El diario plural del Zulia

El valor de tener conciencia

La responsabilidad, honestidad y libertad pueden solidificar bases para salir de situaciones que comprometen la salud

Corría el mes de julio del 2012. Los días de Carolina Morales, una maracucha residenciada en Caracas por motivos laborales, transcurrían entre su trabajo y la residencia donde habita.

Su vida estaba centrada en generar ingresos para proveer a su madre, a quien había dejado en la ciudad de Maracaibo.

Fue el 13 de julio de ese mismo año cuando conoció a quien, cinco meses más tarde, se convertiría en su esposo. “Todo fue muy rápido. La relación fluía bien y decidimos al poco tiempo casarnos, formar una familia, y así lo hicimos en diciembre de 2012. Allí comenzó mi pesadilla. Él empezó a mostrar su verdadera personalidad. Comencé a descubrir mentira tras mentira, pero en nombre del amor que le tenía volvía a caer en sus palabras. Era como un círculo vicioso”, detalla.

En octubre de 2013, un positivo llenó de felicidad su decadente matrimonio. Carolina había quedado embarazada y la noticia trajo felicidad.

Aunque fue un embarazo de alto riesgo, y entre los altibajos de su matrimonio, recuerda la época “como la mejor” de la relación. Tras el nacimiento del bebé, en julio de 2014, Morales se enfrentó a una depresión postparto, que se intensificó con los continuos problemas en su relación.

“Comenzaron las infidelidades. En diciembre de ese año, nos dejó al bebé y a mí en plena Navidad. Todo fue muy duro, me sentí devastada al ver tan fracturado mi matrimonio y mi familia. Él apareció en enero de 2015, y en nombre del amor, del bebé y de la familia, me pidió regresar e intentarlo de nuevo, y accedí”, añade.

La felicidad duró menos de cuatro meses. “Caí en cuenta que era mitómano, decía una mentira tras otra, y llegó un momento en el que no pudo sostenerlas más. Le pedí que buscara ayuda. Nunca lo permitió”, comenta.

El despertar

La zuliana recuerda que en julio de 2015 se enteró de una nueva infidelidad. Fue la estocada que la hizo despertar: “Eran muy seguidas las peleas y la violencia, que aunque no fue física, sí fue verbal. Todo comenzó a afectar a mi hijo, que se volvió un niño intranquilo, no dormía bien y lloraba mucho. Un día lo miré y prometí amarme más, amarlo más a él y no permitir más humillaciones de mi entonces esposo”, señala.

Morales estaba decidida a iniciar una nueva vida llena de amor propio y lejos del apego emocional, y así lo hizo. “Nos separamos. Me di cuenta que no estaba viviendo una vida sana y comencé a entender que lo esencial debía ser el amor hacia mí, el respeto, incluso hacia mi hijo, quien también sufría. Me hice una promesa, me comprometí conmigo misma y empecé a actuar”, agrega.

Esfuerzos por encima de lo común Y es que el compromiso como valor personal implica utilizar estrategias y habilidades para cumplir con un objetivo trazado. “El compromiso implica que haces un esfuerzo por encima de lo común para llegar a eso (...) Cuando se está en una situación negativa te relacionas con personas tóxicas, mal habladas, que son hirientes en su comunicación, te vas llenando de una energía y una sensación negativa que va disminuyendo el autoestima y eso te lleva a un descuido, desde el punto físico”, explica la psicóloga social Leticia Prieto de Alizo.

Tras el desgaste emocional que había provocado su matrimonio, Carolina buscó ayuda profesional, inició terapias, empezó a realizar actividades alternas a su trabajo y al cuidado de su hijo. “Comprendí que el primer compromiso es conmigo. Mi salud emocional estaba por el suelo y solo yo tenía la responsabilidad de rescatarla, de actuar y generar cambios”, acota.

La doctora Prieto de Alizo considera que el compromiso es más emocional que racional, y acarrea un interés personal para lograr algo. Para la también profesora universitaria este valor es una decisión que requiere honestidad, responsabilidad y libertad.

A su juicio, además, conlleva a la toma de consciencia. “Nadie me puede decir que estoy mal. Mientras yo no tome consciencia no me comprometo a actuar (...) Mientras yo no soy consciente de nada, no me comprometo”, puntualiza.

Desde casa

Para la docente Johana Soto, dedicada a promover valores en las aulas del Centro de Educación Las Margaritas, en el estado Miranda, el compromiso es uno de los valores esenciales que puede tener una persona en su formación y debe promoverse desde casa.

Cree que el referido valor demanda pasión y voluntad. “Si no hay pasión ni voluntad para cumplir con lo acordado con uno mismo, con lo que se ha quedado comprometido, entonces todo puede quedar en palabras, sin acciones. Todo va de la mano”, agrega.

Historias como la de Carolina nos invitan a ser ciudadanos más conscientes y comprometidos en lo personal.

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