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“Es inhumano quitarle la luz a los ancianos”

“Los abuelos se desesperan, gritan, corren, se caen y se golpean duro. Esto es inhumano”, dijo Elizabeth Ramírez, directora y encargada de la Fundación La mano de Dios, al norte de la ciudad.

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En la entrada hay dos abuelos y aunque había luz, los enfermeros abrían algunas ventanas, pues a la 1:00 de la tarde les quitarían el servicio. A las mujeres les recogen su cabello, a los hombres se les pone ropa fresca, el agua está cerca para refrescarles la tarde.

A cualquier hora es un “crimen” quitarle la luz a los viejitos, mencionó Ramírez mientras miraba el bombillo que titilaba anunciando el corte. Ahí se va la luz todos los días, pero la noche son las que desatan más angustia. No tienen la habilidad de un joven, tampoco la cordura.

Los cortes de 7:00 a 10:00 de la noche han dejado tres pacientes hospitalizados. Una de ellas tiene 79 años y en su primer día, en pleno apagón, se enredó con las sábanas, perdió el control y cayó al piso, lesionándose el fémur. Un abuelo de 75 años y una abuelita de 86 también están hospitalizados, ambos por caídas fuertes, contó Ramírez.

“Uno de nuestros abuelos falleció hace poco, no culpo a los apagones, pero sí considero que el fuerte calor fue el indicio del paro”.

Son 70 abuelos los que ahí habitan, todos a paso lento manifiestan el desespero por las altas temperaturas, pues el lugar tiene poca ventilación como medida de protección ante la inseguridad, y por las noches cuando la luz se va, es imposible sacarlos al patio, hay que mantenerlos en calma; su desespero natural por la edad aumenta con la incertidumbre de no ver y no estar frescos.

Un karma. Cuando se va la luz en el día, se quedan sin hielo, la bomba de agua funciona con electricidad, así que bañarlos no es opción; además la ducha los hace propensos a una neumonía, explicó Ramírez. No tienen ayuda, “de los abuelos se olvidaron”, repetía la directora. Venden nata, hacen rifas para seguir ayudando a los ancianos.

“Que no nos quiten la luz, que nos atiendan en Corpoelec y no nos reboten de un lado a otro para sacarnos del cronograma de cortes, aquí hay ancianos”, denunció Ramírez.

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Más ventiladores

Luis Gómez y Ángela Villalobos estaban en el frente de la Casa Hogar Madre Teresa de Calcuta. Cerca de ellos, tres abuelos más, todos echándose aire. Los cortes de luz no son frecuentes, pero los bajones sí, esto los ha dejado sin un aire acondicionado. Recordó la abuela Villalobos que de noche es desesperante porque “no nos pueden sacar, nos desvelamos y luego cuesta dormir”.

No recuerda cuántas veces se ha ido la luz, pero sí que sufre del corazón y que el calor le aumenta la presión arterial. María Morán miraba al cielo con su abanico negro. Esperaba a su hijo, pero deseaba aún más que cesara el calor.

“Es fuerte, aquí hace mucho calor, soplo y soplo pero nada”, repetía mientras se abanicaba. En la sala de descanso la acompañaban unos 20 abuelos, de 38 que albergan en esta casa hogar, algunos los dormía el calor, otros pedían a los médicos o ayudantes que los acercaran al único ventilador que prende en esa área.

“Aquí uno suda hasta el cerebro”, expresó la señora de 94 años. “Nadie nos ayuda con eso y es necesario porque los viejitos necesitan estar frescos y quisiéramos esa ayuda”, pidió la directora y encargada Betzi Ferrer.

 

 

 

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