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Cortes de electricidad afectan la recolección de agua, trabajo y cotidianidad del zuliano

Un centenar de zulianos manifestaron, en una encuesta que realizada por Versión Final en Instagram, que se sienten agobiados ante la situación eléctrica del estado. Según los participantes la dificultad para la recolección de agua con bombas, trabajo, descanso y salud mental son las áreas más afectadas en las labores rutinarias

Los vecinos del barrio San José amanecieron este jueves con los tanques vacíos y grandes ojeras, ayer les tocaba el servicio de agua y tuvieron racionamiento eléctrico. Mientras que Alejandro y Maryorit, quienes viven en el Oeste y Centro de Maracaibo, respectivamente, trabajaron en la madrugada debido a que en el día no cuentan con luz artificial.

Así es la vida de los zulianos quienes se ven agobiados por la inestabilidad eléctrica que afecta todos los sentidos de la vida cotidiana en medio del confinamiento por el coronavirus.

Una situación que plantearon un centenar de ciudadanos en una encuesta realizada en el Instagram de Versión Final, donde se les preguntó qué limitaciones traían los racionamientos eléctricos en sus actividades rutinarias.

Luz Arena, habitante del barrio San José, relata cómo el inestable servicio eléctrico le dificulta sus quehaceres diarios. La recolección de agua potable es su mayor “tormento”, pues cuando le llega no cuenta con luz y por gravedad el líquido no fluye.

 

El surtido de agua es dificultoso porque en San José hay pequeñas colinas, con muchas bajadas y subidas (…) por acá no fluye el agua normal sino por bombeo. Para que podamos recibirla, Hidrolago debe bombear y nosotros tenemos que usar obligatoriamente las bombas para sacarla de la tubería madre”, añade Arena, al enfatizar que son unas 1.500 familias afectadas.

Además, agrega la marabina, “las últimas semanas, en los días que nos toca, dos veces se ha interrumpido”, dice al detallar que el domingo, 6  de septiembre, les había llegado el agua pero solo pudieron agarrar por dos horas antes que se registrara el apagón que dejó a oscuras a una parte del Zulia.

Lo mismo nos ocurrió este miércoles, la luz se fue en la noche y nos tocó despertarnos cuando regresó para lograr recolectar el agua. Estuvimos desde las 3:20 a.m. hasta las 5:00 de la mañana”, asegura Arena, quien tras amanecer debió continuar su jornada laboral virtual hasta que un nuevo corte eléctrico se lo permitiera.

Lamentan declaraciones del gobernador

Arena lamenta que el Zulia viva esta carencia a cualquier hora pese a que el gobernador de la entidad, Omar Prieto, aseguró el pasado 7 de septiembre que la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) aplicaría un Plan de Administración de Carga (PAC) de “cuatro horas o menos” pero sin horarios específicos “por diferentes razones en los municipios del estado”.

Este pronunciamiento ocurrió luego que el domingo, 6 de septiembre, Maracaibo y la Costa Occidental del Lago quedarán a oscuras tras una falla en la estación El Tablazo. Un incidente que muchos pensaron que sería la reedición del apagón del 7 de marzo de 2019.

A unos cuantos kilómetros de San José, en el barrio El Libertador, los vecinos repudian las declaraciones de Prieto debido a que aseguran vivir la misma realidad con mayor dificultad. Los ciudadanos explican que pueden pasar hasta 10 horas sin luz dividida en diversos cortes al día. Mientras que el líquido vital llega cada 15 o 20 días y cuando no ocurre deben ir a zonas aledañas a obtener el tan preciado servicio.

Secuelas del apagón de 2019

Por su parte, Maira Mava manifiesta que la situación es “sin duda alguna la secuela” del apagón del 7-M. Amanecer con la bomba en el frente de su casa o tener que llenar a fuerza de baldes sus pipas y hasta el tanque son algunas de las maniobras que realiza la abuela, de 74 años, para no quedar sin agua cuando no tiene electricidad, acciones que también realizó mientras ocurría el apagón en 2019.

Nava señala que no ve agua por gravedad desde hace unos cinco años y que sus hijos tuvieron que romper el asfaltado para pegar la tubería de su casa a la vía madre. Después de hacer esto pensó que sus problemas se acabarían, sin embargo, la deficiencia eléctrica le ha traído nuevos retos.

La marabina afirma que otros de sus temores es que se le queme la bomba en una de las tantas fluctuaciones eléctricas que agobian al Oeste de Maracaibo.

La abuela añade que la temporada de lluvias le ha permitido surtirse “milagrosamente” de agua ya que desde hace 15 días no sabe del vital líquido. Pese a esto teme que llueva y no pueda conectar su bomba debido a que está al aire libre y en un “hueco” que se rebosa al llover.

La recolección de agua potable no sólo fue una de las limitaciones que plantearon los usuarios de la red social. Dificultad para el trabajo, descanso, distracción y el “desarrollo de una vida normal” fueron algunas de las repuestas de los internautas.

Según @jessy_2508, la situación eléctrica en el estado occidental es “una tortura sin esperanza y dolientes”. Mientras que @dfneocando denunció que las autoridades regionales juegan con la salud psicológica del ciudadano.

Esta situación es un desgaste físico y mental”, “Todas las labores diarias se atrasan”, “No dejan  dormir y se enferman las personas”, “Me acortan la vida, soy hipertensa”, fueron algunas de las respuestas de los zulianos.

Por su parte, Maryorit Morales respondió que el estado eléctrico del Zulia la deja sin alimento y dinero, debido que al irse la luz queda sin poder trabajar y por tanto hacer el sustento diario.

Alejandro Flores asegura ser otro de los afectados de los cortes inesperados de la luz, situación que catalogó como “el arbolito” que hace que muchas veces deba diseñar en plena madrugada.

El diseñador gráfico, de 23 años, destaca que descansa y duerme cuando no tiene luz y cuando hay debe levantarse a trabajar.

Todos los participantes de la encuesta, 168 en su total, manifestaron desagrado ante la crisis eléctrica que asfixia el Zulia. Sin embargo, algunos desearon y pidieron a Dios que mejore esta realidad.

Tal es el caso de Maryorit Morales y Maira Nava. Las zulianas imploraron una mejor calidad de vida y sabiduría para quienes manejas los servicios públicos del estado.

Otros solo manifestaron tener esperanza para la restitución de la normalidad “nada como una mejor calidad de vida” con servicios públicos estables.

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