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Abuelitos piden ayuda para mantener fundación

El Chavo y Kiko nos dejaron, solo contamos con el Profesor Jirafales para hacer nuestra parodia. Así recordó María Vílchez a sus compañeros de veladas mañaneras y actos culturales. “No quiero olvidarlos y por eso me acuerdo de sus ocurrencias y sus carcajadas cuando hacíamos el Chavo del 8”. Y es que a pesar de la tristeza de ver la partida de un amigo, estos viejitos se sostienen de cualquier ápice de esperanza y alegría para hacer la vida más llevadera.

Ellos cuentan las horas para que llegue el siguiente día y poder acudir al encuentro y la tertulia con sus compañeros de 17 años. No tienen lujos, ni comodidades, solo un entusiasmo envidiable y unas ganas de vivir conmovedoras. Así son los abuelos de la fundación “Sueños de Antaño”, organización sin fines de lucro que sigue a flote a pesar de las adversidades y los embates propios de las carencias económicas.

Unos 173 adultos mayores integran este club. La sensibilidad de una humilde costurera hizo que un remoto sueño se materializara y hoy, después de infinitos traspiés cuentan con un lugar de encuentro, risas y trabajo. Treinta y seis abuelos ya no están, partieron a mejor vida, pero con la fiel convicción que los que quedaron cumplirán con las metas trazadas.

Virginia Iglesias es la fundadora. Desde muy joven tuvo la necesidad de Virginia Iglesias es la fundadora. Desde muy joven tuvo la necesidad de ayudar a los más necesitados. En las calles de su comunidad, en el barrio Juan Pablo Segundo, de San Francisco programaba juegos y actividades con los chamos; pero en ese trajinar sus alarmas se prendieron al ver a los abuelitos arrinconados, atemorizados y entristecidos. Eso bastó para iniciar su labor social con los ancianos.

En esa oportunidad comenzó con 80 abuelos; unos animados, otros incrédulos, pero todos la siguieron. No fue fácil contó Virginia. “Nos reuníamos en la calle, otras veces en las casas de algunos familiares comprometidos con la causa”. Sin embargo, la realidad apuntaba a la búsqueda de un lugar para congregarse.

Perseverancia

Los abuelos y Virginia seguían al alcalde de la época Saady Bijani, a todos lados, pero no lograban una respuesta afirmativa. A la par continuaban con sus actividades de manualidades, ejercicios, baile, y gastronomía. Por muchos años contaron con la directiva de la escuela “Adam Sthormes”, la cual prestaba sus instalaciones mientras no había actividad escolar.

“Allí realizamos por muchos años cosas hermosas y aplaudidas por la comunidad. Pero era tiempo de continuar nuestra lucha inicial. Nunca desvanecimos”, recordó.

En una de esas fiestas carnestolendas de finales de los 90, uno de los abuelos no perdió oportunidad para pedirle a Bijani que les hiciera realidad el sueño, éste no le respondió, pero cuán grande fue la sorpresa de todos cuando al dirigirse a los presentes, el burgomaestre anunció la entrega en comodato de 20 años de un terreno en el mismo sector donde hacían vida.

“Esa fue la noticia más hermosa que recibimos, brincamos, y lloramos de alegría; al fin teníamos nuestro lugar, nuestro rinconcito”, rememoró la mujer.

Carencias

El lugar es humilde, pero se respira una tranquilidad y alegría indescriptible. Allí, los abuelos se encuentran a partir de las 8:00 de la mañana; anteriormente, asistían la mayoría, ahora, por los altos costos de los pasajes y en otros casos la imposibilidad física, ha mermado la presencia de muchos.

Antes tomaban café y hasta un desayuno se podía ofrecer, en la actualidad deben hacer recolectas para poder comprar algún alimento o enser necesario para el mantenimiento de la casa. Al caer el mediodía los ancianos deben retirarse porque no cuentan con un comedor.

Con todos los percances, estos personajes no dudan en asistir, así sea para hablar de sus penurias, anécdotas, recuerdos. El conversar los hace olvidar.

Logros

Una de las fundadoras es Lila Morales, de 75 años. Ella tiene un entusiasmo increíble. La fe es su mayor fortaleza, y el baile su mejor carta. Es la bailarina del grupo, al igual que otras, pero esta al solo escuchar la melodía guapachosa, sale sin repicar.

Al ver las cualidades de los abuelos en “echar un píe”, Virginia creó la agrupación de danza “La tercera edad”, que les ha dado muchas satisfacciones, ya que los bailarines han participado en innumerables eventos de carácter local, regional y hasta nacional.

Expectativas

A pesar de no contar con la ayuda de los organismos públicos y privados, los abuelos han podido salir a flote. Sin embargo, no se las han visto fácil, la necesidad crece y buscan el auxilio de gente buena de corazón, para continuar con sus sueños.

La donación de alimentos sería una buena opción, ya que muchos de estos no cuentan con la pensión de vejez, y viven de las dádivas de sus familiares.

Otro de los anhelos de Virginia, aunque sabe que “soñar no cuesta nada”, es un autobús para poder trasladar a sus pupilos. “A veces no pueden asistir porque no tienen quien los traiga. Muchos se quedan vestiditos con las ganas de encontrarse con sus amigos”.

El venidero mes de noviembre la fundación arribará a sus 17 años, y preparan un sinfín de sorpresas y actividades para deleitar a los abuelos, sus familiares, visitantes y la comunidad del barrio Juan Pablo Segundo, del municipio San Francisco.

 

 

 

 

 

 

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