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Abigail Cárdenas, una niña ambientalista que sueña con un mejor planeta

La niña zuliana promueve en sus redes sociales el cuidado del medio ambiente y de los animales. Participa como colaboradora de organizaciones ecologistas como Mapache Ecoaventura y Fitlosophy Life

Aún no sabe qué quiere ser de grande. De lo que sí está segura es que quiere tener muchísimos más animales y seguir siendo una fiel luchadora de la protección del medio ambiente. Así lo afirma Abigail Cárdenas, una pequeña marabina amante y defensora de la naturaleza que lleva en sus venas esa pasión infinita por crear un mejor planeta, con una humanidad más sensible.

Con tan solo 10 años recién cumplidos, ya tiene 10 gallinas, un conejillo de indias que llama Totoro, la cabra Chirimoya, dos cerdas vietnamitas, Maya y Karin, y su perrita Dona. “Uno les debe dedicar mucho tiempo a los animales”, asegura, haciendo una mención especial a una de sus cerditas.

A Maya hay que sobarle la panza todos los días, las mañanas y las tardes, porque a ella le encanta mucho, se relaja. A mi cobayito también lo acaricio. Mi tiempo libre trato de pasarlo con ellos”, dice la pequeña durante una visita a Versión Final.

Pero su cariño por los animales, que afloró en ella desde bebé, no es lo único que la caracteriza. Con un espíritu optimista e incansable, la ecologista sueña con un mundo sin desechos plásticos en los mares y sin uso de químicos en las tierras.

Se crió en medio de la agricultura familiar, en un ambiente agroecológico que viene de sus abuelos. Ya la chiquita, junto con sus padres Ambellyi Moreno e Ibrahim Cárdenas, iniciaron en su conuco familiar, ubicado al Oeste de Maracaibo, la eliminación de sustancias tóxicas en las siembras.

La pequeña familia tiene sembradíos de yuca, frijol y lechosa, lo que les permite producir sus propios alimentos. Uno de los proyectos de Abigail, en un futuro cercano, es que cada núcleo familiar de la capital zuliana tenga un conuco en casa, “que las personas puedan tener su independencia alimenticia”.

“Me gustaría que empiecen con su conuquito para poder alimentarse de eso, es algo maravilloso ver las plantas florecer y esperar a que luego nazca el fruto”, explica.

 

En su cuenta de Instagram @abigailnaturalis ofrece tutoriales para mejorar las cosechas. Recuerda que esos videos le permitieron ganar este año un premio de Periodismo Alternativo, otorgado por la Alcaldía de Maracaibo.

También poseen plantas medicinales, como la cúrcuma, y ornamentales, como kalanchoes, “muy buenas para la inflamación y el dolor”. El resto es para la alimentación de los animales, como moringa, yatago y pasto Cuba 22.

“Cuiden a los sapos”

La pequeña ambientalista precisa que siempre ha buscado animales que “se adapten a mis condiciones”, es decir, a un espacio rural.

Los ama a todos pero tiene un afecto especial hacia Maya. “Amo a esa cerdita”, expresa. Cuenta que la encontró en un sitio de ventas por Internet. “Me llamó mucho la atención. Dije: ‘wau, esos cerdos están gordos’. A mí me gustan esos animales gorditos”.

El acuerdo para la compra fue el intercambio de un cabrito por la cochinita, que ahora tiene 15 meses y está embarazada. Pero la historia de cómo tuvo las gallinas es más asombrosa.

Su padre decidió comprar una gallina que, a los meses, puso unos huevos fértiles. A Abigail se le ocurrió la idea de incubarlos. Junto con Ibrahim hicieron una incubadora artesanal y, luego de varias pruebas, lograron sacar unos 11 pollitos.

Su progenitor, añade, “es muy inventor, hace muchas máquinas y crea cosas nuevas”.

Ahora la defensora de los animales quiere tener un avestruz y un pato. “Son muy lindos”, alega. También siente un desenfrenado amor por los sapos aunque lamenta que las personas los “acribillen”.

 

“Años atrás tenía un equipo para agarrar los sapos e identificarlos, cuando no estaban tan extintos. Los agarraba y veía si tenían las patas, por debajo de la axila, naranjas y esos eran los que me gustaban más. Solamente me dedicaba a verlos y luego los soltaba, son muy tiernos”, rememora con una sonrisa en su rostro.

“Un mensaje que envía Abigail: no usen más químicos ni plásticos y tengan bastantes sapos, cuídenlos”, añade como recomendación.

 

Todavía tiene presente el caso de la tortuga Caretta Caretta que llegó a orillas del Lago de Maracaibo y murió por la gran cantidad de plástico en su estómago. “Desde allí me sensibilicé y decidí que debo ayudar a la construcción de un mejor medio ambiente”, argumenta.

