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El valor que mueve montañas

Un padre de familia rezó por la sanación de su hijo mayor y encontró un impulso para salir adelante. Versión Final presenta una entrega más de su campaña #SoyCiudadano

Alexis Muñi, de 10 años, se desmayaba en clase cada vez más seguido. Sus compañeros de aula, profesores y familiares estaban angustiados. Urgía hacer algo.

Una extensa lista de exámenes se le practicó al pequeño estudiante de quinto grado, quien presentaba las repentinas descompensaciones desde hacía dos meses. Los especialistas del Servicio Autónomo Hospital Universitario de Maracaibo (Sahum) precisaron el origen de los males: el menor sufría leucemia en su fase inicial.

“¿Por qué a nosotros?, ¿por qué a nosotros?”, repetía Alexis padre en los pasillos del centro de salud público, luego de recoger los desalentadores resultados con el diagnóstico. Y lloró de desesperación. No podía asimilar que su primogénito padeciera de cáncer en los tejidos sanguíneos. La preocupación del técnico automotor aumentó al pensar en que no contaba con recursos económicos suficientes para iniciar un tratamiento con quimioterapias.

El refugio inmediato fue la fe. El día en el que Alexis recibió la noticia se dirigió a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en el casco central de Maracaibo. “Yo te juro, madre mía, que si mi hijo se salva caminaré de rodillas los 18 de noviembre de cada año hasta que él cumpla 18 años de edad”, imploró.

Un lustro ha pasado. El áspero concreto de la nave central que conduce al templo de la Patrona de los zulianos ya es camino conocido para el padre de familia. La devoción que siente hacia la madre de Dios le concedió la dicha de ver a su hijo sano sin necesidad de intervención quirúrgica alguna. “La fe mueve montañas”, reza un dicho popular.

Entrega total

Cada 18 de noviembre se celebra en Venezuela el día de la Virgen Chinita, por tratarse de la fecha en la que una tablita con su imagen brilló en la sencilla casa de una lavandera llamada María Cárdenas, en el año 1709. El marullo del Lago de Maracaibo fue el encargado de conducir a la reliquia hasta las orillas de la ciudad que luego la acogería.

A las 6:00 de la tarde del pasado sábado, 18 de noviembre de 2017, el clero zuliano se congregó a las afueras de la Basílica y se preparaba para celebrar los 308 años de la morenita de ojos achinados.

Aún no empezaba la eucaristía. Alexis se apoyaba en los brazos de sus hijos. Por quinto año seguido, caminó de rodillas, desde la avenida 12 Venezuela, en medio de la multitud que se congrega en el templo. “El que me sigue no caminará en tinieblas”, pronunciaba justamente en ese momento, oportunamente, uno de los encargados de las lecturas de la misa. Alexis hoy tiene 15 años de edad, no ha vuelto a desmayarse. Cada examen médico que se practica confirma su buen estado de salud.

“Le pedí mucho a la Chinita, junto a mi esposa, y nos concedió el milagro. Seguiré viniendo los tres años que restan para cumplir con lo que prometimos a cambio de la recuperación de nuestro hijo”, expresó el hombre.

Milagros de amor

El día de la Campeona de la Salud, miles de feligreses acostumbran pagar promesas por los favores concedidos. Rosas, estampitas y medallitas son algunos de los obsequios que se entregan en señal de gratitud. Hay quienes viajan desde otros estados del país solo para ello.

Rey García viajó desde Táchira para festejar su cumpleaños número 25, que coincide con la festividad de la Reina Morena. “Creo fervientemente en Dios y en la Virgen. Vine a traerle unas rosas para luego regresar al terminal”, compartió.

María de Medina, de 64 años, camina con dificultad desde hace cuatro meses. Tiene desgaste en el disco C-5 de la columna. A pesar de su edad, asiste cada año a la misa en honor a la Virgen. “Mi hija Alianys Medina convulsionaba a los dos años de edad. Tuvo fiebre de 42 grados. Le pedí a la Virgen que mi pequeña no quedara epiléptica. Hoy ella tiene 34 años de edad y está sana”, expresó la mujer, con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta.

Fortaleza para el alma

La psicoterapeuta Anabell Pérez, quien cuenta con más de cinco años de ejercicio, explica que los seres humanos poseen cinco emociones centrales que son: miedo, felicidad, amor,  tristeza y molestia.

“La devoción muta del amor. Es la idolatría a una situación o persona. Moviliza hacia conseguir los objetivos porque nos permite centrarnos en energías positivas”. Añade que la devoción no solo tiene que ver con la espiritualidad, sino con todo lo que se ama y en lo que se cree.

La especialista afirma que el 78.8 % de las personas que no creen en nada terminan en una despersonalización. “Necesitamos creer en algo. Las emociones son necesarias ante ciertas situaciones. Si no sintiéramos miedo no nos alejaríamos al ver un edificio en llamas, por ejemplo. La tristeza es necesaria y la devoción también lo es, porque nos permite salir adelante al sentir miedo”, asegura.

Alexis concentró sus esfuerzos en no dejarse embargar por el temor; contagió a su hijo de fuerzas positivas. Su devoción es el pilar en el que se apoya cada día de su vida; es el sostén en el que se reclina para caminar hacia la paz.

 

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