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Ausencia policial desata venta ilegal de medicinas

Dos policías tomaban café en un callejón sin salida en el Unicentro Las Pulgas, el mercado citadino más representativo. Ese callejón, “cundido” de cartones de huevos y cucarachas, lleva al pasillo 101, donde se concentran entre 40 y 50 mesas con medicamentos. Justo cuando miraron, pasó un muchacho indígena con una bolsa negra, sellada. Todos sabían lo que llevaba ahí, inclusive los uniformados.

—“Gordo”, la Coraspirina, ¿la queréis?— se apura en decir el joven.

Los oficiales escucharon, y no se pronunciaron, no reaccionaron. Por su seguridad, solo proceden si hay operativos para combatir la venta especulativa de productos regulados y medicinas que no poseen facturación. Mercancía “seca”.

Más de 250 cuadrantes abarca la gran misión “A toda vida Venezuela” en Zulia, y desde el año pasado, principios, tienen un foco: Las Pulgas. Hacen recorridos “sorpresa” distribuidos en períodos álgidos. El último fue en las festividades de Carnaval, e incautaron toneladas de medicinas y comida regulada. Giovanny Villalobos, secretario de Gobierno, no recuerda una cifra con exactitud.

En Las Pulgas coinciden a diario, al menos, 150 mil personas, entre vendedores y visitantes. Es una zona compleja, dividida por la avenida 14 del casco central, que distingue al Mercado Periférico del centro comercial Plaza Lago y Las Pulgas. La cantidad de veredas y callejuelas di cultan un procedimiento.

Dentro de esos vericuetos han actuado los cuerpos de seguridad, y aún así, los fármacos se venden sin récipe médico. 

Sin efecto

La venta de medicinas sin Registro Sanitario es una actividad irregular que en Las Pulgas se hace a la vista de todos: una evidencia es el muchacho indígena, que para el momento del café vespertino de los dos oficiales, maniobraba para lograr las ventas del día. Ofrecía Coraspirina, Tegretol y anticonceptivos sin tapujo, como si ostentara un permiso sellado por el Ministerio de Salud.

Giovanny Villalobos asegura que esta actividad tiene conexión con el hurto de materiales médicos en la red hospitalaria pública, especialmente en el Hospital Chiquinquirá y el Universitario. Sus cálculos apuntan a que gracias a procedimientos frecuentes, la extracción de medicinas e insumos médicos ha disminuido 95%. 

De igual modo todo lo robado termina en Las Pulgas. En las mesas se exhiben desde jeringas, gasas y guantes hasta antidepresivos, antihipetensivos y antibióticos.

Todo a precios que triplican los del mercado legal. Si una caja de Bral cuesta mil bolívares, en Las Pulgas cada blíster se vende por tres mil. Y cada píldora, 300.

El general Carlos Rafael Suárez Medina, jefe de la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI) Zulia, aclara que cada operativo desarrollado en el mercado se hace en mancomunidad.

Aún así, es imposible tener un policía en cada mesa porque tienen la responsabilidad de resguardar 21 municipios y más de 100 parroquias. La última vez que hubo operativo, trabajaron casi 10 mil efectivos.

La instrucción fue que cuanta mesa hubiera con medicamentos debía ser acabada, exterminada, como termita en madera.

El muchacho indígena sabe que todos los esfuerzos del Estado en Las Pulgas, por muy agresivos que sean, son infructuosos. De lo contrario, no habría podido dirigirse a sus colegas libremente, con la venia de los dos oficiales que tomaban café.

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