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Apagones merman ventas y productividad de comerciantes maracaiberos

Maracaibo no volvió a ser la misma desde marzo. La vida comercial de la ciudad se sigue paralizando poco a poco y los escasos negociantes que continúan activos se las ingenian a diario para seguir

En una mesita plástica llena de panes y chupetas reposan las esperanzas de Laura Mogollón de llevar el sustento diario para su familia. Su pequeño negocio informal está en la estación Altos de la Vanega del Metro de Maracaibo pero la multitud de personas que por allí transita a diario no es suficiente.

Al igual que miles de zulianos su vida cambió desde el 7 de marzo, cuando el primer apagón general no le permitió congelar las decenas de tetas que colmaban su refrigerador.

Según Juan Pablo Olalquiaga, expresidente de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), el 96 % de las empresas venezolanas paralizó o disminuyó su producción en el primer trimestre de 2019 debido a los apagones y la escasez de gasolina. Pero la crítica situación también aplica para el comercio informal ligado a los productos refrigerados.

Los resultados de las ventas de Mogollón eran fructíferos. A diario, vendía hasta tres cavas de anime llenas de las conocidas bolsitas de plástico con jugo de frutas naturales congelado que gustan tanto a los marabinos, por refrescar en medio de las altas temperaturas.

Laura, madre de dos niños pequeños, salía de su residencia, ubicada en la Circunvalación 3, y caminaba hasta el Metro para vender las deliciosas tetas de mango con trocitos de piña entre 1.000 y 1.500 bolívares. Regresaba a casa con efectivo suficiente para comprar alimentos y cumplir con los gastos diarios.

Recuerda su “productivo negocio” con añoranza y lamenta que los apagones la hayan “obligado” a cambiar su rutina comercial. Considera que es una condena que Maracaibo, la segunda ciudad más importante del país, aún padezca las consecuencias del deterioro del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sin miras a una mejora.

Cambio de 180 grados

Me ha tocado vender panes, que compro al mayor en una panadería, y chupetas. No pude hacer más tetas porque es imposible congelarlas por los cortes eléctricos (…) Todos los días hacía decenas de tetas con jugo de mango, eran muy sabrosas y a todos les gustaban, rememora Mogollón.

Lamenta no tener los mismos ingresos que antes, pues alega que las ventas “han bajado muchísimo” y si no logra vender todos los panes “representa una pérdida porque si se ponen duros nos lo tenemos que comer en casa. Mi vida dio un giro de 180 grados”.

Maracaibo no volvió a ser la misma desde marzo. Pese a sufrir la crisis eléctrica desde diciembre de 2017, la cotidianidad se terminó de esfumar en los últimos tres meses. Todavía los trabajadores informales tratan de adaptarse, buscando otras formas de subsistir.

Mariela Hernández vendía queso al detal y, aunque aceptaba transferencias, lo hacía también para conseguir algo de efectivo que le permitiera pagar el transporte público. En medio de uno de los extensos apagones, la mercancía que tenía en su nevera comenzó a descomponerse.

Los últimos kilos de queso tuvimos que comérnoslos en la casa porque así no podía venderlo. Decidí  no seguir con la venta porque con tantos cortes de luz es imposible mantener refrigerada la comida, cuenta.

Una experiencia similar es la de Roberta Núñez, quien expendía hielo para tener un ingreso y colaborar con los gastos del hogar. La marabina denuncia que la zona oeste de Maracaibo, donde reside, es una de las más afectadas con los racionamientos.

“Es imposible que el agua se congele. Pasamos demasiadas horas sin electricidad y el tiempo apenas alcanza para refrigerar el agua. No pude seguir con mi pequeño negocio y ahora no conseguimos hielo en ningún lugar de la comunidad”, cuestiona.

Pesadilla interminable

El esquema de racionamiento de 6×6, aplicado por el Gobierno regional, es la pesadilla de Gustavo Solís, socio de una panadería. En su negocio llega la electricidad a las 2:00 de la madrugada y es a esa hora cuando debe levantarse a producir la mercancía que venderá al mayor y al detal: Son más de 1.000 panes los que debe hacer con la ayuda de tres trabajadores.

El comerciante ha tenido que cambiar su estilo de vida totalmente. Los cuatro terminan su labor cerca de las 7:00 de la mañana, a tan solo una hora que se vuelva a ir la electricidad.

De allí, descansar es lo último que hace, pues las diligencias diarias llenan su agenda. Su día termina “aparentemente” a las 8:00 de la noche, cuando baja la santamaría y trata de descansar entre calor y zancudos.

Mis amigos me dicen que parezco un zombie. No tengo descanso pero es lo que tengo que hacer para no abandonar lo que tanto me costó tener. Aún trato de adaptarme pero es imposible. Ruego que esta pesadilla termine ya, comenta Gustavo.

Mientras los marabinos padecen los embates de la interminable crisis energética, las autoridades siguen sin ofrecer soluciones concretas. El último anuncio fue hecho por el secretario de Gobierno, Lisandro Cabello, el pasado 3 de junio, cuando aseguró que desde el SEN procedente del Guri, el Zulia recibe 900 megavatios «y se nota la mejoría» en el servicio, aunque aun no se refleja en la realidad.

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