó a 50 mil, y la mensualidad a 33 mil, para un total de 83 mil bolívares, inconseguibles.

La única opción de María fue un colegio público, y lo lograron, pero la preocupación se mantiene. Teme que su chamo no se adapte a una escuela que ahora es más grande y con más niños, donde la atención no es exclusiva para él y otras comodidades que, asegura, tampoco tienen las instituciones públicas.

Realidad admitida

El director de la Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados (Andiep), Fausto Romeo, admitió la masificación de chamos que se han ido, no solo a colegios públicos sino que muchos han emigrado del país. Ambos casos presentan los mismos riesgos para los niños: el enfrentarse a otro ambiente, alejados de lo que fue su realidad académica por muchos años, deja en incertidumbre el saber si podrán adaptarse.

A esta interrogante se le suman los posibles cierres de instituciones. Romeo resaltó que en la capital del país unas seis ya han sido cerradas, las razones van desde que sale mejor alquilar los edificios para el comercio, o entregar el inmueble porque el alquiler se consume todos los ingresos. Pero incentivó a los líderes de estos centros educativos a “reinventarse. Los planteles privados que no hacen reinversión dentro de su propia estructura de costos, lamentablemente se verán afectados”, acotó. 

El presidente de Andiep indicó que en conversaciones con el para entonces viceministro de Educación, Rodolfo Pérez, en el mes de octubre, le preguntó si estaban preparados para recibir el éxodo, que para la fecha sobrepasaba la cifra de los 80 mil estudiantes. “Dijeron que sí, que estaban dispuestos a recibirlos”, pero Romeo aseguró que la disposición no tapará la de ciencia de las escuelas venezolanas donde, destacó, hacen falta más de cinco mil nuevas infraestructuras; además de los 350 mil docentes que se necesitan en las aulas.

Salario incalculable

Por más cuentas que sacó la señora Lisbeth García, debió inscribir a uno de sus dos hijos a una institución pública. Su niña Adelis Bracho, que pasó todos sus años escolares en una escuela pequeña y privada; hoy deberá cursar su quinto grado en un plantel público.

A principios del año escolar, la mensualidad en el colegio de Adelis subió a seis mil bolívares, y para el inicio de este, ya costaba 10 mil. “Saqué a la niña que va empezando, y dejé al varón que pasó a quinto año, y con todo el sacrificio lograr que termine ahí su bachillerato”, aseguró.

La pequeña Adelis deberá mudarse a casa de uno de sus tíos, cerca de su nueva escuela, pues en La Floresta, donde vive con su madre, no hay colegios públicos cercanos. Le toca desprenderse de su madre, por lo menos en las semanas de clases. 

“Le digo que nos veremos el fin de semana, y se calma un poco, además estará con sus primos y eso también la motiva”, expresó la madre.

Esa técnica espera Lisbeth, que no le falle en el inicio del año escolar; que la compañía familiar le permita mantener sus notas, y mantenga la alegría con la que convivía en su antiguo colegio.

Incontrolable éxodo

Para la presidenta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), seccional Zulia, Marlene Hernández, “no hay salario que permita pagar una institución privada”.

Sin embargo, Hernández consideró que las escuelas públicas están en declive, desde su infraestructura hasta los implementos que tienen los educadores para dictar clases. “No hay materiales didácticos, no hay infraestructura; hay una serie de cadencias que no te permiten garantizar una educación de calidad y por ello las circunstancias obligan a los padres a recurrir al sector privado”.

Además, la presidenta de la FVM acotó que en muchos hogares zulianos, son más de dos niños lo que puedan estar inscritos en una escuela privada, lo que sería para la familia “una misión imposible de sostener”.

La Federación Venezolana de Maestros Zulia no maneja cifras exactas de los estudiantes que han emigrado, sin embargo, Hernández pronosticó que para este inicio de año escolar, las escuelas públicas estarán sobre pobladas.

Las autoridades deben estar atentas de situaciones como los montos elevados en las matrículas, y los niños que quizás no vuelvan a clases por falta de comida, uniforme o útiles escolares, sentenció Marlene Hernández.

 

 

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