El diario plural del Zulia
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Crónica// Todo por él

María Isabelina lloró y se abrazó con sus padres y hermanos antes de abordar el avión. Astolfo, su esposo, con el pequeño Miguel Ángel en brazos, oró ante la réplica de la Chinita. Tocó transitar el largo pasillo del aeropuerto con el corazón exaltado y un dolor desgarrador.

El destino fue España, tierra de donde llegó su padre hace 48 años siendo un capuchino con órdenes de llevar el evangelio y que, finalmente, años después, conoció el amor y formó familia en Zulia. María tiene un colchón sentimental en Castilla La Mancha, pueblo de origen de su progenitor, allí aún viven tíos y primos, pero ella y su esposo han decidido buscar suerte más cerca de Madrid.

La llegada fue una bendición. El hermano mayor de Astolfo, Ramón, los ha recibido abiertamente en su casa de Paracuellos de Jarama. Él, también emigrante, con trabajo solvente y estable, les ha pedido que aguarden unos meses y se sientan seguros en su techo, una mano de gracia en un país con más de 5 millones de personas “en el paro”, desempleadas a la criolla, tras la crisis desatada en 2008 con la burbuja inmobiliaria que hundió la economía mundial y que aún hoy lacera a la península ibérica.

El pequeño Miguel Ángel ha cumplido recientemente los dos años y juega entretenido con su primo Alberto, hijo de Ramón y su esposa Andrea. Hacen una buena dupla. Alberto lo protege a donde van. Miguel Ángel siente el frío y le gusta, va al parque que tiene muchos verdes y corre libre, anda feliz. María Isabelina y Astolfo lo ven y lo disfrutan.

Dos profesionales

Ella es licenciada en Letras con maestrías; él, abogado. Ella dedicó años a formar niños como maestra en Palito Blanco, una zona depauperada de su Maracaibo natal. Le gustaba su trabajo, aunque el disminuido salario (9 mil bolívares) resultase algo más simbólico que funcional en el país de la descomunal inflación de casi 200%.

Adolfo administraba una empresa familiar de corretaje de seguros que apuntalaron sus padres con años de trabajo. Pero ambos acordaron unir esfuerzos para emigrar de la Venezuela que le devoraba la tranquilidad.

Cada pasaje costó el equivalente a 4 años y medio de trabajo de María Isabelina. Claro está, salieron de los ahorros familiares, jamás del sueldo de ella. La nacionalidad española de María Isabelina le permitió recibir de entrada una ayuda del Estado español de 480 euros mientras estuviera sin trabajo.

El resto de los gastos se pagaban con el pulmón de los ahorros que, aunque suelen rendir en Europa, si no hay entrada fija, terminan minándose. Incluso, con nacionalidad, debió pasar cerca de seis meses para hallar algo: Encargada de caja en una tienda de ropa de hombres en el centro de Madrid.

El día del debut pasó diez horas de pie. Su error fue ir entaconada, pero la presencia es importante en la tienda, muy importante. Hubo trabajo y en todo rindió impulsada por unas ganas de demostrar capacidad y de proteger la incipiente estabilidad que comienza a sentir en un país que, pese a sus crisis, le ofrece claridad en comparación con la oscuridad del suyo.

Toma el metro de vuelta a la casa de Paracuellos. 1 hora 20 minutos de recorrido. Al sentarse su teléfono suena, es su hermana desde Maracaibo.

Feliz, le cuenta su primer día en la tienda, se sonríen ambas, María Isabelina tiene ampollas en los pies, pero está feliz, pese a la lejanía de su hermanos y padres está feliz, su entrega es por el futuro de su pequeño hijo Miguel Ángel

 

 

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