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Autoridades rescatan a 90 niños de la calle

Deambulan por los andenes. En las manos llevan caramelos, chupetas, guarapos de panela con limón e incluso recetas por supuestas enfermedades. Otros solo piden dinero. En el Terminal de Pasajeros la situación de calle de los niños zulianos es más notoria. Son fantasmas en cada bus. Hablan para vender la mercancía y poder llevarse la comida a la boca.

Lo mismo ocurre en la zona de los plataneros, en la avenida Libertador. La prostitución infantil ha sido denunciada a través de Versión Final por Oswaldo Márquez, representante principal de la Asociación de Plataneros del Estado Zulia (Asovenplat). Así están. En los semáforos, por los calle- jones y en los buses de rutas urbanas.

En la reseña del miércoles 7  de septiembre se especificó que ya eran 150 los infantes que acuden a la zona platanera. Algunos venden su cuerpo y el resto están dispuestos a robar o a pedir. Esta situación se repite en el terminal, razón que llevó al director Nerio Moreno a buscar ayuda con las autoridades.

Ayer, ese grupo de menores estaban reunidos en la sala de espera. Sus cabellos amarillos, piel quemada y sucia, vestimenta rota, y su edad, sobre todo su edad, llamaban la atención de los turistas. Alrededor de ellos funcionarios de la Policía Municipal de Maracaibo y del Centro de Orientación Familiar Divino Niño los resguardaban.

Soraya Valbuena, coordinadora de la institución, conversó sobre el rescate de los infantes que merodean la institución. “Es un operativo de emergencia en vista de la situación que han venido denunciando. Hay vulneración de los derechos del niño, como por ejemplo el derecho al estudio, a su integridad física por todo lo que puede ocurrirles a ellos acá”.

A la coordinadora le preocupa la cantidad de niños que se encuentran como vendedores informales en el lugar. Hace dos semanas hicieron el primer operativo y lograron rescatar a 51 infantes y este viernes fueron 40 – 91 en total–. No son las mismas caras, ni los mismos perfiles, aparecen pequeños con nuevas necesidades cuando no han llegado ni a primer grado. “Hemos tenido desde los seis hasta los 17 años”, relata Soraya.

En algunos casos llegan con sus madres quienes también son vendedoras informales. Ellas los dejan como si fueran una sucursal de sus productos, y se van. Deben defenderse solos. Según narra Moisés Fernández, trabajador del terminal.

En las sillas metálicas, sentada en las piernas de una adolescente estaba llorando una niña de unos cuatro años, quería a su mamá. A su lado estaba otro niño. Los tres se suben a los buses a pedir dinero. “El caso de ella –refiriéndose a la adolescente– es reiterativo, no es primera vez que la vemos. Vamos a investigar quién les da a esos niños, porque en ocasiones está con uno más pequeño”, prosigue Soraya.

La permisología para trabajar la pueden tener desde los 14 años, pero bajo instituciones con figura jurídica. Se ha descubierto que hay personas que les dan mil bolívares diarios por vender tequeños. “Son una cantidad importante y estamos indagando eso para ver quién les da trabajo”, dice la coordinadora.

Acota que en la mayoría de los casos son niños de la etnia wayuu. En esta ocasión esperaron a sus representantes. Debían firmar una carta donde se comprometían a no seguir vulnerando los derechos de los menores. En caso que no aparecieran los representantes o que fuera repetitivo buscarían la manera de informarle al Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes para saber cuál va a ser el destino de los niños.

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