No al tráfico de especies

Abigail asegura tener la “agenda muy apretada”. Entre la atención que le dedica a sus animales y su colaboración en el conuco familiar, estudia quinto grado en la Unidad Educativa San José de la Montaña.

Además, apoya a varias organizaciones como Mapache Ecoaventura, Fitlosophy Life, Misión Nevado, en actividades como rescates, liberaciones o alguna excursión. Es muy cercana al profesor y biólogo Lenin Parra, quien le ha enseñado muchas de las cosas que sabe.

“Trato de hacer lo más importante de mi trabajo y después me pongo a hacer las tareas, que son bastantes, por cierto”, manifiesta la dulce marabina.

La chica cuenta que, tras su experiencia como activista, aprendió a no tener animales silvestres en cautiverio. Y es una de las premisas que impulsa, con mucho énfasis, en sus redes sociales y en cualquier lugar que visita.

“Teniendo animales exóticos como mascota estamos apoyando el tráfico ilegal de especies. Ellos van a querer su libertad y pueden hacernos daño”, explica. Este dato ella no lo conocía cuando tenía cerca de 5 añitos y quiso tener a una iguana, que llamó Juana, como mascota.

Se la encontró en el bosque, comenta, y le amarró de la patita una cuerda. “Ay, no sé por qué hice eso”, admite entre risas. Fue el profesor Parra quien le advirtió que no era recomendable esa práctica.

“La liberé en el bosque, me dio tristeza, pero sabía que era algo que tenía que hacer”, refiere Abigail.

 

Tiempo después, señala, su abuelo consiguió un lorito y ella lo cuidó por un tiempo, pero también era un ave exótica.

“Estuve investigando y descubrí cómo saberlo. Tuve que tocarlo por la pelvis y verificar cómo tienen los huesitos de allí. Resulta que era hembra y la llamé Lazarita. Hasta que un día se fue y no volvió más. Estaba un poquito triste pero me sentí muy feliz porque merece estar libre y socializar también”, menciona, luego de dar una explicación gráfica sobre cómo saber el sexo de un pájaro.

Defensora de las abejas

Abigail ama las abejas y es una fiel protectora de estos insectos. “Las amo porque sin ellas no hubiese alimentos, pues se dedican a polinizar las plantas. Si esto no pasara no hubiese frutos, y sin frutos qué comeríamos. Ni los animales comerían”, sostiene.

Lamenta que la sociedad no las cuide e, incluso, las mate con químicos o con cualquier otro método. “Es algo que no tiene sentido. Las abejas no te harán daño si tú no te metes con ellas. Al contrario, te harán un bien si las dejas tranquilas”, indica, y hace un llamado a su conservación.

Asimismo, unos meses atrás inició el proyecto del ecobloque, por iniciativa de Parra y organizaciones ambientalistas, como como La Papelera Tiene Hambre. “Es demasiado útil”, dice.

 

Consiste en rellenar una botella de refresco con bolsas de plástico, tela, y cualquier otro producto que no se degrade con facilidad. Cuando ya no se pueda rellenar más, ya está lista.

Con ellas puedes decorar, fabricar bancos, casas y cercas, expone la niña. “Le he propuesto al colegio una opción para poder realizar esos ecobloques porque es mejor iniciarlos desde la escuela”, define.

 

Libros, “una fuente de información gratis”

La pequeña risueña asegura que las redes sociales son un instrumento que debe usarse con responsabilidad. Por ello, desde que inició la pandemia de Covid-19, decidió abrir su cuenta en Instagram y postear videos educativos.

“Quiero transmitir a las personas que reduzcan el uso de plástico, de químicos, y también que no se pueden tener animales silvestres como mascotas”, reitera.

En los audiovisuales habla sobre sus animales y las especies con las que ha tenido contacto. De cada una de ellas da una clase magistral y aporta datos para enseñar a sus seguidores. A la par, tiene una sección de radio llamada “Ecotips”, por el programa Chamos Al Aire de la emisora Metrópolis.

Abigail ha adquirido todos sus conocimientos de libros que sus padres le han regalado. Aprendió a leer a los 3 añitos porque, dice, estaba muy ansiosa por aprender. “Todo lo que sé es por la lectura, tengo muchísimos libros de plantas, de animales, de sapos (uno de mis animales favoritos)”, refuta.

Cuando aprendí a leer pude conocer toda esa. Es como una fuente de información gratis”, analiza.

 

Hace especial hincapié en dejar el uso de químicos en las tierras, pues desequilibran el ecosistema y puede ocasionar enfermedades en los humanos, como cáncer. Como alternativa, utiliza para su conuco el agua de un pozo donde tiene a unos cuantos peces, pues goza de “gran cantidad de nitrógeno y pone las plantas muy fuertes”.

Esta especial niña espera que cada día más personas se sensibilicen con el medio ambiente porque “es el único planeta que tenemos para vivir”.

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